El bar

Álex de la Iglesia pertenece a la familia de directores que resultan imprevisibles. Por mucho que sus películas sean un recital de desenfreno y locura nunca sabes cómo van a terminar, cómo van a actuar los personajes o qué será lo que ocurrirá en la siguiente escena. Y El Bar (2017) no es una excepción. Estrenada a nivel mundial en el Festival de Berlín y encargada también de inaugurar la 20ª edición del Festival de Cine Español de Málaga, la decimocuarta película del director bilbaino es una película 100% Álex de la Iglesia. Es decir, que los incondicionales del director se lo pasarán en grande mientras que, los que no lo son, conviene que sigan alejados. El Bar es un trabajo para disfrutar y partirse de risa, aunque las múltiples lecturas que podemos extraer de ella -algunas más explícitas que otras- no tengan ninguna gracia. Muchos la han catalogado de comedia y lo cierto es que está en las antípodas de serlo. De hecho, adscribir este inclasificable film dentro de algún género es complicado teniendo en cuenta que es un híbrido entre thriller, terror, acción, drama, retrato social, cine fantástico y, efectivamente, comedia. Pero, por encima de todo, El bar es una película sobre la supervivencia.

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Perdiendo el norte

En los últimos coletazos del franquismo, se estrenó una comedia que con el tiempo ha adquirido la condición de clásico del cine español acerca de la emigración a Alemania de una generación a la que las circunstancias históricas le habían privado de la más mínima formación. Eran analfabetos que soñaban con el inicio de una nueva vida en un país europeo que se antojaba paradisíaco, aunque la realidad, tal y como el personaje de Alfredo Landa pudo comprobar en sus propias carnes en ¡Vente a Alemania, Pepe! (Pedro Lazaga, 1971), no eran tan idílica. La historia se repite décadas después en Perdiendo el norte (Nacho G. Velilla, 2015), con la diferencia de que ahora podemos presumir de contar con la generación mejor preparada de la historia, aunque eso sirva de poco cuando muchos tienen que emigrar en busca de una vida digna. Sin embargo, lejos de ahondar en un drama que poco o nada tiene de gracioso, el creador de fenómenos televisivos como 7 vidas o Aída y director de largometrajes como Fuera de carta (2008) o Que se mueran los feos (2010), lo usa como mero telón de fondo para construir una película alocada, divertida y entregada al slapstick continuo. Una cinta que va de menos a más, alcanzado momentos de hilaridad máxima.

Pelicula PERDIENDO EL NORTE de Nacho G.Vililla Produccion Aparte

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