La gran familia española

El escritor y filósofo español Miguel de Unamuno dijo en una ocasión: “de razones vive el hombre, de sueños sobrevive”. En efecto: ardua tarea para el ser humano salir de los atolladeros de no ser por esos anhelos o fantasías, más o menos realizables, que son los que al fin y al cabo dan sentido a su vida. La gran familia española (Daniel Sánchez Arévalo, 2013) no sólo reivindica los sueños, sino que además nos recuerda que, a veces, éstos pueden hacerse realidad. Usa para ello como pretexto la gran final del Mundial de Fútbol de Sudáfrica en 2010, en la que un equipo como España, acostumbrado a no pasar de cuartos, sorprendía a propios y extraños al ganar tan preciado título por primera vez en su historia. Por eso es tan necesario este cuarto largometraje del realizador de Primos (2011) o AzulOscuroCasiNegro (2006) en los tiempos que corren -no sólo para el pueblo español, sino para todo aquél que vea en el tema del fútbol una extrapolable metáfora del trabajo en equipo- porque recuerda una fecha en la que enterramos la falta de ilusión colectiva o derrotamos fugazmente el aplacamiento del ánimo generalizado provocado por la crisis económica; La gran familia española da un golpe en la mesa para recordarnos que la esperanza es lo último que se pierde, para testificar que los milagros existen. Sólo hay que permanecer unidos, como en los mejores partidos. 

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Con tan mítico partido de fútbol de telón de fondo, Sánchez Arévalo va narrando las vicisitudes de una familia que se reúne con motivo de la boda del hijo menor; con tan sólo 18 años, Efraín (Patrick Criado), el menor de un total de cinco hermanos, cree que ha llegado el momento de casarse con la chica de la que ha estado enamorado desde que era un niño. Sin embargo, los problemas de corazón de su padre (Héctor Colomé) obligan a posponer la boda, excusa que aprovechará el director para penetrar en la psicología de sus personajes -muy bien dirigidos y moldeados, por cierto-, establecer una interesante conexión entre todos ellos y corroborar que esta historia escrita por su puño y letra no es ajena a la máxima que se llega a apuntar en un momento de la narración de que “lo normal en una familia es que no haya nada normal”. En este carrusel de malentendidos, giros de guión y reencuentros incendiarios la película se mueve con gran facilidad entre las traslúcida frontera del drama más descarnado -atención a su último tramo, simplemente brutal- y la comedia más hilarante. Es una de las grandes bazas de este derroche de sagacidad: que, en varias ocasiones en estos constantes y muy bien conseguidos cambios de registro, no sabes si reír o llorar. Pero, ¿acaso no es así la vida misma?

El film, que arrancaría los aplausos del mismísimo Alexander Payne o el amante de los avatares familiares Wes Anderson, bebe principalmente de dos referentes: la admirada por el director 7 novias para 7 hermanos (Stanley Donen, 1954) -a la que homenaje usándola para abrir y cerrar la función- y La gran familia (Fernando Palacios & Rafael J. Salvia, 1962), cinta ésta última de la que Sánchez Arévalo adopta su esencia costumbrista, el conflicto generacional o la escasez de oportunidades. Con guiños también a El guateque (Blake Edwards, 1968) gracias al tronchante personaje de Raúl Arévalo, La gran familia española alcanza su cénit en el fragmento de la confesión final o en el brillante montaje paralelo de la escena en la que los novios intentan justificar su comportamiento ante sus familias; instantes donde se nota la madurez de un director que ha vuelto a cosechar con este trabajo un éxito de público y crítica. La cinta arrasó en su primer fin de semana en las carteleras españolas con más de 100.000 espectadores, al tiempo que fue preseleccionada para representar a nuestro país en los Oscar

