Ready Player One

Que me perdonen los incondicionales del cine de Steven Spielberg, pero su última película me ha parecido un coñazo. Con el corazón en la mano he de decir que mientras estaba disfrutando (o sufriendo, mejor dicho) Ready Player One (2018) en la sala de cine no fueron pocas las veces que me asaltó la idea de abandonar la sala -y eso es la primera vez que me pasa con un director cuyas películas han marcado mi adolescencia, juventud y, ahora, mi vida adulta-. Sí, me entraron ganas de irme no porque la película sea mala, que no lo es en absoluto, sino porque es una película que no está hecha para un espectador como yo. Hace mucho aprendí que, al igual que hay películas infames para el gran público que forman parte de mis placeres culpables, también hay películas magníficamente realizadas con las que no comulgo. Pero reconozco que son buenas películas. Es el caso de Ready Player One, largometraje número 31 en los casi 50 años de carrera del Rey Midas de Hollywood. Visualmente es brillante, los efectos especiales prodigiosos, sus escenas de acción están perfectamente coreografiadas… pero no consigo conectar con ella en ningún momento porque le falta lo más importante: alma. 

Sigue leyendo

Anuncios

Los Archivos del Pentágono

El llamado Rey Midas de Hollywood se ha ganado por méritos propios que cualquier estreno suyo en pantalla grande se convierta de forma instantánea en una cita ineludible, inexcusable. Convertido en el único director vivo que ha dirigido 11 películas nominadas en la categoría de mejor película en los Oscar, Spielberg es de esos tipos que nunca fallan. Y, cuando lo hacen, no quedan por debajo del 8 en una escala del 1 al 10, por lo que el notable lo tenemos más que garantizado. En esta ocasión, y para no perder la costumbre, el responsable de títulos tan míticos de la historia del cine como Tiburón (1975), E.T., el extraterrestre (1982) o Jurassic Park (1997), ha alumbrado una nueva obra maestra. Un 10. Una película de una perfección tan abrumadora que asusta y conmueve al mismo tiempo. Se titula Los Archivos del Pentágono y está predestinada a convertirse no sólo en uno de los títulos más emblemáticos de la filmografía de Spielberg, también en una de las cintas más importantes – y necesarias- de los últimos años.

Sigue leyendo

Jurassic World

Debería existir una regla escrita en cine que rezara que si no eres capaz de mejorar la película original, o por lo menos igualar a sus secuelas, mejor quédate quieto. No hagas nada. No mancilles el nombre de una película como Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993), un título de culto que durante tantos años ha hecho y sigue haciendo soñar a toda una generación. Esto es justo lo que ha hecho Colin Trevorrow con Jurrasic World (2015), la cuarta entrega de una saga que certifica lo que todos sospechábamos viendo la decepcionante tercera entrega: la fórmula está agotada. Muchos defensores de este nuevo capítulo jurásico esgriminarán que Jurassic World contiene los mejores efectos especiales de la serie y que el diseño de los dinosaurios es, sencillamente, brutal. Razón no les falta. Pero olvidan lo más importante: a un servidor no le sirve de nada que se empleen todos los avances tecnológicos en una película si éstos no están respaldados por un buen guión, por una buena historia, por un relato que haga tenernos ensimismados de principio a fin, que nos haga sufrir, amar, llorar, gozar, excitarnos, asustarnos. Nada de eso ocurre. Y éste es el garrafal error de esta secuela tan vacía como el interior de un globo: la total ausencia de algo que contar.

jurassic-world-super-bowl-trailer-1

Sigue leyendo

Tiburón

Si bien había ya orquestado las muy estimables El diablo sobre ruedas (1971) o Loca evasión (1974), la película por la que Steven Spielberg se doctoró (y con nota) en Hollywood fue Tiburón (1975), el primer blockbuster de su fulgurante carrera. La que fue la cinta más taquillera de todos los tiempos -hasta que La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) le arrebató el trono-, permitió que el semidesconocido director pasase a ostentar el trono del Rey Midas del cine americano. Con tan sólo 27 años, Spielberg da toda una lección de cinematografía por la que consigue uno de los films más terroríficos jamás filmados y una de las más rotundas expresiones del cine como fenómeno social, al menguar el sueño turístico de medio mundo atemorizado por la amenaza de un posible y hambriento escualo en el mar. La acción tiene lugar en un pequeño pueblo costero del Este de los Estados Unidos, donde un tiburón ha empezado a sembrar el pánico entre los veraneantes. El jefe de policía Martin Brody (Roy Scheider) aliará sus fuerzas con un reputado ictiólogo y un experimentado cazador marino para acabar con la vida de un carnívoro indiscriminado que ha puesto en jaque a la hasta ahora apacible localidad.

