El círculo

Las nuevas tecnologías están tan presentes en nuestras vidas que, a menudo, olvidamos que son un arma de doble filo. Un caramelo envenenado. ¿Son útiles? Indudablemente. Pero bien es sabido que donde existe el Paraíso -búsqueda de información instantánea, contacto directo con familiares y amigos y mil cosas más- también existe el Infierno. Y es aquí, justo aquí, donde encuentra su razón de ser El círculo (2017), el nuevo trabajo de James Ponsoldt, director de las estimables Aquí y ahora (2013) y The End of the tour (2015). Adaptación del fenómeno editorial homónimo de Dave Eggers, un auténtico best seller, principalmente entre el público juvenil, esta amalgama de thriller, drama y ciencia ficción es un trabajo que reflexiona sobre los peligros de Internet de una forma muy didáctica, amena y con una clara (y sana) vocación de llegar a todos los públicos. El resultado es una película de trazo limpio, inusitadamente entretenida y con un poder hipnótico fuera de toda duda.  

El film cuenta la historia de Mae Holland (Emma Watson), una joven cuya vida cambia radicalmente el día que empieza a trabajar en la empresa tecnológica El Círculo; una poderosa compañía cuyo fin es haber posible la idea de la conexión total entre las personas por medio de las redes sociales. Sin embargo, lo que al principio parece un trabajo brillante va tornándose en algo mucho más oscuro a medida que Holland vaya descubriendo los tejemanejes de sus directivos. Sin duda El Círculo podía haber ido mucho más lejos en toda la parte oscura del relato; es decir, haber profundizado, por ejemplo, en la personalidad del Presidente de la compañía (Tom Hanks) y en su falta de escrúpulos (que nunca llega a ser, lástima, del todo explícita) o haber pulsado con más fuerza las notas del thriller, ya que la materia prima de la novela original daba para ello. Sin embargo, la película se queda algo coja en su vertiente de intriga, algo que duele especialmente porque, ya digo, daba para mucho más. Se echa en falta más tensión, más garra, más instantes de retorcerte en el asiento porque, al fin y al cabo, lo que te están contando es algo escalofriante y quienes lo ejecutan -presidente y vicepresidente- nunca llegan a dar todo el miedo que deberían. Este es el principal defecto de una cinta que, en todo caso, por lo que a mí me resulta personalmente interesante es por los jugosos debates morales que plantea. El principal: ¿el fin justifica los medios?

No es la única pregunta a la que el espectador está obligado a responder a lo largo del metraje o, por lo menos, lo único sobre lo que se le invita a pensar. El círculo nos obliga a replantearnos el papel que juegan las redes sociales en nuestras vidas y de si realmente la utópica idea que plantea la película de la aldea global es realmente tan utópica. Sobre lo sobrevalorado que está decir siempre la verdad -¿la transparencia total es tan bonita como parece a simple vista?-, lo importante que es proteger tu intimidad o la delgada frontera que separa la esfera pública de la privada son otros temas sobre los que pivota esta película que, en un arrebato de valentía, no duda en apuntar a los gobiernos y órganos de poder como cómplices de la violación de un derecho tan básico como el de la intimidad. Pero hay más: El círculo habla sobre la alineación de la sociedad, de lo manejables que somos los humanos en manos de las compañías y del miedo innato a quedar marginados de la manada, de ese rebaño al que al final acudimos (casi) todos. Reflejar todo esto, junto con otros asuntos no menos importantes como qué significa realmente ser popular y el peligro de la sobreexposición pública -esa escena de cama retransmitida en directo- de una forma vibrante y sumamente entretenida es lo que hace de El Círculo una película más que recomendable.

No podemos pasar por alto uno de los elementos que contribuyen a hacer de esta película un juguete tan ágil y dinámico, junto con los continuos movimientos del cámara de un director con un dominio del espacio escénico brutal: estamos hablando de la banda sonora de Danny Elfman; una pieza clara a la hora de dotar a la película de ese ritmo vertiginoso. Elfman demuestra que sigue siendo uno de los mejores compositores en activo con la maravillosa música incidental del film. De giro final brillante y depurada al límite -su concisión es a prueba de bombas-, El círculo nos regala también la mejor interpretación en cine hasta la fecha de Emma Watson -aunque su personaje peque en exceso de ingenua- y el resurgir artístico de un Tom Hanks soberbio en sus discursos motivacionales.  Si te gustan las películas que se puedan exprimir al máximo, que hagan pensar y con las que sacar nuevas lecturas con cada uno de sus visionados, no tengas duda: El círculo es tu película.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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