No todo es vigilia

No todo es vigilia (Hermes Paralluelo, 2014) se adscribe a ese tipo de películas que hablan de la vejez. Con honestidad, respeto y verdad. Mucha verdad. En la misma línea temática de Amor (Michael Haneke, 2012) o Arrugas (Ignacio Ferreras, 2011), aunque no resulte tan dura como la primera ni tan complaciente como la cinta animada de Ferreras, el segundo largometraje del realizador español tras el documental argentino Yatasto (2011) premiado en el Festival de Málaga, es una obra dividida en dos partes claramente diferenciadas: la primera mitad, desarrollada en el interior de un hospital, y un segundo bloque en el que el foco de atención se traslada al propio hogar de los protagonistas. Si bien todo el primer tramo es algo tedioso y desconcertante, es en su segunda mitad donde la película se crece sobremanera, regalándonos instantes gloriosos y otros francamente hilarantes. Obra forjada con un cariño y una honestidad a prueba de bombas -no podía ser de otra manera teniendo en cuenta que la pareja de ancianos que la protagonizan son los propios abuelos del director-, la que peleó en San Sebastián dentro de la categoría Nuevos Directores es una película pequeña que habla de cosas grandes; tan grandes como el amor de quien ha compartido su vida al lado del otro. 

NTV2

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