Spotlight

Cuando veo películas como Spotlight (Thomas McCarthy, 2015) afianzo mi idea de que el cine es una de las más sólidas herramientas educativas que existen. Si fuese profesor en una Facultad de Periodismo y tuviese que explicarle a mis alumnos lo bonita y necesaria que es la profesión a la que se quieren dedicar, me ahorraría todas las horas teóricas que tendría que invertir para que lo entendiesen y les pondría Spotlight. Estoy seguro que tras las dos horas que dura la película mis alumnos no tendrían la más mínima duda de que el periodismo es una profesión fascinante. La última obra del director de The Visitor (2007) o Vías cruzadas (2003) y también guionista de Up (Pete Docter & Bob Peterson, 2009), es una película muy importante por muchas razones: en primer lugar, porque reivindica una profesión que, pese a lo mal considerada que está por algunos y su delicado momento de incertidumbre actual, sigue siendo vital para el correcto funcionamiento de un Estado democrático. En segundo lugar, por lo que nadie debería perderse Spotlight es porque, por fin, se aborda el tema de los abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia católica sin ningún tipo de censura -lo que no quiere decir morbo-.

original

Haciendo gala en todo momento de un compromiso férreo e inamovible por la verdad -sin restricciones o amilanamiento de ningún tipo- la película nos narra la fascinante historia real de cómo un grupo de periodistas del Boston Globe especializados en temas de investigación destapó los escándalos de pederastia que durante décadas cometieron los curas de Massachussets y su posterior encubrimiento por parte de la Archidiócesis Católica de Boston. Con su meticuloso reportaje, esta unidad especial de investigación de nombre Spotlight puso en jaque no sólo a la Iglesia católica -favoreciendo que víctimas de otros países dieran un paso al frente y denunciaran los abusos sufridos-, también a medios de comunicación, policías, políticos… que eran plenamente conscientes de lo sucedido y no dijeron nada. Si por algo tenemos que dar gracias de que haya aparecido una película como esta es que por fin se nos muestra lo deleznable que es una Institución que no sólo acoge en su seno a depravados vestidos con túnica y sotana que no tienen reparos en violar a niños indefensos mientras dan lecciones de moralidad desde su púlpito, sino que los ampara y protege. Recordando en todo momento que no es un caso de manzanas podridas, sino del cesto, más podrido aún, no sale más que felicitar a los responsables de tan magnífica película por poner de relieve la perversión moral de la iglesia católica por proteger a los pederastas y dejar desatendidas a las víctimas, dejando al descubierto las vergüenzas de una Institución a la que se le debería caer el alma a los pies viendo esta película. 

De tintes documental, la película está contada de una forma que hace que nos vayamos introduciendo progresivamente en esta fascinante labor de investigación, dosificando muy bien la información y exponiendo los hechos de forma clara y concisa. Spotlight aboga por el periodismo en su más pura esencia: el periodismo de recopilar información, de tomar notas, de patearse las calles, de aglutinar testimonios, de empaparse de hemerotecas, de enfrentarse al poder, de no tener miedo a nadie ni nadie, de hacer preguntas incómodas, de no dejarse amedrentar… El periodismo libre y riguroso que no se pone fechas ni plazos de tiempo para dar a conocer la verdad. El nutrido grupo de intérpretes de primera categoría que dan vida al equipo real de Spotlight contribuyen a dar credibilidad a la cinta, además de un prestigio fuera de toda duda. Junto a su tour de force interpretativo, otra de las bazas de la película es que está felizmente exenta de melodrama; el director y co-guionista del film junto a Josh Singer evita deslizarse por el morbo y el sensacionalismo. Para muestra, basta con escuchar los testimonios de las víctimas que, aún desgarradores, nunca son verdaderamente explícitos o escabrosos. 

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Aclamada en Festivales como el de Venecia o el de Toronto y con 6 nominaciones al Oscar a sus espaldas -mejor película y director incluidos-, Spotlight es una de esas películas imprescindibles porque lo que cuentan es algo absolutamente poderoso, vital, de una trascendida fuera de toda duda, aunque su -extrema- frialdad pueda echar para atrás al público más comercial. Spotlight es cine comprometido, cine de denuncia, cine necesario. Estamos ante mucho más que una película: es auténtico servicio público y un verdadero relato de su tiempo. Un artefacto formidable que conmueve, descoloca y nos sacude. Y propina un puñetazo letal a una Institución acostumbrada a escupir contra todo y contra todos pero a lo que parecía que no se le podía ni toser. Hasta ahora. 

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