El club de los incomprendidos

Es una lástima que el cine español no apueste más por los productos para adolescentes teniendo en cuenta que, por un lado, son uno de los sectores de público que más frecuentan las salas y, por otro, que muchas de las veces que la industria patria ha apostado por este tipo de producciones han tenido un buen recorrido comercial, con 3 metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti (Fernando González Molina, 2010 – 2012) como máximos exponentes. El club de los incomprendidos (Carlos Sedes, 2014) viene a sumarse a una tipología de películas que mucha gente, precisamente al estar dirigidas a un público tan concreto, tiende a menospreciar. Y siendo francos, la que es la primera incursión en pantalla grande del televisivo Sedes y de la prestigiosa productora Bambú -responsable de algunas de las mejores series de ficción nacionales de los últimos años, como Gran Reserva, Gran Hotel o Velvet– en colaboración con Atresmedia Cine, presenta tantos defectos como virtudes.

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Adaptación cinematográfica de la exitosa novesa de Francisco de Paula ¡Buenos días, princesa!, el primero de los libros del fenómeno literario Blue Jeans, El club de los incomprendidos narra la historia de Valeria (Charlotte Vega), una adolescente que se ve obligada a irse a vivir a Madrid con su madre tras la separación de sus padres. Pronto, su temor de no hacer amigos pasará a un segundo plano cuando pase a formar parte de una variopinta pandilla que se hacen llamar el club de los incomprendidos, con la que vivirá todo tipo de experiencias. A botepronto, la cosa no destaca precisamente por su originalidad; sin embargo, los adolescentes agradecerán una historia con la que pueden sentirse fácilmente identificados, por mucho que varias de las situaciones planteadas sean poco creíbles -que el chico más guapo del instituto resulte, además, rico y te lleve un día cualquiera a su palacio, es de traca, aunque sea el fragmento de la película mejor resuelto técnicamente-. El principal problema del film es que nunca parece despojarse de la sensación de quedarse a medias en todo. Por ejemplo, el guión no se toma el tiempo suficiente en desarrollar el vínculo, el nexo que une a los personajes, ni siquiera se toma la molestia en perfilarlos mejor, no pasando de ser meros arquetipos, puros estereotipos: el guapo, el friki, la tímida… Lo de siempre.

No se entiende que estando firmada por cuatro guionistas experimentados en la mejor ficción televisiva que ha parido el país en los últimos tiempos, con el diseño y creación de personajes como uno de sus puntos fuertes, la cinta presente un libreto tan endeble y falto de garra. Junto a lo mal desarrollado que está su principal triángulo amoroso tampoco se entiende que se otorguen tantos minutos de metraje a Valeria en detrimento del resto de roles, de los cuales sabemos poco o nada. Sin embargo, tal y como he dicho antes no todo es malo en El club de los incomprendidos. Ahí están ese par de giros narrativos en la parte final -que, siendo franco, me pillaron totalmente desprevenido, quizá porque confieso que no me he leído los libros- o la presencia de primeras figuras actorales como Aitana Sánchez Gijón, Lluís Homar o Raúl Arévalo, aunque los dos primeros estén desaprovechados y parezcan personajes de relleno. El grupo de intépretes juveniles tampoco desentona, en especial la espléndida Ivana Baquero -la niña de El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006)- o el que fue la revelación de La gran familia española (Daniel Sánchez Arévalo, 2013) Patrick Criado, ambos bastante convincentes. La banda sonora, con el tema Saturday I´m in love del grupo español Auryn como tema principal junto a la canción Se incomprendido de la formación Morrigans, tampoco está nada mal, así como su factura técnica, de notable alto; la forma en la que sus responsables de las ingenian para mostrar los rincones más reconocibles de un Madrid bellísimamente fotografiado tampoco deja de tener su mérito. 

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En conclusión, una película que solo gustará a los adolescentes o a aquellos adultos que pretendan recordar algunas sensaciones de esta etapa de sus vidas, como el miedo a no ser socialmente aceptado o de sentirse diferente al resto. Es cierto que a la película se le podría haber sacado oro con otros guionistas, que le falta chispa a borbotones y que al final se conforma con ser un producto de perfil medio bajo y trazo simple, pero también es verdad que no engaña a nadie y que se nota hecho con mimo. Se desconoce si habrá segunda parte pero, a tenor de lo huérfanos que están los jóvenes con películas para ellos, bienvenida será. Aunque mucho deberán subir el listón si lo que pretenden es convertirse en un título de culto como las películas de John Hughes en las que se inspira. 

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