Mi querida cofradía

Me resulta especialmente gratificante comprobar cómo en los últimos años el cine español ha ido incorporando a sus filas a múltiples mujeres directoras; talento con sello femenino que, sin duda, ha regenerado nuestra cinematografía aportando aire fresco y una mirada totalmente renovada. La lista sería considerable, pero basta con citar nombres como el de Paula Ortiz, Nely Reguera, Leticia Dolera, Carla Simón, Andrea Jaurrieta… para dar buena cuenta de que -por si alguien todavía lo dudaba- en materia de talento hombres y mujeres están a la par. Desgraciadamente el campo de la dirección de cine no ha sido ajeno a la brecha histórica entre ambos sexos, aunque el hecho de que con el tiempo la balanza se vaya equilibrando es una noticia esperanzadora. Marta Díaz es la última en engrosar la lista de directoras que, tras varios cortos a sus espaldas, han decidido lanzarse al mundo del largometraje. Y lo cierto es que la opera prima de Díaz, que rodó recién graduada en la ESCAC, es una película excelente. Un producto digno, bien acabado y mejor planteado. Con referentes como Berlanga o Pedro Almodóvar -especialmente de su película Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)-, Díaz alumbra un trabajo costumbrista y lleno de situaciones memorables.

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