Superman: la película

Aunque no fue la primera adaptación de este icono popular a la gran pantalla, Superman: la película (Richard Donner, 1978) sí que fue pionera al convertirse en el primer largometraje de superhéroes concebido para devorar las multisalas, para explotar al límite su filón comercial. Algo totalmente lícito, máxime cuando la propuesta no se deja contaminar por el espíritu de ninguna franquicia rodada hasta la fecha, más allá de unos títulos de crédito en clara sintonía con los de La guerra de las galaxias. Episodio IV. Una nueva esperanza (Josh Lucas, 1977) o el carácter eminentemente épico de su banda sonora, obra de John Williams. En Superman: la película todo huele a fresco, a original, a auténtico, todo lo contrario a la última entrega del personaje de la DC Cómics, El hombre de acero (Zack Snyder, 2013), donde todo queda impostado y artificioso. Con un holgado presupuesto de 55 millones de dólares -muy superior a lo que se manejaba en la época-, Donner abrió la veda, quizá sin pretenderlo, a la edad de oro actual del cine de superhéroes, además de sentar muchas de las bases del cine de ciencia ficción. 

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El hombre de acero

Desde que en 1948 se estrenara Superman (Spencer Gordon Bennet & Thomas Carr), primera adaptación del famoso superhéroe en cine a través de un serial de 15 episodios, el séptimo arte ha ido alumbrando -con más desgracia que fortuna- numerosas criaturas que tomasen como referencia al personaje que el guionista Jerry Siegel y el ilustrador Joe Shuster parieron en 1938 en el nº1 de Action Cómics. Décadas después, Superman: la película (Richard Donner, 1978) se convertía en el film que, a día de hoy, sigue ostentando el trono de la mejor adaptación del héroe jamás filmada.  Ni sus sucesivas secuelas -a excepción de la segunda, en la que Christopher Reeve terminaría consagrado de por vida por este papel-, ni las posteriores re-escrituras del personaje han estado a la altura. El último en sumarse a la lista ha sido El hombre de acero (Zack Snyder, 2013), un fiasco que duele especialmente por sus colosales dimensiones: 225 millones de dólares -la entrega más cara de la serie- y una campaña de marketing -en la que, incluso, se llegó a comparar al hombre de los calzones rojos con Jesucristo- tan espectacular y pretenciosa como la propia película.

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Los vengadores

No es casualidad que hayamos tenido que esperar hasta el 2012 para que Los vengadores (Joss Whedon), uno de los sellos emblema de la Marvel, tuviesen su adaptación cinematográfica. Este hecho se debe a dos motivos fundamentales: por un lado, el elevado presupuesto que exigía una película de estas características si el resultado aspirase a ser mínimamente digno -donde, recordemos, era necesaria recrear no a uno, sino a seis superhéroes diferentes, todo acompañado de sus secuencias de acción pertinentes-; y, por otro, y esta es la razón clave, por la decisión de la mítica editorial de cómics estadounidense de que el público -especialmente para los que no eran seguidores de la saga- se familiarizase con esta media docena de personajes, para lo cual era recomendable ofrecer primero las adaptaciones individuales de muchos de ellos, como es el caso de Iron Man, Hulk, Thor o El Capitán América. Y, sin duda, la jugada le ha salido perfecta: este saludable ejercicio de puro entretenimiento llamado Los Vengadores consigue, respetando un material de partida por el que demuestra máxima lealtad y cariño (¡por fin!), dar vida a unos personajes que han marcado la generación de gran parte del público, satisfaciendo así tanto a los fieles de la saga como a los recién llegados. Para prueba, las cifras: estamos ante la película de superhéroes más cara -210 millones de €- y más taquillera de la historia. Sigue leyendo

