Acerca de pablosanchezm

Licenciado en Comunicación audiovisual. Me considero un amante de todas las artes audiovisuales, especialmente del que considero que es el mayor transmisor de emociones de nuestro tiempo: el CINE.

Jumanji: Bienvenidos a la Jungla

Hay películas que son intocables. Bien por el papel que desempeñan en la historia del cine o bien por la capacidad que tuvieron en su momento para marcar a toda una generación lo cierto es que, como digo, existen películas que -a priori- no admiten remakes, secuelas ni reboots. Jumanji, aquella joya que en 1995 nos enamoró a todos -gracias a su novedoso uso de los efectos digitales  pero, sobre todo, al inmenso carisma de su protagonista, el gran Robin Williams- es una de esas películas que tuvieron el poder de fascinar al mundo entero en su momento y que todavía hoy, más de dos décadas después de su estreno, se la recuerda con inmenso cariño. La mayoría que vimos este título siendo adolescentes nos sabemos la película de memoria y, aún así, somos incapaces de resistirnos a verla de nuevo cada vez que la vuelven a emitir por televisión. Era, sin duda, una de esas películas intocables. Por este motivo el público se echó encima del director Jake Kasdan cuando anunció que en 2017 estrenaría una nueva versión de la película original bajo el título Jumanji: Bienvenidos a la jungla. Y, para asombro de todos y el mío propio, el resultado ha merecido la pena.

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Que baje Dios y lo vea

No hay sensación más ingrata -ni más incómoda- a la hora de ver una película que la vergüenza ajena. Y esta es justo la sensación que provoca Que baje Dios y lo vea (2017), el debut en la dirección de Curro Velázquez, guionista del díptico Fuga de cerebros y creador de la exitosa serie Chiringuito de Pepe. Por más vueltas que le doy no logro encontrar la razón de la puesta en marcha de un film tan vulgar, plano, soporífero y mal realizado como este, en el que resulta una tarea titánica encontrar un aspecto que funcione. Confieso que vi la película el día de su estreno en los cines españoles pero he optado por esperar a que pasen varias jornadas para redactar mi crítica, ya que no quería que ésta fuese el fruto de un calentón, del tremendo enfado que me llevé por haber pagado por ver algo tan mal hecho. Pero lo cierto es que ahora, casi una semana después de haberla visto en pantalla grande, mi opinión no ha variado un ápice. A este crítico se le hace imposible hablar bien de un proyecto que pasará a mi memoria cinéfila como la peor película española de los últimos tiempos -aunque si le quitamos lo de “española” también vale-. 

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El gran showman

“El arte más noble es el de hacer felices a los demás”. La frase con la que echa el cierre El gran showman, debut en la dirección del australiano Michael Gracey, es toda una declaración de intenciones de uno de los musicales más exitosos de los últimos tiempos. Y lo es porque pocas veces se ha visto un musical con tanta vocación de hacer que el público se lo pase bien, que disfrute, que vibre incluso. Conscientes de que estaban ante uno de los géneros más peligrosos para la taquilla, los responsables de la que muchos han calificado como la heredera directa de Moulin Rouge -aunque Gracey no alcance el nivel de maestría ni el barroquismo de Luhrmann-, han apostado a lo seguro: canciones pegadizas, cast archiconocido, ritmo endiablado y duración ajustada. Estos son los ingredientes en los que se sustenta una película que no se avergüenza de estar ideada para las masas, que en ningún momento disimula su firme intención de llenar las salas de cine. Es más, parece incluso vanagloriarse de ello. ¿Es malo? Para los elitistas culturales quizá. Para este crítico desde luego que no.

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Perfectos desconocidos

Uno de los mayores placeres que proporciona la película Perfectos desconocidos (Álex de la Iglesia, 2017), remake de su homóloga italiana Perfetti Sconociuti (2016), es imaginar la vergüenza -si es que tienen- que estarán sintiendo las personas que mientras ven la película se están identificando, muy a su pesar, con cualquiera de sus personajes. En una obra que habla de la hipocresía, la falta de confianza y que, de forma inmisericorde, deja al ser humano por los suelos -a excepción de un par de personajes que, en un clima de inmoralidad generalizada, consiguen salvarse de la quema-, sentirse identificado con cualquiera que desfila por aquí ya revela la categoría humana del sujeto. Seguro que no son pocos los que lo hacen, mientras que los que observamos el espectáculo desde la barrera, esos que estamos lejos de ser perfectos pero que estamos a años luz de semejante nivel de mediocridad como el que aquí se expone, disfrutamos con que un director saque a la luz de una forma tan clara y tan pulcra las mentiras y la doble vara de medir de la que cada día hacen gala la gente de nuestro entorno. Que la sociedad está enferma no es algo nuevo, pero que hasta la persona más aparentemente intachable sea capaz de esconder secretos que pongan en peligro su integridad moral, su matrimonio o hasta la relación con sus amigos es algo que debe hacernos reflexionar.

