Mi querida cofradía

Me resulta especialmente gratificante comprobar cómo en los últimos años el cine español ha ido incorporando a sus filas a múltiples mujeres directoras; talento con sello femenino que, sin duda, ha regenerado nuestra cinematografía aportando aire fresco y una mirada totalmente renovada. La lista sería considerable, pero basta con citar nombres como el de Paula Ortiz, Nely Reguera, Leticia Dolera, Carla Simón, Andrea Jaurrieta… para dar buena cuenta de que -por si alguien todavía lo dudaba- en materia de talento hombres y mujeres están a la par. Desgraciadamente el campo de la dirección de cine no ha sido ajeno a la brecha histórica entre ambos sexos, aunque el hecho de que con el tiempo la balanza se vaya equilibrando es una noticia esperanzadora. Marta Díaz es la última en engrosar la lista de directoras que, tras varios cortos a sus espaldas, han decidido lanzarse al mundo del largometraje. Y lo cierto es que la opera prima de Díaz, que rodó recién graduada en la ESCAC, es una película excelente. Un producto digno, bien acabado y mejor planteado. Con referentes como Berlanga o Pedro Almodóvar -especialmente de su película Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)-, Díaz alumbra un trabajo costumbrista y lleno de situaciones memorables.

El epicentro de la trama, que se desarrolla en plena Semana Santa andaluza, es el personaje de Carmen (Gloria Muñoz), una mujer cuyo sueño es ser la hermana mayor de su cofradía, aunque es consciente que históricamente ese ha sido un terreno masculino. Por eso, cuando el elegido es Ignacio (Juan Gea), su máximo rival, la mujer no aceptará su derrota y estará dispuesto a cualquier cosa, incluso en dejarlo inconsciente y esconder su cuerpo en su propia casa. Aunque la idea en sí no sea un alarde de originalidad -ahí tenemos lo que hizo Paco León en la imprescindible Carmina y amén (2014)-, la película se desmarca de sus referentes porque tiene entidad propia y el sello de una autora que retrata la Semana Santa con un profundo respeto al tiempo que plantea algunos aspectos que tienen que cambiar, como por ejemplo unas normas añejas y obsoletas que siempre han sido impuestas por hombres. Conseguir este equilibrio no es fácil y Marta Díaz lo hace con una naturalidad pasmosa, algo que revela que no es una directora al uso. Al mismo tiempo sorprende la puesta en escena elegante y funcional, así como la extraordinaria dirección de actores. O de actrices, porque la gran mayoría del reparto es femenino. Díaz consigue reunir a un elenco de actrices secundarias que son la envidia para cualquier director: Rosario Pardo, Carmen Flores o Rocío Molina hacen una labor magnífica, aunque si hay una que llama especialmente la atención es Pepa Aniorte: en cuanto la actriz murciana entra en escena la película crece como la espuma; su energía arrolladora y sus impagables líneas de guión hacen que el film despegue definitivamente. 

Pero, evidentemente, si hay una actriz que destaca por encima del resto es su protagonista, una Gloria Muñoz soberbia. Ganadora del premio a la mejor actriz secundaria en el Festival de Málaga -donde la película se alzó también con el Premio del Público-, Muñoz encaja como anillo al dedo en un papel más complejo de lo que parece, porque debe mezclar comicidad con tradición y, al mismo tiempo, la firme defensa de sus ideales acordes a los nuevos tiempos. Película costumbrista y de situación, lo único reprochable en este trabajo de 90 minutos muy bien condensados es que no se entregue por completo a la locura más absoluta: torrijas, desmayos, pastillas, procesiones, tres generaciones de mujeres dispuestas a todo… Mi querida cofradía contaba con todos los elementos para hacer del espectáculo algo grandioso y se conforma con ser una película divertida, e incluso caótica por momentos, pero siempre aferrada al listón de lo políticamente correcto. Tengo interés en ver como evoluciona el cine de la directora y si en sucesivos trabajos es capaz de entregarse un poco más al desparrame, a las ganas de incomodar. Las muchas virtudes de la película -cast brillante, diálogos afiladísimos, buena banda sonora- no consiguen que dejemos de preguntarnos el peliculón que hubiese salido si Díaz hubiera llegado mucho más lejos. 

Con todo, la película es un conglomerado de personajes entrañables -tan entrañables como la película en sí-, situaciones que logran arrancar más de una carcajada y un empaque técnico nada desdeñable. Respaldada por dos pesos pesados como TVE y Movistar +, Mi querida cofradía es uno de esos trabajos optimistas que te alegran la tarde y te hacen salir del cine con una sonrisa, incluso con la firme convicción de que las cosas injustas se pueden cambiar. Sólo hay que proponérselo. 

 

 

 

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