Mil cosas que haría por ti

Siempre he defendido la idea de que si no tienes dinero para hacer una película en condiciones, mejor no la hagas. Ni qué decir ya del talento. Si el tema económico es importante a la hora de ofrecer un producto de calidad -a pesar de que hay películas excelentes rodadas con presupuestos ínfimos-, el talento es directamente crucial. Y me temo que Dídac Cervera no ha contado ni con una cosa ni la otra para su debut en el largometraje, la vergonzante y por momentos bochornosa Mil cosas que haría por ti (2017). Sería muy aventurado por mi parte asegurar que el director no posee el talento ni el ingenio para rodar una película sin que el sentimiento de vergüenza ajena asalte al espectador desde el minuto uno, pero desde luego esto es lo que consigue con su opera prima. Cervera ha estrenado su filmografía con una cinta soporífera, increíblemente aburrida y carente del más mínimo sentido del ritmo. Y lo que es todavía peor: que no tiene el más mínimo pudor en tratar al público como si fuera tonto. Sólo así se explica que se haya puesto en marcha un proyecto que atenta de forma severa contra la inteligencia del espectador. 

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Carmina y Amén

Tras poner patas arriba la industria del cine con ese experimento sociológico llamado Carmina o revienta (2012) -estrenado simultáneamente en plataformas online, televisión a la carta, dvd y cines, una medida no exenta de polémica que se saldó con un notable éxito de público-, Paco León volvió a sacudir los modelos de distribución tradicionales al habernos brindado la oportunidad de ver la segunda parte de dicho experimento de forma gratuita en más de cien cines españoles un día antes de su estreno comercial. Una revolucionaria -y controvertida- iniciativa que se saldó con más de 50.000 espectadores, lo cual sólo puede calificarse de éxito. La duda era si a partir del día siguiente, esto es, cuando el público tendría que pagar por disfrutarla, las cifras iban a ser igual de halagüeñas. Y Carmina y amén (2014) no defraudó: entró directa al 5º puesto de las más vistas en España, certificando que la gente tenía hambre de Carmina, ese mujer arrolladora, hiperbólica e increíblemente lúcida que sigue siendo la misma heroína que conocimos en la primera entrega. Dispuesta a llegar donde haga falta con tal de sacar a su casa y su familia adelante, quedo de nuevo seducido ante ella porque cuando habla parece sentar cátedra, como bien condensa la frase más característica del filme y que mejor define a su protagonista: “Yo no miento nunca: yo cuando digo algo se convierte en verdad. Y amén”.

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¿Quién mató a Bambi?

Corren buenos tiempos para la comedia en el cine español; aunque, bien pensado, si echamos la vista atrás comprobamos que este es el género que mejor se le ha dado siempre a nuestra industria. Sin embargo, taquillazos recientes como 3 Bodas de más (José Ruiz Caldera, 2013) u Ocho apellidos vascos (Manuel Martínez Lázaro, 2014) han terminado de evidenciar la rotunda conexión entre las risas y el público. Aunque no es tan gamberra como la primera ni tan divertida como la segunda, ¿Quién mató a Bambi? (Santi Amodeo, 2013), es una nueva muestra de película alocada exenta de pretensiones, así como un eficaz ejemplo de cine de consumo, sin que ello implique connotación negativa alguna. Al revés: que su inteligente campaña promocional busque seducir a una gran porción de público, a pesar de las arriesgadas piruetas argumentales y formales de su director por escapar de los márgenes de la comedia tradicional, es algo que no deberíamos mirar con desdoro. Al fin y al cabo el cine es, tal y como decía Hitchcock, “400 butacas que llenar”. O, dicho de otro modo: los espectadores son el motor que permiten que se sigan produciendo películas. Y el estar dirigida a las masas, tal y como deja claro el tercer trabajo del director de Astronauta (2003) y Cabeza de perro (2006) en su tráiler, es algo que deberíamos aplaudir, siempre y cuando se haga con inteligencia.

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Carmina o revienta

Cuando la paciencia por parte del consumidor/espectador estaba a punto de agotarse, por motivo de una industria cinematográfica reticente a aceptar la incontestable realidad de que su futuro -quiera o no- pasa por Internet, al tiempo que se muestra incapaz de adaptarse a los tiempos de crisis económica que estamos padeciendo -raro es el estreno en formato DVD o Blu-Ray que baja de la friolera de los 15-20€-, llega Paco León y hace historia. Carmina y revienta (2012), convertida ya en el primer estreno simultáneo en pantallas de cine, Internet, televisión a la carta y dvd, es una brillante iniciativa por la que el Luisma de Aída no sólo ha revolucionado una industria que aún no termina de posicionarse con determinación a favor o en contra de la medida -a pesar de que se ha convertido en la película con más visionados legales en la Red en la historia de España-, sino que ha respondido a una gran demanda social, manifestada en los últimos meses de forma apabullante en las redes sociales, en Twitter especialmente. Escrita y dirigida por él, este bizarro ejercicio de humanidad de presupuesto ínfimo -100.000€- y tiempo de rodaje irrisorio -apenas 11 días-, ha supuesto un soplo de aire fresco para el cine español, no ya sólo por lo arriesgadísima de su propuesta, sino por ser uno de los retratos más humanos, auténticos y desgarrados que ha dado nuestro cine en años. Así lo recompensó el Festival de Málaga, galardonando a esta ópera prima con el Gran Premio del Jurado, el Premio del Público y el merecidísimo Premio a la Mejor Actriz a Carmina Barrios, el gran descubrimiento del film.

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