Musarañas

La etiqueta más adjudicable a Musarañas (2014), debut en el largometraje del mexicano Esteban Roel y el español Juanfer Andrés, es de entretenido pasatiempo. La película se autocondena a no ser una gran cinta desde el mismo momento en el que sus responsables empiezan a trabajar sobre un guión que, por extremadamente inverosímil, parece no tomarse nunca en serio a sí mismo. ¿Significa esto que haya que echar a la hoguera el que ha sido el primer trabajo de estos respetados cortometrajistas que, además, cuenta con el atractivo de haber sido apadrinado por Álex de la Iglesia? En absoluto. Tal y como está el panorama cinematográfico, infecto de sagas interminables, reboots innecesarios o películas en las que el bostezo te asalta desde el minuto uno, la etiqueta de “entretenido pasatiempo” se agradece. Musarañas, en efecto, no es una gran película, pero sí un trabajo digno cuya hora y media se consume en un suspiro gracias a la habilidad de sus creadores por crear un universo con el que conectar ipso facto. De planteamiento atractivo y atmósfera más que conseguida, el que supone también el primer trabajo como productora de Carolina Bang es un estimulante y arriesgado híbrido entre comedia negra, terror, thriller y melodrama romántico. 

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Ambientada en la España de los años 50, Musarañas pivota en torno al personaje de Montse (Macarena Gómez), una mujer perturbada y agorafóbica que vive al cuidado de su hermana pequeña (Nadia de Santiago) después de la muerte de su madre en el parto de ésta última y la huída de su padre (Luis Tosar). La vida de ambas cambiará drásticamente el día en el que Montse acoja en su casa a un vecino malherido (Hugo Silva) y lo retenga en su cama. Más allá de sus referencias explícitas y nada disimuladas a Misery (Rob Reiner, 1990) o ¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962), Musarañas consigue encontrar su propio camino y, a golpe de giros inesperados, una estética deslumbrante y un cóctel de personajes más que estimulante, erigirse como una película con personalidad propia. Otro de sus puntos fuertes es la superlativa actuación de Macarena Gómez en la piel de una fanática religiosa atormentada -fiel reflejo de esa España que, al igual que su personaje, se negaba a la apertura-; una interpretación que, por vigorosa y extrema, corre el riesgo de empañar a las de sus compañeros de reparto, igual de espléndidos. Luis Tosar y Nadia de Santiago brillan con luz propia, frente a un inexpresivo Hugo Silva que parece no sentirse nunca cómodo en su papel. 

Presentada en el Festival de Sitges y con 3 nominaciones al Goya, lo que público y crítica más echarán en cara a Musarañas será su bordeo constante entre la línea que separa lo creíble con lo directamente inverosímil. De tal forma, no se explica que haya quien abra y cierra puertas o camine con zapatos de tacón con cierto estruendo y nadie, situándose a pocos metros de distancia, se percate de nada. Tampoco es muy lógico que la hermana menor de Montse, sabiendo que tienen a una persona malherida retenida contra su voluntad, no ponga el asunto en manos de las autoridades o, por lo menos, no trate de buscar auxilio. Detalles, en fin, que conviene pasar por alto y por lo que la película, insisto, no hay que tomársela demasiado en serio. Su final abierto también será carne de polémica, aunque me gusta el hecho de que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones. Pero sin duda, lo que me terminó ganando de Musarañas fue su último tercio, esa orgía de sangre y locura en la que película explota. Y de qué manera. Algo parecido, salvando las distancias, a lo que sucedía en Carrie (Brian de Palma, 1976). Sus ramalazos con el gore -esa pierna cosida al colchón, ese maniquí con sorpresa…- también son puntos a favor. 

Musarañas

Con varios golpes de humor negro logrados, una actriz principal que cada vez que aparece hace subir varios enteros la película -y que incluso fuera del set del rodaje estuvo dominada por su papel, algo similar a lo que le ocurrió a Heath Ledger con su Joker en El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008)-  y una factura técnica a la que pocas cosas se le pueden reprochar, Musarañas es una cinta de terror gótico que no defraudará a los amantes del género y que, ojo, también puede gustar también los que no lo son, por mucho que para que el engranaje terminase de funcionar hubiera hecho falta engrasar con más coherencia su guión. Pero nadie dijo que los pasatiempos tuvieran que ser perfectos.

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