jaws

Sigue leyendo

Lincoln

Habrá quien se pregunte qué necesidad tenía un director como Steven Spielberg en rodar una película tan densa, arriesgada y tan poco comercial como Lincoln (2012). Sin embargo, quien se haya embarcado en esta apasionada radiografía de uno de los presidentes más importantes de los Estados Unidos de América, sabrán la respuesta. Estamos ante una de esos largometrajes necesarios que, de cuando en cuando, nos regala un director que se mueve con inusitada soltura entre el blockbuster de calidad y las Lecciones de Historia: Lincoln emerge con fuerza dentro del segundo grupo, esa liga en la que juegan al mismo nivel Salvar al soldado Ryan (1998), La lista de Schindler (1993) o Munich (2005). Pero, ¿qué convierte al nuevo largometraje del estadounidense en algo imprescindible? Ante todo, el compromiso -ético y argumental: la fidelidad histórica es máxima- bajo el que están narrados los hechos; no es difícil intuir tras las cámaras a un Spielberg entusiasmado, absolutamente entregado con una propuesta que ha tardado en materializarse más de diez años, como si elaborar un retrato del Presidente que abolió la esclavitud, erradicó la servidumbre involuntaria y puso fin a la Guerra Civil Americana fuese casi una necesidad vital. 

Lincoln-teaser-trailer1 Sigue leyendo

Los Goonies

Título emblemático de los 80 y una de las más míticas cintas de aventuras jamás rodadas, Los Goonies (Richard Donner, 1985) marcaron a toda esa generación de espectadores que, alguna vez, soñaron con embarcarse en una aventura rumbo a lo desconocido o partir a la búsqueda de un tesoro. A pesar de que no es el director, ni tan siquiera el guionista -tarea que recae sobre Chris Columbus, otra figura de primera línea en cuanto a cine familiar se refiere, artífice de films como Sólo en casa 1 (1990) y su secuela (1992), o Señora Doubtfire, papá de por vida (1993)- no cabe duda que el alma máter de Los Goonies es un inspirado Steven Spielberg, responsable de la idea original. La influencia del Rey Midas de Hollywood es palpable ya desde el planteamiento inicial de la obra: un grupo de niños que, tras encontrar el mapa de un tesoro en el desván de la casa de uno de ellos, decide ir a investigarlo. A partir de aquí, las referencias más o menos explícitas a títulos de su filmografía –Indiana Jones y el templo maldito (1984), E.T.,el extraterrestre (1982)- es constante. Pero donde más se nota la mano de Spielberg es en lo hábil que resulta la cinta a la hora de entremezclar sentimientos tan políticamente correctos, aptos para todos los públicos y llenos de buenas intenciones como la lealtad, la amistad y el compañerismo, rematados por un desenlace en el que la familia vuelve a erigirse como uno de los pilares más vitales de la sociedad (“lo importante es que volvemos a estar todos juntos y eso nos convierte en las personas más ricas de Astoria”, ilustra uno de los personajes en la conclusión de la trama), como ya sucediese en Poltergeist (Tobe Hooper, 1982), otra cinta en el que el responsable Tiburón (1975) tenía incluso más peso que el propio director.

Sigue leyendo

El diablo sobre ruedas

Antes de que Steven Spielberg aterrorizara a los bañistas de medio mundo con Tiburón (1975), resucitase a los dinosaurios en Jurassic Park (1993) o nos enfrentase a una invasión alienígena en la incomprendida La guerra de los mundos (2005), el realizador firmó El diablo sobre ruedas (1971), una opera prima con la que provocó el pánico -literal- en los conductores de toda América. En la que fue su carta de presentación al mundo -y el comienzo de una fulgurante carrera cinematográfica- Spielberg empezó a jugar con los miedos más primarios del ser humano, marcando algunas de las señas de identidad en las que más tarde se sustentaría su cine como esa permanente la lucha entre el bien y el mal. El director logra pararnos el corazón con una historia simple -pero solvente y eficaz a la vez- que tiene como protagonista a un padre de familia, David (Dennis Weaver), que se dirige, en coche, a una entrevista de trabajo a través de las áridas carreteras de California. Con lo que no cuenta es que un viejo camión cisterna se interpondrá en su camino…convirtiendo el viaje en su peor pesadilla. 

Sigue leyendo