Mil cosas que haría por ti

Siempre he defendido la idea de que si no tienes dinero para hacer una película en condiciones, mejor no la hagas. Ni qué decir ya del talento. Si el tema económico es importante a la hora de ofrecer un producto de calidad -a pesar de que hay películas excelentes rodadas con presupuestos ínfimos-, el talento es directamente crucial. Y me temo que Dídac Cervera no ha contado ni con una cosa ni la otra para su debut en el largometraje, la vergonzante y por momentos bochornosa Mil cosas que haría por ti (2017). Sería muy aventurado por mi parte asegurar que el director no posee el talento ni el ingenio para rodar una película sin que el sentimiento de vergüenza ajena asalte al espectador desde el minuto uno, pero desde luego esto es lo que consigue con su opera prima. Cervera ha estrenado su filmografía con una cinta soporífera, increíblemente aburrida y carente del más mínimo sentido del ritmo. Y lo que es todavía peor: que no tiene el más mínimo pudor en tratar al público como si fuera tonto. Sólo así se explica que se haya puesto en marcha un proyecto que atenta de forma severa contra la inteligencia del espectador. 

Sigue leyendo

Cantábrico

Se hace difícil empezar a hablar de Cantábrico (Joaquín Gutiérrez Acha, 2017) sin mencionar primero los récords que ha atesorado el que, sin duda, es uno de los documentales españoles más ambiciosos de la historia. En primer lugar, su presupuesto: 2 millones de euros, lo que lo convierten en el documental más caro de nuestra industria. Seguidamente hay que mencionar de su recaudación, en torno a los 600.000 €, una cifra espectacular para un trabajo que apenas se ha podido ver en 60 salas, compitiendo con los blockbusters de turno y películas de un potencial comercial mucho mayor. Su taquilla, en cualquier caso, hace que estemos hablando del segundo documental más taquillero de los últimos tiempos, sólo superado por La última cima (Juan Manuel Cotelo, 2010), que con 800.000€ recaudados sigue ostentando el puesto de documental más exitoso de nuestro cine. Cifras aparte, y centrándonos ya en su argumento, si por algo pasará a la historia el nuevo trabajo del director de Guadalquivir (2013) -el que hasta ahora era, probablemente, el documento audiovisual naturista más importante rodado jamás en España- es por grabar de forma tan brillante una manada de lobos ibéricos de cacería. Casi 3 minutos de metraje que están grabados ya con letras de oro no sólo en la cinematografía española, sino mundial. 

Sigue leyendo

El bar

Álex de la Iglesia pertenece a la familia de directores que resultan imprevisibles. Por mucho que sus películas sean un recital de desenfreno y locura nunca sabes cómo van a terminar, cómo van a actuar los personajes o qué será lo que ocurrirá en la siguiente escena. Y El Bar (2017) no es una excepción. Estrenada a nivel mundial en el Festival de Berlín y encargada también de inaugurar la 20ª edición del Festival de Cine Español de Málaga, la decimocuarta película del director bilbaino es una película 100% Álex de la Iglesia. Es decir, que los incondicionales del director se lo pasarán en grande mientras que, los que no lo son, conviene que sigan alejados. El Bar es un trabajo para disfrutar y partirse de risa, aunque las múltiples lecturas que podemos extraer de ella -algunas más explícitas que otras- no tengan ninguna gracia. Muchos la han catalogado de comedia y lo cierto es que está en las antípodas de serlo. De hecho, adscribir este inclasificable film dentro de algún género es complicado teniendo en cuenta que es un híbrido entre thriller, terror, acción, drama, retrato social, cine fantástico y, efectivamente, comedia. Pero, por encima de todo, El bar es una película sobre la supervivencia.

Sigue leyendo

Lo que de verdad importa

Intenso dilema al que me he enfrentado con Lo que de verdad importa (2017) el segundo largometraje de Paco Arango, que hace cinco años debutó con Maktub, película nominada a 3 premios Goya. Y digo dilema porque no es plato de buen gusto hablar mal de una producción que se nos ha vendido como “la primera película 100% benéfica de la historia del cine”. Y es cierto. Todo lo recaudado por esta producción que toma su título de una asociación sin ánimo de lucro cuyo fin es promover valores fundamentales para la sociedad a la gente joven está yendo destinado íntegramente a Serious Fun Children´s Network -de la que Arango es miembro a través de su fundación Aladina-; una asociación creada hace más de 20 años por el mítico actor Paul Newman cuyo fin es acoger a niños enfermos de cáncer. Nada que objetar al respecto, más bien todo lo contrario: me resulta admirable cómo un director -y, en este caso, también guionista- es capaz de renunciar a su propio sueldo y pagar de su bolsillo a los cientos de profesionales que han trabajado en la película a cambio de que hasta el último céntimo recaudado vaya destinado a mejorar la calidad de vida de niños enfermos.