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Asesinato en el Orient Express

Habrá quien se pregunte en la necesidad de poner en marcha esta nueva adaptación cinematográfica de la ya casi centenaria novela de Agatha Christie Asesinato en el Orient Express teniendo en cuenta la existencia de la mítica película de Sidney Lumet, quien en 1974 logró reunir a un cast de auténtico lujo para trasladar en imágenes la que muchos califican como la obra magna de la llamada Dama del Misterio. Y el resultado, lejos de ser una obra maestra, fue un trabajo más que digno muy aplaudido por la crítica, como demuestran sus 6 nominaciones a los Oscar y la estatuilla conseguida por Ingrid Bergman en el papel que ahora interpreta Penélope Cruz. Hay que destacar que igual de digna de aquella, lo es también este remake pilotado por Kenneth Branagh. Sí, es cierto que las comparaciones con su predecesora son inevitables y que la sombra de la obra de Lumet es alargada, pero intentaremos hacer una crítica de la película sin caer en comparaciones estériles e injustas. Merece la pena valorar esta nueva Asesinato en el Orient Express (2017) de forma independiente, porque cuenta con las suficientes virtudes como para sostenerse -y defenderse- por sí sola. 

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La librería

La librería (Isabel Coixet, 2017) es uno de esos caramelos envenenados que de cuando en cuando llegan a la gran pantalla. Todo vaticina que será una película de esas que muchos cinéfilos denominamos como “agradables de ver”. Desde el cartel promocional, hasta el tráiler o la propia sinopsis nos vaticinan una obra bonita, liviana, sin más trascendencia que su bonita fotografía y el toque intimista necesario para que salgas del cine con una sonrisa. Nada más lejos de la realidad. Cierto es que la nueva obra de la directora, una nueva cima en una carrera plagada de éxitos, es una película con mucho, muchísimo encanto, y su fotografía, en efecto, es preciosa, pero de liviana no tiene absolutamente nada. Algo lógico, por otra parte, viniendo de quien la firma. Estamos ante una cinta exquisita trufada de sensibilidad, emoción y humanidad que aparenta ser extremadamente simple cuando en el fondo es extremadamente compleja, pura dinamita. Un trabajo que habla de tantos temas y de forma tan natural que parece que no está contando nada cuando, en realidad, te lo está contando todo.

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El secreto de Marrowbone

La última vez que me salí del cine en plena sesión fue con la infame Historia de mi muerte (Albert Serra, 2013), una película que provocó la mayor estampida en una sala de cine que soy capaz de recordar -cuando empezó la proyección éramos unas 200 personas en la sala; cuando me salí sólo quedábamos dentro 10-. Desde entonces, en todos estos años, nunca he abandonado una sala de cine, por muy tentado que haya estado para ello en no pocas ocasiones. Pienso que para juzgar una película, por muy mala que sea, hay que visionarla en su totalidad. Lo que ocurre es que, en algunos casos muy concretos, aguantar hasta el final de metraje de una película que no te está gustando nada es un ejercicio tan tortuoso que hace tiempo que decidí dejar de ponerlo en práctica. El secreto de Morrowbone (2017) ha sido la última en engrosar esta infame lista de películas; a pesar de intentarlo con todas mis fuerzas he sido incapaz de aguantar sus 110 minutos en el interior del cine. Al minuto 90 me he salido de la sala porque consideraba que lo que el director me estaba contando -todavía no sé muy bien qué es- era de una simpleza absoluta, carente del más mínimo interés. 

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Toc toc

Era cuestión de tiempo la adaptación cinematográfica de la exitosa obra de teatro “Toc toc”, escrita por el autor y humorista francés Leaurent Baffie. Estrenada en más de 20 países y representada durante 9 años ininterrumpidos en el Teatro Príncipe Gran Vía -lo que la convierten en la obra de teatro más longeva de la cartelera madrileña-, no cabe duda que Toc toc” tenía altas posibilidades de ser llevada al cine, aunque la materia prima no fuera excesivamente original ni nada del otro mundo. Con todo, era una responsabilidad trasladar a fotogramas este éxito internacional y el escogido ha sido Vicente Villanueva, autor de Lo contrario al amor (2011) y la desternillante e infravaloradísima Nacida para ganar (2015), donde Villanueva demostró un gran dominio de los códigos de la comedia. Y lo cierto es que en esta adaptación homónima (2017) el cineasta sigue estando en plenas facultades y vuelve a dar una lección de cómo hacer alta comedia. Y demuestra, y he aquí el gran mérito del autor, que la alta comedia no tiene que ser necesariamente aburrida ni gris, sino que puede habitar en un proyecto como este, con una clara vocación comercial y de apariencia fresca y ligera. 

