500 días juntos

500 días juntos (Marc Webb, 2010) supuso todo un cambio de rumbo dentro del cine romántico, ya que dilapidó algunos de los cánones habituales del género. La ópera prima del más tarde director de The Amazing Spider-Man (2012) sorprende, además de por su carácter increíblemente maduro, por su lúcido guión y por su novedoso tratamiento estilístico y formal, constituyendo en sí misma una auténtica lección de cine. El film acierta al huir de la estructura convencional, negándose con determinación a transitar por los caminos más tópicos del género y desglosando este inusual ¿romance? a lo largo de los 500 días que dan título al film, mostrándose alérgico al orden cronológico de los acontecimientos y jugando además con el tiempo narrativo con una soltura envidiable. Así, pues, estamos ante una obra donde se expone la crónica de un amor no correspondido de una forma increíblemente refrescante, aderezada, a veces, con un toque amargo y, otras, con un absoluto derroche de vitalidad.

Este memorable título del cine independiente, que marcó un hito dentro de su género, nos habla de la relación que se establece entre Tom (Joseph Gordon-Levitt), un romántico arquitecto que sueña con encontrar a la mujer de sus sueños, y Summer (Zooey Deschanel), su nueva compañera de trabajo. Aunque al principio el rechazo resulta casi innegable, los acontecimientos tomarán un rumbo inesperado cuando llegue el momento de definir el tipo de relación que mantienen. A pesar de que Summer sostiene de que tan sólo son amigos, Tom se muestra convencido de que entre ellos hay algo más. El gran mérito de 500 días juntos es que explora cosmos tan manidos como el paso del amor al odio desde una óptica casi insólita. Es por esto que, aunque lo que no estén contando haya a quien le provoque sensación de deja-vu, es su manera de abordar sus conflictos dramáticos lo que convierten a 500 días juntos en algo absolutamente diferente a lo que ha hecho hasta ahora. ¿Qué película romántica puede presumir de indagar en la belleza de lo que supone enamorarse con una visita a una tienda de muebles?; ¿Qué manera de expresar mejor el sentimiento amoroso que un alegórico y desenfado número musical en un parque?; ¿Que título del género puede presumir que, a pesar de revelarse su desenlace en el primer segundo, este hecho no reste un ápice el interés por la historia? ¿Es posible contar una historia amor sin historia de amor? Son precisamente estos detalles, estas escenas de sobrecogedora belleza, las que catapultan a esa inspirada obra a un destacado puesto entre los títulos más relevantes e influyentes del género.

Planificado artefacto plagado de inteligentes golpes de humor y elegancia, esta receta artesanal llamada 500 días juntos también golpea, con suavidad, en la conciencia del espectador, disfrazando con esa explosión vibrante de felicidad que recorre la cinta y con la irresistible química que desprenden sus protagonistas el drama que finalmente es. Porque lo que en un principio resulta ser la típica historia de amor, se torna en algo más serio cuando comienza a hablar de la pérdida y en lo importante que resulta no perder nunca la esperanza. Todo ello narrado bajo una perspectiva exenta de tópicos, con una puesta en escena donde la pantalla se divide, los dibujos animados cobran vida propia y recursos tan estimulantes como el flashback o el flashforward enriquecen sistemáticamente la función. El director, además, acierta con su pareja protagonista, unos actores situados lejos del star-system que, no sólo logran la mejor interpretación de sus carreras, sino que además se consagran como auténticos iconos del cine indie. También los niños, por fin, aparecen retratados como seres inteligentes, con personalidad, y no como simples vehículos narrativos.

Sin pretender reivindicar su propia diferencia con otras comedias dramáticas románticas, lo que hace grande a 500 días juntos es su sana modestia, su inexorable virtud por haberse convertido en un gran título a pesar de haber nacido lejos del mainstream, por haber llegado casi sin hacer ruido y haber provocado un sonoro estruendo en los más férreos cimientos cinematográficos, su oxigenada libertad y su, en definitiva, capacidad para conectar con el público, que no tendrá más remedio que sentirse identificado con la trama. El cineasta también consigue sacar partido de su pasado como director de videoclips, regalándonos una selección de canciones memorables y permitiéndose el lujo de rendir un sanísimo -y en perfecta sinfonía con la filosofía central del film- homenaje a The Smiths. Pura melodía de principio a fin. 

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2 pensamientos en “500 días juntos

  1. Me encanta el cine indie, descubrí una gran joya que es Pequeña Miss Sunshine, y esta peli me gustó. Fresca y diferente a las otras comedias románticas. No como UN PASEO PARA RECORDAR (como se nota que odio esa película). Ahh por cierto, hablando de cine romántico, ahí va una recomendación ONE DAY de Anne Hathaway. Me sorprendió esa película gratamente.

    • Hombre, sinceramente entre “Un paseo para recordar” y ésta no hay color: “500 días juntos” está a años luz!! Y me apunto tu recomendación, “One day”, me la ha recomendado mucha gente y tiene que estar bien! Enseguida la verás publicada aquí! Gracias por la gran cantidad de comentarios!! 🙂

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