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Obviando un par de escenas que ruborizan -y no, no me refiero al momento del baile que muchos han criticado pero que un servidor defiende a capa y espada por insuflar la película de ese aire comercial que pide a gritos nuestra industria– y al personaje de Roberto Álamo -lo siento, no me lo llego a creer en su rol de retrasado mental-, pocos reproches se le pueden hacer a la película.  Lógico teniendo en cuenta que sus armas son un irreprochable esteticismo, un plantel de actores soberbio -ojo a la arrebatadora Verónica Echegui-, y un desenlace no más crudo que la vida misma. ¿Es La gran familia española cine social? Muy posiblemente: no sólo por ser el fidedigno testimonio de una época, sino porque pivota entorno a la receta para salir de cualquier crisis: que en ocasiones, en el momento más inesperado, podemos marcar ese gol que nos hace creer que todo es posible, que provoca que, aunque soll sea por un instante, nos olvidemos de nuestros problemas . Como en los mejores sueños. 

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8 pensamientos en “La gran familia española

    • Gracias una vez más por tu comentario, Casimiro. Y coincido plenamente en lo que señalas: manda narices que mucha gente critique nuestro cine y luego vaya a tragarse bodrios infumables del cine americano. Pelis buenas y malas hay en todos lados, independientemente de la nacionalidad. Pero desde hace un tiempo prefiero dar mis 7 euros de entrada de una película a producciones españolas -con excepciones-, pues entiendo la crisis que atraviesa la industria y lo maltratada que está por el Gobierno. Es una de mis pequeñas manías. Un abrazo!

  1. Ains, a mi tampoco me convence Roberto Álamo. No sé si es que estoy muy acostumbrada a verlo en Águila Roja en un papel tan diferente. Sin embargo, no me pasó eso con Patrick Criado, solo se me hacía raro verlo en vaqueros! Jajaja! El cameo de Raúl Arévalo es espectacular, que te esperabas sino?! Como película redonda de Sánchez Arévalo me sigo quedando con Azuloscurocasinegro pero en esta me sigue encantando como mezcla comedia con drama.

    • Me alegra coincidir contigo en lo de Roberto Álamo… no digo que sea mal actor, simplemente que no me lo creo en su papel de disminuído psíquico. En “La Piel que habito”, por ejemplo, me gustó bastante, aunque su personaje en esa película fuese desconcertante. Como siempre tu Raúl Arévalo dando la nota (para bien) y haciendo que la película gane varios enteros. Sale poco, pero cuando sale no puedes parar de reír.
      Gracias por tu comentario, Mercedes. Un besico!!!

  2. Pablo! el otro día te leí! a veces me quitas todo de la boca! solo discrepo un pelín en dos cosas!! y son las dos que comentas al final; la escena del baile no me gustó mucho porque me pareció execesiva, y sí lo hizo el personaje de Álamo, me reí más que con ninguno. Lo que me gusta de las pelis de Arévalo es que puede ser exagerado en lo que quiera y te hace feliz! como Almodóvar

    • jaja, me alegro quitarte las cosas de la boca, significa que en muchas cosas pensamos igual! 😉 La escena del baile ha causado mucha controversia, hay gente que no le ha gustado y otra que sí, por lo que tu opinión no me pilla de sorpresa. Es cierto que está metida un poco con calzador… pero yo lo pasé pipa! jaja Y con el personaje de Álamo me pasa algo curioso: reconozco que es buen actor, pero no me lo creo. Puede ser una cuestión personal más que otra cosa, pero nunca empatizo con él. Un beso y gracias por leerme y por el comentario!!! muaa

  3. Uf, a mí no me ha gustado nada…
    Reconozco que la historia es original y tal, pero no ha conseguido hacerme reír en ningún momento, tampoco ha logrado emocionarme cuando se suponía que tenía que hacerlo… Y sí, ha habido bastantes momentos que me han dado mucha vergüencita ajena, incluído el del baile.
    Estoy con Mercedes en que la película más redonda de este director es Azuloscurocasinegro, que es GRANDE con mayúsculas.
    Un abrazo, Pablo!

    • Ha sido una película que ha despertado varios encontronazos: hay tanta gente que le ha gustado como que no. Entiendo lo que dices. A mi tampoco me pareció una gran película, pero tiene momentos muy buenos y su última media hora es ORO MOLIO. Otro abrazo para ti GUAPO!

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