Tres anuncios en las afueras

Sólo un director con una gran seguridad en sí mismo y un inmenso talento puede rodar una película que gire en torno a la violación y asesinato de una joven desde un prisma sarcástico. El responsable de tal hazaña es el director británico Martin McDonagh, autor también del guión de una película que ha conquistado el Premio del Público en multitud de festivales (Toronto, San Sebastián…) y que opta a 7 estatuillas en los próximos Oscar. En efecto, el mayor mérito de Tres anuncios en las afueras (2017) es su funambulesco equilibrio entre el drama más desgarrado y la comedia más irreverente: conseguir esta constante dicotomía a lo largo de sus casi dos horas de metraje no es tarea fácil, pero McDonagh hace como si lo fuera. Embriagada de un humor negro que bebe constantemente de lo políticamente incorrecto, la que es la mejor película hasta la fecha del director de Escondidos en Brujas (2008) -por la que estuvo nominado a mejor guión original- es todo un tour de force de la búsqueda de la justicia, la venganza, el dolor, la pérdida, así como la violencia policial o el racismo. Temas de enjundia en una película que por sus gotas de western, cine negro, social y su ya comentada mezcla de drama y comedia hacen que sea difícil de adscribir a un género cinematográfico.

La acción arranca cuando una mujer de 50 años (Frances McDormand) decide iniciar una cruzada contra el sheriff de su pueblo (Woody Harrelson) por considerar que éste no ha hecho lo suficiente para esclarecer un terrible suceso: la violación y asesinato de su hija. Así las cosas, decide emplear todas sus energías en hacer justicia, comenzando por denunciar en unas explícitas vallas la ineptitud de la policía. Otra de las proezas de la película es lograr que el público conecte de forma ipso facta con un personaje tan irascible y frío como el que encarna una McDormand efervescente, en el mejor papel de su carrera. A pesar de la desgracia que ha sufrido, era fácil que el público sintiera rechazo ante un rol tan duro, antipático y sin la más mínima empatía. Sin embargo, gracias al realismo de su personaje, sus múltiples matices y lo brillantemente escrito que está, no tardamos en conectar con él. Nos da igual que la protagonista sea la última persona en el mundo que queramos tener como amiga: la comprendemos y la admiramos, a pesar de que su dolor interno -que se refleja en su exterior- le haya despojado de cualquier emoción, de cualquier rastro de vida.

Hay que felicitar al director por dibujar unos personajes tan minuciosamente escritos, tan complejos y tan superlativos, algo inusual en el Hollywood actual. Si a ello se suma la calidad de los intérpretes, sobre todo los dos protagonistas, el resultado no puede ser mejor. A su acabado retrato de los personajes, que nos resultan atractivos y creíbles desde el primer minuto, y a su ya citado prodigioso equilibrio tragicómico, se suma otro factor que contribuye a hacer de esta película algo poco convencional: el tono de solemnidad fatalista que impera en el film, pese a sus constantes briznas de humor corrosivo e hiriente. Aunque el espectador se esté riendo, no deja de acompañarle la sensación de que en cualquier momento todo va a estallar todo por los aires, como finalmente termina sucediendo. Esta atmósfera opresiva, de personajes marcados por el dolor en medio de una América profunda que es de todo menos idílica, hace que la película se desmarque de otras del estilo. Lástima que la obra se quede a varios peldaños de ser perfecta y de ser el título de culto que muchos dicen que es por un guión empeñado en aparentar ser más profundo de lo que realmente es. A ello se suma la incapacidad del director por mantener el mismo nivel de interés en todo momento, provocando auténticos altibajos en el transcurso de una historia a la que le sobran fácilmente 20 minutos. Si en vez de abusar de los subrayados se hubiera dedicado más tiempo a reflejar de forma más nítida la carga de denuncia social del film, el resultado hubiera sido mucho más compacto.

Esta singular historia de luto y furia, con conmovedora música de la siempre perfecta Carter Burwell -sus primeros planos, lo mejor del film, son propios de una obra maestra- es, en resumidas cuentas, una convincente ficción a la que lo único que le sobra es no gustarse tanto a sí misma y cierto aire de déjà vu. Por lo demás, estamos ante una buena película rodada con elegancia, con una profesionalidad formalista y clásica fuera de toda duda que dispone de todos los mimbres para convertirse en un (pequeño) clásico.

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3 pensamientos en “Tres anuncios en las afueras

  1. La vi ayer y me gustó, pero no tanto como para verla otra vez. A mí sí me tuvo enganchada porque todo me parecía impredecible, pero no me resultó suficientemente profunda. Eso sí, en el fondo creo que es bastante realista

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