Sully

Siempre he sido un ardiente entusiasta del cine de Clint Eastwood. Desde que tengo uso de razón lo he considerado uno de los más grandes directores en activo, poseedor de una extraordinaria sensibilidad tras la cámara, una habilidad innata para contar historias apasionantes y un gran conocedor de la condición humana. Por eso me pregunto en qué momento dejó de interesarme su cine o, dicho de otra forma, dejé de esperar sus películas como agua de mayo. Hago la vista atrás y descubro que ese punto de inflexión se produce a partir de esa -incomprendida, infravalorada- obra maestra llamada Más allá de la vida (2010), una de las películas más valientes, arriesgadas y desgarradoras de la filmografía del director americano. De ahí para atrás soy incapaz de detectar tropiezo alguno en la carrera de tan brillante creador. Sin embargo, es, ya digo, a partir de hace algo más de un lustro hasta la actualidad cuando Eastwood ha ido encadenando proyectos tan descafeinados como torpes. Películas tan rutinarias, planas y, en algunos casos, malas, que parece mentira que hayan sido firmadas por él. Me estoy refiriendo a: J. Edgar (2011) -quizá la peor película de su cosecha-, Jersey Boys (2014), El francotirador (2014) y, finalmente, la que hoy nos ocupa: Sully (2016), trabajo que acentúa el declive cinematográfico del otrora maestro Clint Eastwood. 

sully-film-1024x576

Sigue leyendo

Anuncios

San Andrés

Salvo honrosas excepciones como Titanic (James Cameron, 1997) o El coloso en llamas (John Guillermin & Irwin Allen, 1974), el cine de catástrofes pocas veces ha gozado del beneplácito exacerbado de la crítica. Durante décadas se ha considerado, injustamente, un cine de segunda división. Muchos achacan que estas películas no constituyen más que un mero y simple entretenimiento; lo que ocurre es que el concepto “mero y simple entretenimiento” tiene, al menos para mí, un valor incalculable. ¿Saben los críticos más puritanos lo difícil que es hacer una película que te mantenga los ojos como platos y te haga disfrutar como un enano mientras la ciudad, el país o incluso el planeta entero se va al garete? Para empezar hace falta una ingente cantidad presupuestaria que permita hacer escenas visuales portentosas y, posteriormente, desarrollar las situaciones límites suficientes para mantener el interés siempre en alto. Dentro del género, obviamente, habrá escalas: unas películas de catástrofes estarán mejor que otras, pero por lo general basta ya de infravalorar a un género que, probablemente, sea el más honesto que hay. San Andrés (Brad Peyton, 2015), como muchas de sus homólogas, no aspira a ganar ningún premio, tan sólo ofrecer un espectáculo de evasión al público. Parece poco pero no lo es. Prefiero esa honestidad  inicial que no la chirriante pretenciosidad de trabajos que lo único que provocan es el bostezo.

Terremoto-La-Falla-de-San-Andres-4 Sigue leyendo

El vuelo

Tras un periodo de más de diez años inmerso en el cine de animación -con estimables resultados, como Polar Express (2004) o Beowulf (2007)- Robert Zemeckis retorna al cine de imagen real que abandonó con Náufrago (2000). El vuelo (2012), además del regreso del que puede presumir de ser uno de los directores más versátiles de la actual escena cinematográfica -con incursiones en todos los géneros-, supone un nuevo salto en la carrera de Denzel Washington, actor sobre el que versa la película y que ofrece, una vez más, un trabajo formidable. El intérprete, por cuyo papel logró su sexta nominación al Oscar, da vida al piloto de avión comerciales Whip Whitaker que, tras un aterrizaje de emergencia en el que salva la vida de casi todos los pasajeros, es casi proclamado un héroe nacional. Sin embargo, todo dará un giro de ciento ochenta grados cuando los resultados del informe toxicológico vean la luz y revelen que Whitaker no se encontraba en condiciones normales para pilotar un avión debido a sus adicciones, siendo acusado de homicidio involuntario. 