Sigue leyendo

El guardián invisible

Muy de vez en cuando llega a los cines la adaptación cinematográfica de una novela de éxito capaz de contentar por igual a los lectores, a la crítica y también a la autora de la misma. Es el caso de El guardián invisible (2017), dirigida por Fernando González Molina, todo un experto a la hora de trasladar a imágenes fenómenos editoriales. Ahí tenemos el ejemplo de A 3 metros sobre el cielo (2010), Tengo ganas de ti (2012) o  Palmeras en la nieve (2015), tres taquillazos indiscutibles. El guardián invisible es, en efecto, la última adaptación del director pampilonense. Se trata de la primera novela de la archiconocida Trilogía del Baztán de la escritora vasca Dolores Redondo, uno de los fenómenos literarios en castellano más importantes de los últimos tiempos; estamos hablando de unos libros que han vendido alrededor de un millón de ejemplares en todo el mundo y han sido traducidos a más de 30 idiomas, lo que convierten a esta trilogía en un éxito sin parangón. La expectación, por tanto, era máxima. Parecía imposible plasmar en fotogramas una novela tan compleja, con la virtud de debatirse en todo momento entre lo místico  y lo puramente terrenal, entre lo perverso y lo fascinante, pero el director sale más que airoso de la jugada. 

Sigue leyendo

Es por tu bien

Que la comedia española está atravesando una edad de oro es indiscutible. Con los datos de taquilla en la mano es fácil comprobar cómo la gran mayoría de las películas más vistas en nuestro país se engloban dentro de este género. El problema es que, en ocasiones, lo que más triunfa no es lo mejor. Dicho de otra forma: existen comedias que han arrasado en los cines a pesar de sus pocas -o nulas- virtudes cinematográficas -véase el ejemplo de la reciente Villaviciosa de al lado (Nacho G. Velilla, 2016) o la primera parte de Fuga de cerebros (Fernando González Molina, 2009)- y otras que han pasado sin pena ni gloria cuando llevaban grabado a fuego en su ADN lo que es la alta comedia. Y en esta última categoría los ejemplos son incontables: El rey tuerto (Marc Crehuet, 2016), La noche que mi madre mató a mi padre (Inés París, 2016), Negociador (Borja Cobeaga, 2016) y un largo etcétera que los que critican la (última) oleada de comedias españolas tildándolas de “simples y tópicas” seguro que ni han oído hablar. Eso no quita con que haya casos en los que calidad y taquilla se dan la mano y salgan criaturas como Kiki, el amor se hace (Paco León), Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez Lázaro, 2015) o Mortadelo y Filemón contra Jimmy El Cachondo (Javier Fesser, 2014). Es por tu bien (Carlos Therón, 2017), viene a adscribirse al género de la comedia española con vocación de multisala, situándose, no obstante, varios peldaños por arriba de la insulsa comedia popular.

Sigue leyendo

Tarde para la Ira

Ganar el Goya a la Mejor Película cuando tus competidoras son Julieta (Pedro Almodóvar, 2016); El hombre de las mil caras (Alberto Rodríguez, 2016), Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen , 2016) y Un monstruo viene a verme (J. A. Bayona, 2016), sólo puede certificar que la película premiada es, salvo error garrafal de la Academia de Cine, una auténtica maravilla. Y en este caso no se equivocó. Con semejante plantel de rivales, de un nivel extraordinario de calidad y perfección, resulta aún más meritorio el triunfo de Tarde para la ira, el debut en la dirección del reconocido actor Raúl Arévalo. Ganadora de 4 Goyas de los 11 a los que estaba nominada, este thriller seleccionado para la sección Orizzonti del Festival de Venecia es una de las óperas primas más deslumbrantes, fascinantes y extraordinarias que ha dado el cine español a lo largo de su historia. La veo y me resulta increíble que haya sido filmada por un director novel, por mucho que en sus venas corriera cine prácticamente desde que nació: cada plano, cada decisión creativa, cada construcción de los personajes y cada plano parecen más propios de alguien que lleva toda una vida dirigiendo -buen- cine que de alguien se pone por primera vez detrás de una cámara -exceptuando sus cortos Un amor y Foigrás-. 

Sigue leyendo

Contratiempo

Contratiempo (Oriol Paulo, 2016) es, ante todo, una película pensada para el público. Este matiz, al que sin duda aspiran todas las películas -ningún director rueda una película sin pensar en los espectadores que más tarde la disfrutarán-, se cumple en esta ocasión de forma más que explícita. El nominado al Goya al mejor director novel por El Cuerpo (2012), confecciona en su segundo largometraje un espectáculo para que los que somos adictos al cine negro y a los giros de guión capaces de dejarnos con la boca abierta, nos lo pasemos pipa. Y vaya si lo consigue. No son muchas las películas que se estrenan que, al margen de que estén mejor o peor hechas, te tengan con un nudo en el estómago todo el metraje al tiempo que consiguen que te hagas mil y una preguntas sobre cada uno de sus personajes, sin saber nunca quién dice la verdad o quién miente. Todo esto, a priori algo muy fácil de lograr pero en el práctica verdaderamente difícil, lo consigue Contratiempo, un eficaz truco de magia de 100 minutos de duración que me ha tenido embobado de principio a fin. 