 

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Anabelle: Creation

Poco podía imaginar James Wan cuando creó ese título de culto contemporáneo que es “Expediente Warren: The Conjuring” (2013) que éste iba a ser no sólo el comienzo de una saga de películas de miedo sino también el nacimiento de un universo fascinante repleto de secuelas, precuelas y spins-offs; un universo constituido por trabajos que, con mayor o menor tino, intentan aproximarse a la calidad artística y formal de la película con la que comenzó todo y que ha provocado que muchos amantes del género pasen incluso a considerar la marca “Expediente Warren” como un subgénero en sí mismo. Que los fans de dicha marca tiendan a relacionar entre sí todas las películas estrenadas a partir de “Expediente Warren: The Conjuring”, a pesar de ser proyectos independientes unos de otros, es un mérito que hay que agradecer a James Wan que, en su obra original y posterior secuela, creó un universo con el potencial suficiente para seguir estirando el chicle todo lo que se quiera. Pero, insisto, los resultados no han sido siempre positivos: ahí está Annabelle (2014) para corrobarlo: el spin-off de la muñeca que tanta curiosidad despertó en los fans cuando James Wan la presentó en sus films resultó ser el primer batacazo importante de este universo que poco a poco iba cogiendo forma: una película mala a rabiar, producida por el propio Wan, que suponía el primer -y hasta el momento único- naufragio en el universo Warren. 

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La llamada

Existen películas que puedes recomendar con total tranquilidad porque la probabilidad de que a quien se la recomiendas no le entusiasmen es mínima. Películas de las que, en cuanto sales del cine, sientes la necesidad de hablarles a la gente que más aprecias sabiendo que no se sentirán decepcionados. “La llamada” (Javier Ambrossi & Javier Calvo, 2017), es una de ellas. Una de esas películas que contagian tan buen rollo que sería posible que la disfrutásemos en bucle el resto de nuestra vida sin cansarnos. ¿Cuántas veces ocurre esto en la cartelera? Realmente en muy pocas ocasiones. Por eso, cuando sucede, hay que celebrarlo. En efecto, esta adaptación cinematográfica del musical homónimo que durante varias temporadas ha conquistado a crítica y público en el Teatro Lara de Madrid y en varias ciudades españolas es un acontecimiento que hay que festejar. Son escasas las veces en las que se estrena un trabajo en el que te quedarías a vivir sin pensarlo, bien porque la fuerza de la historia te atrapa de manera brutal, bien porque cada uno de los personajes tiene tanta vida interior que ansias conocerlo más a fondo o bien porque sabes que si fueses un protagonista más de la historia encajarías como un guante en las tramas. “La llamada” cumple todo estos factores. 

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El amante doble

Una de las señas de identidad más características del cine de François Ozon es su admirable equilibrio entre lo genial y lo ridículo. Este hecho, lejos de ser un argumento para atacarle, es la pasta de la que están hecha los más grandes autores y directores de cine. La pasmosa facilidad con la que Ozon construye escenas que no sabes si catalogar como geniales o directamente de tomadura de pelo son constantes en su filmografía, y el que esto escribe no tiene ningún pudor en calificarlas de geniales. Sí: soy un ferviente admirador de este director francés, al que descubrí de forma tardía -con la inmejorable En la casa (2012)-, y me ha ido conquistando con cada nuevo trabajo, especialmente con Joven y bonita (2013) y Una nueva amiga (2014). Por eso me duele especialmente tener que hablar mal de El amante doble (2017), el primer gran tropiezo de su extraordinaria trayectoria. Se me antoja imposible defender con argumentos sensatos y coherentes una película tan plana, absurda, vacía y terriblemente aburrida como esta, un extraño e imposible híbrido entre thriller erótico, romance y traumas existenciales aderezados con mezcla de realidad y ficción. Duele reconocerlo, pero es así: no hay por donde coger El amante doble, una película en la que es imposible no perderse. Hasta el espectador más avispado saldrá del cine con la sensación que la han tomado el pelo. 

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It

Al igual que el director de la película que hoy nos ocupa, yo también leí la novela It de adolescente. Y, al igual que a él, a mí también me marcó profundamente. Sentí verdadero pánico durante su lectura, hasta el punto de que 15 años después aún recuerdo los escalofríos que recorrieron mi cuerpo. Durante el mismo instante en el que la leía supe que me hallaba ante un clásico de la literatura de terror; me atemorizaba enormemente la idea central del libro: que una entidad maligna, capaz de metamorfosearse en cualquier cosa, se alimentase de los miedos más recónditos de unos niños para torturarlos sin piedad. Uno de los aspectos por los que más conecté con esta obra magna de Stephen King fue, más que por el terror en sí, por la parte intimista del relato; por cómo todos los niños, llevando a la máxima potencia el concepto de amistad, se unen para superar sus miedos, hacer frente al monstruo y pasan de ser unos Perdedores a unos Ganadores. Porque It es una novela terrorífica, sí, pero también entrañable, tierna y por momentos incluso divertida. Y esto es lo que la convierte en algo especial. 

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