foto-denzel-washington-en-el-vuelo-8-747 Sigue leyendo

Take Shelter

“La única porción de fortuna es la felicidad familiar”. Esta ilustrativa frase del pensador alemán Karl Marx es, quizá, el más acertado prisma desde el que observar ese complejo microcosmos de géneros, ese riada de significados, llamada Take Shelter (Jeff Nichols, 2011). Y es que este relato, triunfador en el circuito de festivales de cine independiente, constituye, dentro de ese recurrente argumento de situar a un seno familiar frente a una situación límite que sólo podrán superar si permanecen unidos, una de las más bellas alegorías de la unión familiar que este cronista es capaz de recordar. A medio camino entre el relato sobrenatural, el thriller, el drama social e, incluso, el terror, la ficción gira en torno a Curtis (Michael Shannon), un padre de familia casado y con una hija  sorda cuya idílica existencia se ve amenazada cuando, de la noche a la mañana, comienza a sufrir extrañas pesadillas. ¿Son reales lo que anuncian estas visiones o, por el contrario, son síntoma de un trastorno mental hereditario?

Sigue leyendo

Lo imposible

Cuando Clint Eastwood rodó Más allá de la vida (2010), película de temática sobrenatural cuyo inquietante punto de partida pasó por recrear el Tsunami que azotó al continente asiático, muchos alabamos su prodigio técnico y su realismo a la hora de filmar la crudeza de dicha tragedia. Quién iba a decir que, un par de años después, un director español con una única película en su trayectoria -la muy estimable El orfanato (2007)- iba no sólo a hacer sombra a uno de los últimos directores clásicos en activo, sino incluso superarlo. Financiada 100% con capital español y producida por Telecinco Cinema, Lo Imposible (J.A.Bayona, 2012), traslada a la pantalla la increíble historia de María Belón y su familia, una de tantas que sufrieron en primera persona la catástrofe de Tailandia, con la única diferencia de que éstos lograron sobrevivir. Un firme y arriesgado compromiso que la realidad que Bayona resuelve con la maestría y ambición de quien se sabe uno de los máximos renovadores del cine español: el cineasta se reafirma como un director valiente que, no contento con anclarse en la mera recreación de los hechos, va más allá: utiliza esta destructiva ola como una mera excusa para adentrarse en el mundo interior de los protagonistas, elaborando un emotivo relato acerca de la familia, el dolor, la pérdida y, finalmente, el reencuentro.

Sigue leyendo

La aventura del Poseidón

Aunque pueda parecer que el género de catástrofes en el cine es un fenómeno reciente -sobre todo por el gran desarrollo de los efectos técnicos en la última década-, lo cierto es que ya viene de lejos. En los años 70, época en la que este tipo de cine vivió su edad de oro, tuvieron lugar algunas de las películas de supervivencia más recordadas de la historia, como es el caso de Aeropuerto (George Seaton, 1970) o El coloso en llamas (John Guillermin & Irwin Allen, 1974), sin olvidar, claro está, a la que se rodó entre ambas, considerada pionera en el cine de catástrofes acuáticas: La aventura del Poseidón (Ronald Neame, 1972). Es inevitable hablar de esta aventura en la que un lujoso transatlántico queda boca abajo por culpa de una gigantesca ola sin hacer referencia a Titanic (James Cameron, 1996), la película que no sólo mejoró la fórmula de la original, sino que además se vio beneficiada, además de por el poder visionario de su director, por el empleo de todos los efectos especiales habidos y por haber. Tampoco se debe olvidar mencionar el propio remake de este clásico de los setenta, Poseidón (Wolfgang Petersen, 2006) que, a pesar de añadir más espectacularidad al conjunto, no contiene ni la décima parte de talento y eficacia que la original.

Sigue leyendo