Julieta

Almodóvar abre su película número 20 con una bella metáfora que es toda una declaración de intenciones: la protagonista envolviendo –o más bien protegiendo- una pequeña figura de rasgos humanos con plástico de burbujas. Y, de forma absolutamente explícita pero, al mismo tiempo, absolutamente velada, el manchego ya nos ha dado la clave de su último trabajo: cómo los humanos nos vemos obligados a construir una coraza para refugiarnos del dolor, de los fatídicos golpes que asesta el destino. Lo que ocurre, y aquí radica la verdadera esencia del film, es que el dolor es tan fuerte y el peso de la pérdida es tan grande que no hay coraza ni protección que valga. En efecto, Julieta (2016) es una película sobre el dolor: sobre cómo éste afecta a las personas y sobre cómo éstas tienen que aprender a vivir –o sobrevivir- con las ardientes magulladuras derivadas de él. La responsable de vivir esto en primera persona será Julieta, personaje central del film -interpretado por dos actrices diferentes, Adriana Ugarte y Emma Suárez- a lo largo de 30 años. Más que un conocedor del universo femenino, como verdaderamente se revela el director de Los amantes pasajeros (2013), definitivamente instalado en un fértil periodo de madurez absoluta, es como un maestro de las emociones y los sentimientos, principales materias primas sobre las que se construye Julieta.

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¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Si algo nos ha enseñado el cine de Almodóvar es que las mujeres son más inteligentes que los hombres. Su cine hace apología de la gente auténtica, con sentimiento, dominada por la fuerza de la pasión y el deseo y también por un sentido común excepcional. El tema es que da la casualidad que, en buena parte de su filmografía, la mayoría de esos roles son femeninos. Estas constantes se dieron cita en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), primer largometraje realmente importante en su carrera y uno de los más recordados, además de seria advertencia del director mayúsculo en el que estaba a punto de convertirse Almodóvar, el cual convirtió a la figura de la ama de casa, que aquí incluso trabaja fuera del hogar, en toda una heroína. El cineasta pone a girar su relato en torno a esa personificación del esfuerzo y la abnegación de nombre Gloria (Carmen Maura), que intenta sacar a su familia adelante aunque ello suponga soportar a su machista y retrógrada marido (Ángel de Andrés) que sigue una ideología muy propia de la época -la película es netamente ochentera-, pero extrapolable perfectamente a nuestros días. 

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La piel que habito

Parece increíble que el mismo director de películas tan vitalistas como lumínicas tipo Hable con ella (2002) o Volver (2006), haya sido capaz de embarcarse en un proyecto de esencia tan tortuosa, oscura y desalmada como es La piel que habito (2011). Pero recordemos que estamos hablando de Almodóvar, ese director capaz de convertir lo surrealista en algo férreo, fuerte…en algo vivo. En la que es su etapa de consagración de esa madurez cinematográfica iniciada a partir de la inmortal Todo sobre mi madre (1999), el manchego filma su primera película de terror -sí, de terror-. Una auténtica obra de arte con una historia que en manos de otro cineasta no hubiese sido más que un ridículo ejercicio. La diferencia es que Almodóvar es un genio. Y, ante la pregunta de muchos de qué necesidad tenía el director en dar un giro tan radical a su filmografía, les volveré a repetir lo mismo: es un genio. Y los genios, cuando ya alcanzan una cierta estabilidad -18 films, ahí es nada- y un más que merecido reconocimiento, hacen lo que les da la gana. Para que ustedes me entiendan.

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Hable con ella

Póngase cómodos en sus butacas. Relájense. La obra de teatro está a punto de comenzar. Aunque quizá lo más apropiado sería acuñar el término película, a pesar de que en Hable con ella (Pedro Almodóvar, 2002), el manchego suba -literalmente- el telón y se sirva de la excusa de una función de teatro para empezar a contar su historia. Se inicia así una de las películas más vitalistas, poderosas e inclasificables del cineasta. Y es que, tras hacer iniciado con Todo sobre mi madre (1999) una extraordinaria etapa de madurez cinematográfica, Almodóvar volvió a sacar todo su torrente de creatividad y emoción, regalándonos una obra repleta de momentos antológicos y que invita al debate moral. 

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Átame!

Después del éxito de Mujeres al borde de un ataque de nervios -nominación al Oscar incluida y revelación de Almodóvar en Hollywood- resulta lógico que Átame (Pedro Almodóvar, 1990) naciera en medio de una gran expectación mediática. Pero el manchego no defraudó. Con su octava película consiguió acentuar aún más ese humor negro y esa esencia de melodrama surrealista tan propia del cineasta y que ya había teñido anteriores producciones como Qué he hecho yo para merecer esto, (1984) o la propia Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987), elevándolas a la categoría de obra maestra.

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