Perfectos desconocidos

Uno de los mayores placeres que proporciona la película Perfectos desconocidos (Álex de la Iglesia, 2017), remake de su homóloga italiana Perfetti Sconociuti (2016), es imaginar la vergüenza -si es que tienen- que estarán sintiendo las personas que mientras ven la película se están identificando, muy a su pesar, con cualquiera de sus personajes. En una obra que habla de la hipocresía, la falta de confianza y que, de forma inmisericorde, deja al ser humano por los suelos -a excepción de un par de personajes que, en un clima de inmoralidad generalizada, consiguen salvarse de la quema-, sentirse identificado con cualquiera que desfila por aquí ya revela la categoría humana del sujeto. Seguro que no son pocos los que lo hacen, mientras que los que observamos el espectáculo desde la barrera, esos que estamos lejos de ser perfectos pero que estamos a años luz de semejante nivel de mediocridad como el que aquí se expone, disfrutamos con que un director saque a la luz de una forma tan clara y tan pulcra las mentiras y la doble vara de medir de la que cada día hacen gala la gente de nuestro entorno. Que la sociedad está enferma no es algo nuevo, pero que hasta la persona más aparentemente intachable sea capaz de esconder secretos que pongan en peligro su integridad moral, su matrimonio o hasta la relación con sus amigos es algo que debe hacernos reflexionar.

Sigue leyendo

Anuncios

Poltergeist

“Ya están aquíiiiii”. ¿Los fantasmas? No: la tediosa moda de los infames y, sobre todo, innecesarios remakes de películas de terror clásicas. Salvo contadas excepciones en las que la copia supera o empata con la original -a mi mente viene la muy digna Posesión infernal (Fede Álvarez, 2013), incluso La matanza de Texas (Marcus Nispel, 2004)-, la gran mayoría de remakes del género son un infructuoso intento de reeditar lo que en su día fue un éxito. Cuando aún no nos hemos recuperado del descomunal desatino que la directora Kimberly Pierce hizo con el clásico Carrie (1976) de Brian de Palma -aún duele ver a Julianne Moore metida en semejante estropicio-, toca enfrentarnos ahora a la nueva versión de Poltergeist, el clásico con el que Tobe Hooper aterrorizó a medio mundo en 1982, aunque la leyenda cuenta que fue Steven Spielberg quien estuvo al frente de la película y que no figuró en los títulos de crédito porque ese mismo año rodó E.T El extraterrestre y la legislación vigente prohibía a los cineastas dirigir dos películas al mismo tiempo. Y bien: el resultado es desastroso. El remake de Poltergeist (Gil Kenan, 2015) no sólo no aporta nada respecto al original, sino que es una película tremendamente insulsa, aburrida y sin garra.

poltergeist-clown-poster-bg

Sigue leyendo

La letra escarlata

A excepción de Ghost (Jerry Zucker, 1990), película por la que se convirtió en una de las actrices más cotizadas del Hollywood de los 90, Demi Moore pocas veces ha vuelto a gozar del favor de la crítica, que nunca ha tenido piedad en atacar -en ocasiones de forma especialmente vil- todos y cada uno de sus trabajos. ¿Los motivos? Principalmente que la actriz, más que desarrollar sus dotes interpretativas, se dedicaba de alimentar su imagen de mito erótico -beneficiada por su espectacular físico- en películas de medio pelo. Títulos como Acoso (Barry Levinson, 1994), Una proposición indecente (Adrian Lyne, 1993) o la infumable Striptease (Andrew Bergman, 1996) dieron alas a sus detractores en condenar a una intérprete que, siendo justos, nunca ha sido tan mala como la pintan y que, en realidad, cuenta con varios buenos títulos en su haber. Es el caso de La letra escarlata (Roland Joffé, 1995), remake de la película que Win Wenders dirigió en 1973 y que adapta muy libremente la novela homónima de Nathaniel Hawthorne; una historia que, además, nos regala uno de los personajes femeninos más icónicos de la historia del cine: la aguerrida y transgresora Hester Prynn. 

