Anabelle: Creation

Poco podía imaginar James Wan cuando creó ese título de culto contemporáneo que es “Expediente Warren: The Conjuring” (2013) que éste iba a ser no sólo el comienzo de una saga de películas de miedo sino también el nacimiento de un universo fascinante repleto de secuelas, precuelas y spins-offs; un universo constituido por trabajos que, con mayor o menor tino, intentan aproximarse a la calidad artística y formal de la película con la que comenzó todo y que ha provocado que muchos amantes del género pasen incluso a considerar la marca “Expediente Warren” como un subgénero en sí mismo. Que los fans de dicha marca tiendan a relacionar entre sí todas las películas estrenadas a partir de “Expediente Warren: The Conjuring”, a pesar de ser proyectos independientes unos de otros, es un mérito que hay que agradecer a James Wan que, en su obra original y posterior secuela, creó un universo con el potencial suficiente para seguir estirando el chicle todo lo que se quiera. Pero, insisto, los resultados no han sido siempre positivos: ahí está Annabelle (2014) para corrobarlo: el spin-off de la muñeca que tanta curiosidad despertó en los fans cuando James Wan la presentó en sus films resultó ser el primer batacazo importante de este universo que poco a poco iba cogiendo forma: una película mala a rabiar, producida por el propio Wan, que suponía el primer -y hasta el momento único- naufragio en el universo Warren. 

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It

Al igual que el director de la película que hoy nos ocupa, yo también leí la novela It de adolescente. Y, al igual que a él, a mí también me marcó profundamente. Sentí verdadero pánico durante su lectura, hasta el punto de que 15 años después aún recuerdo los escalofríos que recorrieron mi cuerpo. Durante el mismo instante en el que la leía supe que me hallaba ante un clásico de la literatura de terror; me atemorizaba enormemente la idea central del libro: que una entidad maligna, capaz de metamorfosearse en cualquier cosa, se alimentase de los miedos más recónditos de unos niños para torturarlos sin piedad. Uno de los aspectos por los que más conecté con esta obra magna de Stephen King fue, más que por el terror en sí, por la parte intimista del relato; por cómo todos los niños, llevando a la máxima potencia el concepto de amistad, se unen para superar sus miedos, hacer frente al monstruo y pasan de ser unos Perdedores a unos Ganadores. Porque It es una novela terrorífica, sí, pero también entrañable, tierna y por momentos incluso divertida. Y esto es lo que la convierte en algo especial. 

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Verónica

Confieso que tenía mucho miedo antes de ver Verónica (2017), la última película de Paco Plaza. Pero no miedo del que te entra al ver el tráiler del film en cuestión, sino del que se apodera de un cinéfilo cuando sabe que la cinta de terror que se dispone a ver es, según todo parece indicar, un compendio de ouijas, casas encantadas, espíritus y puertas que se abren y cierran solas. ¿Otra vez? ¡Pero si esto nos lo han contado un millón de veces! Luego recordé el nombre de quien la firma y me tranquilicé. Estamos hablando de un primera espada del cine de terror patrio de los últimos 10 años, consagrado para la eternidad con esa obra imprescindible del género como es Rec (2007), que codirigió junto a Jaume Balagueró.  Y, cuando salí del cine, absolutamente espeluznado por lo que acababa de ver, recordé que prejuzgar es uno de los principales cánceres a combatir de todos aquellos que nos dedicamos a ver películas y analizarlas. Verónica es una maravilla. Turbadora. Terrorífica. Consiguió lo que el 90% de películas de terror que se estrenan no consiguen: dejarme petrificado en la putada. Sus responsables lograron que varios días después de disfrutarla -o sufrirla, según se mire- sea incapaz de quitármela de la cabeza. Y es que se agradece ver una película en la que en ningún momento intentan manipularte, en la que te crees absolutamente todo lo que ocurre en pantalla.

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Expediente Warren: el caso Enfield

Si el cine de terror actual está viviendo un momento feliz es, en buena parte, gracias al director James Wan, uno de los máximos renovadores del género en los últimos años. Con Expediente Warren: el caso Enfield (2016), el director malayo se pone nuevamente al frente de una secuela de un trabajo dirigido por él, tal y como hizo con Insidious: Capítulo 2 (2013). Era inevitable que tras el brutal éxito de público y crítica de la imprescindible Expediente Warren: The Conjuring se pusiese en marcha la segunda parte de una de las películas de terror más estimulantes y terroríficas de lo que va de siglo. En esta ocasión nos encontramos ante una secuela que está al mismo nivel que su predecesora, dinamitando el concepto de que segundas partes nunca fueron buenas: Expediente Warren: el caso Enfield repite los mismos aciertos de la primera entrega -la misma atmósfera inquietante, lo en serio que se toma Wan a sus personajes, su robustez técnica…- y añade algunas mejoras, como incrementar el nivel de sustos y, sorpresa, prestar una atención especial a la banda sonora, con temas de Elvis Presley -“Can´t help falling in love“, brillante broche de oro- o de los Bee Gees –“I stapted joke”-, entre otros muchos. 

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