Villaviciosa de al lado

Se apagan las luces y comienza la película en la sala del cine. Me dispongo a ver una comedia popular, un género injustamente denostado que a lo largo de su historia le ha dado grandes alegrías al cine español. Y, no seamos hipócritas, también nos ha hecho reír. Películas mejores y peores, hechas con más o menos sutileza, que nos han enseñado a reírnos de nuestras miserias, radiografiando en la mayor parte de los casos un país a la deriva. No será este cronista el que se sume al carro de los puritanos, de esos intelectuales gafapasta que huyen como de la peste de todo lo que contenga la palabra “popular”. Yo amo y defiendo todo tipo de comedia, también la popular. El problema es que todo tiene un límite y que, como en todos los géneros o subgéneros -comedia negra, comedia refinada, comedia popular…- las películas se miden por diferentes patrones de calidad. Y Villaviciosa de al lado (Nacho G. Velilla, 2016), el último exponente de un tipo de cine que aún sigue llenando las salas en nuestro país, es un claro ejemplo de que risas y calidad no van necesariamente de la mano.

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Fuera de carta

Lo primero que pensé cuando tuve constancia de la existencia de Fuera de Carta (Nacho. G. Velilla, 2008), es que ya era hora de que el creador de las dos sit-com más influyentes de la historia de la televisión en España –7 vidas y Aída-, pudiese demostrar también su talento en la gran pantalla. Siguió así el ejemplo de Tom Fernández, también guionista de ambas series, que un año antes debutó con la estimable opera prima La torre de Suso (2007). Velilla, auténtico buque insignia de la comedia en nuestro país, pone al servicio de  Fuera de carta todo el ingenio y gracia de la que hizo gala en la pequeña pantalla, en una obra confeccionada para erigirse como remedio a todas las penas, como refugio a todos los males. El director y guionista explota esa máxima sagrada de la sit-com que obliga ofrecer un gag cada quince segundos para regalarnos una historia construida a base de tópicos, sí, con personajes que no escapan del cliché, también, pero en la que todo ello termina dando igual ante la búsqueda incesante de la carcajada que persigue, con rotundo éxito, el realizador.

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