Asesinato en el Orient Express

Habrá quien se pregunte en la necesidad de poner en marcha esta nueva adaptación cinematográfica de la ya casi centenaria novela de Agatha Christie Asesinato en el Orient Express teniendo en cuenta la existencia de la mítica película de Sidney Lumet, quien en 1974 logró reunir a un cast de auténtico lujo para trasladar en imágenes la que muchos califican como la obra magna de la llamada Dama del Misterio. Y el resultado, lejos de ser una obra maestra, fue un trabajo más que digno muy aplaudido por la crítica, como demuestran sus 6 nominaciones a los Oscar y la estatuilla conseguida por Ingrid Bergman en el papel que ahora interpreta Penélope Cruz. Hay que destacar que igual de digna de aquella, lo es también este remake pilotado por Kenneth Branagh. Sí, es cierto que las comparaciones con su predecesora son inevitables y que la sombra de la obra de Lumet es alargada, pero intentaremos hacer una crítica de la película sin caer en comparaciones estériles e injustas. Merece la pena valorar esta nueva Asesinato en el Orient Express (2017) de forma independiente, porque cuenta con las suficientes virtudes como para sostenerse -y defenderse- por sí sola. 

Sigue leyendo

Anuncios

Truman Capote

Con Truman Capote (Bennett Miller, 2005) me pasa algo curioso: reconozco que no es mala película, pero tengo la sensación de que no sería ni la mitad de lo que es sin su actor principal, un Philip Seymour Hoffman que aquí demostró que era algo más que el eterno -y eficaz- secundario de Hollywood. Algunos dirán que este es el principal ingrediente de un biopic, y puede que así sea, pero creo que el resto de apartados técnicos y artísticos no están a su altura. Aunque conviene matizar que Truman Capote no es una autobiografía al uso, pues se ciñe exclusivamente al proceso en el que se enfrascó el escritor para dar vida a su best seller A sangre fría que, además de convertirse en un clásico desde el mismo momento de su lanzamiento, lo consagró como uno de los grandes de la literatura norteamericana del S.XX. A pesar de que Hollywood la consideró una de las 5 mejores del año -llegando a competir en la categoría de mejor película en los Oscar con títulos superiores como Brokeback mountain (Ang Lee, 2004) o Crash (Paul Haggis, 2004), no es un film que me apetezca especialmente volver a ver, sobre todo por su falta de información sobre su personaje central, por su escaso sentido del ritmo o una atmósfera demasiado fría. 

imagen Sigue leyendo

Extraños en un tren

Si algo demostró Alfred Hitchcock a lo largo de su filmografía es que hasta los aspectos más cotidianos pueden ser el origen de las peores tragedias: las aves (Los pájaros, 1961), una ducha (Psicosis, 1963), un familiar querido (La sombra de una duda, 1955) o, como en el caso de Extraños en un tren (1955), un convencional parque de atracciones o ese desconocido que se ocupa la plaza de nuestro lado en un viaje en ferrocarril. Basada en la novela homónima de Patricia Higsmith, estamos ante un artefacto de intriga milimétricamente calculado que, cumpliendo con una de las máximas obstinaciones de este tipo de cine, se vuelve a recurrir a ese hombre inocente acusado de un asesinato que no ha cometido –aunque, en este caso, con la particularidad de que no será la policía quien le persiga, sino el propio asesino-. El malogrado personaje en cuestión es Guy Haines (Farley Granger), un famoso jugador de tenis que entabla conversación en un viaje en tren con el joven Bruno Anthony (Walker), que le propone un plan macabro: cada uno deberá cometer un asesinato, con la característica de intercambiar a las víctimas. De esta forma, Guy deberá matar al adinerado padre de Anthony, para que de esta forma pueda disfrutar de su fortuna y, por su parte, éste último liquidará a la esposa del deportista, principal obstáculo para que éste pueda volver a casarse con su nueva pareja: la hija de un senador. Así, al mismo tiempo en el que los dos personajes fulminan al principal obstáculo de la vida del otro, evitarán levantar sospechas. Sin embargo, mientras Bruno no tarda en cumplir con su parte del pacto, Guy se muestra incapaz de cometer semejante fechoría –al contrario que en el libro original, donde sucumbe a las amenazas a las que le somete Bruno– algo que le traerá serios problemas…

Sigue leyendo

Fargo

Debo confesar que una de mis mayores heroínas del cine no son ni Catwoman ni La Mujer Invisible. Ni siquiera tiene superpoderes. O bueno, tal vez sí. Porque hay que tener sin duda un talento fuera de lo común para resolver un crimen de la forma tan astuta e inteligente como lo hace la protagonista de Fargo (Joel Coen, 1996), la inspectora de policía local Marge Gunderson (Frances McDormand, esposa del director en la vida real). Sobre esta excéntrica mujer, embarazada de siete meses y con antojo de cafeína y  hamburguesas, recae la mayoría de una película sustentada en el principio de La ley de Murphy (esa que reza que si algo puede salir mal, saldrá mal) y en la que Gunderson deberá investigar un triple asesinato. Estamos, con esta oficial que no necesita recurrir a ningún equipo de investigación a la hora de cumplir su misión, ante uno de los roles mejor radiografiados de la filmografía de los Coen, y eso que en Fargo los cineastas estadounidenses nos presentan una galería de personajes en su mayoría fracasados, tan cegados por la codicia como absolutamente memorables.

Sigue leyendo