Alien: Covenant

Hay pocas sagas en la Historia del Cine que me vea capaz de defender con uñas y dientes en su totalidad. Por mucho que sea amante de una saga en concreto, siempre encuentro uno o varios capítulos de la misma que me resultan decepcionantes, cuando no malos. Por eso acudo temeroso a mi cita con cada nueva película de la serie Alien porque esta es, precisamente, una de las escasas sagas que nunca ha dejado de entusiasmarme. Porque, aunque la lista de películas que la integran sean mejores o peores, todas me terminan ganando porque me dan exactamente lo que les pido. No obstante, con Prometheus (Ridley Scott, 2012) esta relación de amor casi se va al traste. ¿Era mala? En absoluto, pero sí era la más floja de todas las rodadas hasta la fecha, ahogada en su (impostada) pretenciosidad y sin escrúpulos a la hora de traicionar una de las reglas fundamentales de la serie: dar miedo de verdad. Prometheus era visualmente impoluta, y tenía escenas muy logradas, pero la presencia de las criaturas malignas era tan escasa que casi había que parar la película para presenciarlas. Sin embargo, y a pesar de que despertó mis temores de que a partir de ahí todo fuese cuesta abajo, Prometheus me gustó. Pero nada comparado con Alien: Covenant (2017), su secuela, sin duda la entrega más visceral, entretenida y gore de la saga.

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El círculo

Las nuevas tecnologías están tan presentes en nuestras vidas que, a menudo, olvidamos que son un arma de doble filo. Un caramelo envenenado. ¿Son útiles? Indudablemente. Pero bien es sabido que donde existe el Paraíso -búsqueda de información instantánea, contacto directo con familiares y amigos y mil cosas más- también existe el Infierno. Y es aquí, justo aquí, donde encuentra su razón de ser El círculo (2017), el nuevo trabajo de James Ponsoldt, director de las estimables Aquí y ahora (2013) y The End of the tour (2015). Adaptación del fenómeno editorial homónimo de Dave Eggers, un auténtico best seller, principalmente entre el público juvenil, esta amalgama de thriller, drama y ciencia ficción es un trabajo que reflexiona sobre los peligros de Internet de una forma muy didáctica, amena y con una clara (y sana) vocación de llegar a todos los públicos. El resultado es una película de trazo limpio, inusitadamente entretenida y con un poder hipnótico fuera de toda duda.  

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Cantábrico

Se hace difícil empezar a hablar de Cantábrico (Joaquín Gutiérrez Acha, 2017) sin mencionar primero los récords que ha atesorado el que, sin duda, es uno de los documentales españoles más ambiciosos de la historia. En primer lugar, su presupuesto: 2 millones de euros, lo que lo convierten en el documental más caro de nuestra industria. Seguidamente hay que mencionar de su recaudación, en torno a los 600.000 €, una cifra espectacular para un trabajo que apenas se ha podido ver en 60 salas, compitiendo con los blockbusters de turno y películas de un potencial comercial mucho mayor. Su taquilla, en cualquier caso, hace que estemos hablando del segundo documental más taquillero de los últimos tiempos, sólo superado por La última cima (Juan Manuel Cotelo, 2010), que con 800.000€ recaudados sigue ostentando el puesto de documental más exitoso de nuestro cine. Cifras aparte, y centrándonos ya en su argumento, si por algo pasará a la historia el nuevo trabajo del director de Guadalquivir (2013) -el que hasta ahora era, probablemente, el documento audiovisual naturista más importante rodado jamás en España- es por grabar de forma tan brillante una manada de lobos ibéricos de cacería. Casi 3 minutos de metraje que están grabados ya con letras de oro no sólo en la cinematografía española, sino mundial. 

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La bella y la bestia

Empecemos hablando claro: quien piense que por adaptar una obra maestra de la animación a acción real el resultado tiene que ser necesariamente otra obra maestra, está profundamente equivocado. Es más, puede que lo que salga de dicho experimento sea una película poco recomendable o, directamente, una mala película. Hay revisiones -o repeticiones- que sobran, y La Bella y la bestia -última criatura de esa factoría Disney dispuesta a rentabilizar a toda costa sus grandes éxitos de animación de la Historia- ha sido la última en engrosar esta lista. Dirigida por Bill Condon y escrita a cuatro manos -por increíble que parezca, ya que el 80% de los diálogos están calcados de la original-, esta adaptación de la mítica película de 1991, el primer largometraje de animación nominado a la Mejor Película en los Oscar, es un trabajo injustificable se mire por donde se mire que lo único que pone de manifiesto es la falta de creatividad y de ideas originales del Hollywood actual. Acabará el año como la película más taquillera de 2017: quizá aquí tengamos la justificación de haberla puesto en marcha. 

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