El caballero oscuro

Christopher Nolan dilapidó el concepto de que segundas partes nunca fueron buenas y, manteniendo la frescura y duplicando el efecto sorpresa de Batman Begins (2005), primera parte de su trilogía sobre el hombre murciélago, sorprendió a propios y extraños con El caballero oscuro (2008). Con el mismo plantel de actores –a excepción de Katie Holmes, que fue reemplazada por Erica Edwards en el papel de Rachel Dawes, el amor de Batman– y la misma dosis de energía con la que afrontó el primer proyecto de la saga, Nolan da continuación a su adulta mirada al mítico personaje. El resultado es una película mucho más compleja, más extensa en todos los sentidos, donde el director volvió a reafirmar a Batman como lo que es: un símbolo del Bien que representa los valores más puros del ser humano. Con un villano de excepción, el Joker (excepcional Heath Ledger en una interpretación por la que recibió un Oscar póstumo), la película no cae en el mismo error que Tim Burton, que dedicó más secuencias al archiconocido enemigo del justiciero de la noche, entonces interpretado por Jack Nicholson, que al propio héroe. Nolan sigue empeñado en desentrañar y adentrarse en el comportamiento humano y filosófico de su rol principal, aunque aquí se muestre más interesado en rematar la propia identidad del personaje que en indagar en unos orígenes que ya quedaron explicados en la primera parte de la saga; para ello, además de coescribir la historia, contó con un presupuesto de unos bien aprovechados 180 millones de dólares que le permitieron dotar a su proyecto de una impecable realización, unos espectaculares escenarios y, en resumen, una calidad artística prácticamente impensable en el cine de superhéroes hace una década. Un arsenal de virtudes que se vio recompensado, además de por su posición en lo más alto de las películas más taquilleras de la historia, con un total de 8 nominaciones a los Oscar.

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Batman begins

Debería ser una norma a seguir que una película o cualquier otra pieza audiovisual respetase, aunque sea mínimamente y con el permiso de concederse alguna que otra licencia narrativa, el material original en el que se basa. Esto es, respetar el espíritu de la misma. En el caso de Batman Begins (Christopher Nolan, 2005), el director no sólo consigue trasladar de forma fidedigna y con suma coherencia la esencia de los cómics creados por Frank Miller y Bob Kane a la gran pantalla, sino que además hace olvidar esos despropósitos realizados por Joel SchumacherBatman forever (….) y Barman & Robin (1997)-que, cegados por su esencia de cine palomitero, se mantuvieron a años luz de la profundidad y razón de ser del hombre murciélago, desaprovechando el potentísimo texto original. El Batman de Nolan no deja de ser un personaje ficticio –es, de hecho, el máximo exponente de la DC Cómics, lo que a su rival la Marvel viene a ser Spiderman-, pero se deja de lado esa continua pretensión del todo vale propia del cine destinado a contentar a las masas para ofrecernos el complejo retrato de un héroe realista, de carne hueso, profundamente humano, capaz de demostrar en los 140 minutos de película que es tan imperfecto como el más simple de los mortales. En definitiva, un personaje creíble; tanto, que su condición de héroe no le exime de dilemas morales y enjundiosos planteamientos.

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The Amazing Spider-Man

No era fácil embarcarse en la aventura de renacer una saga de un superhéroe tan mítico como Spider-Man, máxime cuando éste ya contaba con una extraordinaria trilogía dirigida por Sam Raimi. Pero Marc Webb arriesgó y ganó. Con The Amazing Spider-Man (2012) el director consigue uno de los blockbuster más contundentes y atípicos de los últimos años; lo primero, por su estratosférico presupuesto -200 millones de euros-, sus 136 minutos de duración y por su capacidad de quedar grabado en la retina del espectador. Lo segundo, porque se trata de una película de acción donde, precisamente, las escenas de acción no son las que más peso tienen -de hecho la primera escena entre Spider-ManEl Lagarto tiene lugar casi a la hora y media de función-, algo que, por otro lado, puede desagradar a quien esperara algo diferente. Pero Webb se mantiene fiel a la esencia de los cómics, tal y como hizo en su día Raimi; porque Spider-Man es mucho más que la lucha contra héroes y villanos. Es la historia de Peter Parker (Andrew Garfield), un adolescente de 17 años que saca buenas notas y que vive enamorado de su compañera de clase Gwen (Emma Stone), personaje que es rescatado después de que Bryce Dallas Howard lo interpretara en Spider-Man 3 (2007). Tras enfrentarse a la desaparición de sus padres, pasará a vivir con sus tíos May (Sally Field) y Ben (Martin Sheen). No obstante, su vida dará un giro radical cuando, por un lado, descubra un maletín perteneciente a su padre que le llevará a relacionarse con el peligroso Dr. Curt Connors (Rhys Ifans) y, por otro, cuando su tío Ben sea asesinado.

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