Campeones

Decir que Javier Fesser es un director comprometido es constatar una evidencia. Ya no sólo por la temática de algunos de sus trabajos, sino por el tiempo que emplea en sacar adelante cada una de sus películas -una media de 5 años-, lo que revela el carácter perfeccionista del cineasta. Como buen director Fesser se lanza siempre a la construcción de la película perfecta y con Campeones (2018), su mejor proyecto hasta la fecha, lo ha conseguido. Aunque en su carrera hay películas extraordinarias -como Camino, ese brutal retrato del fanatismo religioso, o Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo (2014), la mejor película animada española de la historia que capturaba de forma impecable el espíritu de los míticos personajes de Ibáñez-, lo cierto es que es con Campeones cuando se puede hablar de la primera obra maestra de la fulgurante y prodigiosa carrera del director madrileño. Estamos ante un triunfo absoluto firmado por uno de los creadores más originales e indómitos de nuestro cine, que ha rodado siempre lo que le ha dado la gana sin perder nunca su esencia ni su peculiar sentido del humor. A continuación pasamos a desgranar las razones que hacen de Campeones una película imprescindible que, por sus valores y buenas intenciones, debería ser obligatoria en todos los colegios y centros educativos del mundo. 

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Ready Player One

Que me perdonen los incondicionales del cine de Steven Spielberg, pero su última película me ha parecido un coñazo. Con el corazón en la mano he de decir que mientras estaba disfrutando (o sufriendo, mejor dicho) Ready Player One (2018) en la sala de cine no fueron pocas las veces que me asaltó la idea de abandonar la sala -y eso es la primera vez que me pasa con un director cuyas películas han marcado mi adolescencia, juventud y, ahora, mi vida adulta-. Sí, me entraron ganas de irme no porque la película sea mala, que no lo es en absoluto, sino porque es una película que no está hecha para un espectador como yo. Hace mucho aprendí que, al igual que hay películas infames para el gran público que forman parte de mis placeres culpables, también hay películas magníficamente realizadas con las que no comulgo. Pero reconozco que son buenas películas. Es el caso de Ready Player One, largometraje número 31 en los casi 50 años de carrera del Rey Midas de Hollywood. Visualmente es brillante, los efectos especiales prodigiosos, sus escenas de acción están perfectamente coreografiadas… pero no consigo conectar con ella en ningún momento porque le falta lo más importante: alma. 

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