Sigue leyendo

Villaviciosa de al lado

Se apagan las luces y comienza la película en la sala del cine. Me dispongo a ver una comedia popular, un género injustamente denostado que a lo largo de su historia le ha dado grandes alegrías al cine español. Y, no seamos hipócritas, también nos ha hecho reír. Películas mejores y peores, hechas con más o menos sutileza, que nos han enseñado a reírnos de nuestras miserias, radiografiando en la mayor parte de los casos un país a la deriva. No será este cronista el que se sume al carro de los puritanos, de esos intelectuales gafapasta que huyen como de la peste de todo lo que contenga la palabra “popular”. Yo amo y defiendo todo tipo de comedia, también la popular. El problema es que todo tiene un límite y que, como en todos los géneros o subgéneros -comedia negra, comedia refinada, comedia popular…- las películas se miden por diferentes patrones de calidad. Y Villaviciosa de al lado (Nacho G. Velilla, 2016), el último exponente de un tipo de cine que aún sigue llenando las salas en nuestro país, es un claro ejemplo de que risas y calidad no van necesariamente de la mano.

2

Sigue leyendo

La Reina de España

18 años después de la triunfal acogida de La niña de tus ojos (Fernando Trueba, 1998), se estrena la secuela de esta película que consiguió una conexión con el público casi mágica. Quizá porque la regocijante galería de personajes que Rafael Azcona y el resto de guionistas crearon en esta primera parte eran tan humanos, tan reconocibles, que cualquiera podíamos identificarnos con ellos. Casi dos décadas después el director madrileño se reencuentra con toda esta tropa de personajes impagables que tan dentro quedaron grabados en la memoria colectiva y nos muestra en qué han cambiado sus vidas. Dirigida y escrita por él, si algo vuelve a poner de manifiesto La reina de España (2016) es el extraordinario director de actores que es Fernando Trueba. Al igual que en la primera parte, sorprende cómo a lo largo de sus dos horas largas de duración, les da oportunidad a todos y cada uno de sus actores a lucirse y tener su momento de gloria. Este hecho, a priori nada significativo, es tremendamente difícil de conseguir en una película coral, donde a veces unos personajes quedan deslucidos o pasan totalmente inadvertidos. Aunque algunos tienen evidentemente más peso que otros -Resines, Cruz, León-, todos tienen ocasión de brillar, de seguir demostrando que su talento interpretativo permanece intacto.

trueba-conquistar-publico-reina-espana_ediima20160317_0420_4

Sigue leyendo

El ciudadano ilustre

Viendo quienes la firman, no debería resultarnos un hallazgo sorprendente “El ciudadano ilustre” (2016). Estamos hablando del duplo Mariano Cohn y Gastón Duprat, probablemente la pareja artística más importante en el ámbito del séptimo arte de toda latinoamérica. Responsables de la imprescindible “El hombre de al lado” -obra que supuso su gran salto internacional-, era de esperar que tras aquella maravilla este tándem de creadores lúcidos, inteligentes y poseedores de un extraordinario don para entender el cine como herramienta para diseccionar lo cotidiano y hablar del aquí y ahora, nos regalaran otra maravilla. Lo que pocos imaginábamos era el extraordinario alcance cinematográfico que iba a suponer este nuevo trabajo, el cuarto de su carrera, un incontestable salto adelante en su ya de por sí estimable filmografía. Seleccionada por Argentina para los Oscar, “El ciudadano ilustre” es una obra tan inabarcable que hasta las subcapas tienen subcapas: un trabajo tan lleno de sustancia que exige necesariamente de un segundo visionado. Una de esas películas, en suma, a las que es imposible acceder a su totalidad con una única proyección. 

not_848946_08_215030

Sigue leyendo

Que Dios nos perdone

3 años después de dar la sorpresa con Stockholm (2013), aclamada cinta de corte independiente que se hizo en el Festival de Málaga con los premios de Mejor Actriz, Director y Guión Novel-, Rodrigo Sorogoyen vuelve a situarse en la primera línea del tablero cinematográfico por el importante salto cualitativo que supone su segundo largometraje en solitario, la imprescindible Que Dios nos perdone (2016), ganadora del Mejor Guión en el Festival de San Sebastián. No es para menos: estamos ante la mejor película española del 2016, un thriller compacto y sin fisuras capaz de dejar con la boca abierta al espectador, que se mantendrá pegado a la butaca durante las dos horas que dura este espectáculo seco, opresivo y lleno de violencia. Habrá quien vea en el nuevo trabajo del director madrileño -el tercero, si contamos la comedia que co-dirigió junto a Peris Romano, 8 citas (2008)- una película de intriga. Y no le faltará razón. Pero también podría funcionar perfectamente como un extraordinario documental sobre la condición humana, como un espeluznante reflejo de nuestro tiempo o como una reflexión filmada acerca de la delgada línea que separa a los monstruos de la gente aparentemente normal.

quediosnosperdone

Sigue leyendo