snapshot_dvd_012652_20101208_151422 Sigue leyendo

Tú y yo

Nada tiene que envidiar Tú y yo (Leo McCarey, 1957), al remake que el propio director rodó dieciocho años antes y que, aunque fue traducido al castellano con el mismo nombre, en su versión original se titulaba diferente: Love Affair frente A affair to remenber. Y digo que no tiene nada que envidiarle porque no sólo tiene unos protagonistas a la altura de los ya míticos Irene Dunne y Charles Boyer, sino porque además capta de nuevo toda la esencia amorosa que convirtió a Love affair en uno de los dramas románticos más importantes de la década de los 30. Tú y yo, cuya influencia posterior en cine es innegable -como, por ejemplo, demuestra Algo para recordar (Nora Ephrom, 1993), libre versión del clásico- añade algún elemento innovador, como el uso del color -prodigioso scope-, algo que no pasó desapercibido para los Académicos que nominaron a la película en el apartado de Fotografía, junto con canción, música y vestuario. Reconocimientos merecidos para un romance que reivindica el amor a primera vista, la propia capacidad de este sentimiento para convertirnos en mejores personas, de aflorar toda la humanidad que durante tiempo ha permanecido encerrada en nuestro interior.

affairtoremember1

Sigue leyendo

Posesión infernal (Evil Dead)

Quién iba a decirle a Sam Raimi cuando estrenó, hace más de treinta años, su obra de culto Posesión infernal (1981), que en pleno 2013 fuese a ver la luz una película que no sólo rindiese homenaje a la original, sino que incluso la superara. Es lo que consigue el debutante -como en su día también lo fue Raimi- Fede Álvarez con Evil Dead, la última gran sorpresa del cine de terror -aunque, en realidad, tenga más elementos gore- que los fans acérrimos del género estábamos esperando. Y es que, desde Insidious (James Wan, 2010), se nos ha privado el gozar en pantalla grande de un espectáculo tan terrorífico, retorcido y, dicho sea de paso, tan rabiosamente entretenido como este remake del clásico de los ochenta. Álvarez cumple con las altas expectativas depositadas en el proyecto, quizá por el hecho de haber contado con el beneplácito del propio Raimi -un lujo al alcance de muy pocos- para ofrecer a su público lo que realmente pide: una irrefrenable orgía de vísceras, sangre y amputaciones que nos dejará petrificados y contentará  tanto al incondicional de la obra original, como al que se acerque por primera vez al magnético universo de Posesión infernal.

Jane Levy Sigue leyendo

El cabo del miedo

En el ámbito cinematográfico es tan poco frecuente que el remake de una película supere a la original que, cuando sucede, no cabe más que celebrarlo. Es el caso de El cabo del miedo (Martin Scorsese, 1991), adaptación de la novela The Executioners, de John D. MacDonald y revisión del filme homónimo de 1962 dirigido por J. Lee Thomson. Lejos de ser una de las grandes obras de su director –Toro Salvaje (1980), La invención de Hugo (2011)-, y de carecer del aliento épico de otras producciones de terror como pueden ser El exorcista (William Friedkin, 1973) o El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), lo cierto es que este proyecto que en principio iba a ser dirigido por Steven Spielberg -mientras que Scorsese se haría cargo de La lista de Schindler, papeles que luego se intercambiarían- ofrece un arsenal de importantes virtudes. En primer lugar, una atractiva trama en torno a temas tan recurrentes del director como la venganza, la moral, la corrupción, la violencia, la purgación o la muerte. En segundo lugar, y a pesar de que el director no termina nunca de manejarse bien con los códigos del terror, es una cinta que creará euforia a los fans acérrimos del cine del terror más convencional  construido en base a temas más profundos.

1991. El Cabo del miedo - Cape Fear 004 Sigue leyendo