Embarazados

Tras la estimable Planes para mañana (2010), Juana Macías confirma su talento con Embarazados, comedia romántica generacional en la que una pareja de treintañeros entra en crisis al darse cuenta que el plazo para tener hijos tiene una fecha de caducidad más próxima de la que creían. Macías se consagra con esta segundo largometraje que, sin embargo, no empieza nada bien. La mal rodada escena inicial de la discoteca -en la que se abusa de los primeros planos y se recurre en exceso al tópico-, a la que le siguen otras en las que la película no acaba de encontrar su tono, no augura nada bueno. Deberá ser a partir del descafeinado gag de la reunión de lactancia a la que tiene el gusto -o el disgusto- de asistir la protagonista, cuando el film se venga arriba de manera espectacular. Y es que Embarazados es una película que va de menos a (muchísimo) más. Este inteligente y hábil mezcla de drama y comedia sobre un tema menos frívolo y más serio de lo que parece como es el de los jóvenes que piensan que van a ser jóvenes de por vida, termina siendo una película realmente sorprendente, trufada de ingenio y de momentos inspirados.

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La peor noticia que le podría haber dado a Alina (Alexandra Jiménez) es que está en fase premenopáusica. Si a esto le añadimos su instinto maternal tardío, capaz de provocar una seria crisis de pareja con Fran (Paco León), el resultado es catastrófico. Pero, ¿triunfará el amor por encima de todo? Con este argumento podría resumirse una de las propuestas más frescas, estimulantes y llenas de vida que el cine español ha parido en los últimos años. La lista de virtudes de la película son legión, empezando por su gran banda sonora -Macías incluye más de 20 canciones en la película, algunas de gran carga emocional como el himno generacional “Qué nos va a pasar“, de La buena vida-, lo bien fotografiada que está la ciudad de San Sebastián, fruto del espléndido trabajo de fotografía de Guillermo Sempere, o el excelso diseño de vestuario, un apartado infravalorado y del que apenas se habla a no ser que estemos analizando una película de corte histórico, y que en esta ocasión es clave a la hora de definir a los protagonistas. Claro que lo más importante es un guión, escrito por la propia directora junto a Juan Moreno y Anna Rodríguez (madre de la hija de Paco León), que se los toma muy en serio y que, muy importante, en esta crisis sentimental huye de reflejar a uno como el bueno y al otro como el malo, apostando por los matices, de que no todo es blanco o negro. Incluso ambos, en un momento dado, les llegan a pedir perdón al otro, algo que contribuye a humanizarlos y hacerlos más realistas de lo que ya son.

La lista de puntos a destacar termina con el gran nivel de secundarios -los siempre eficaces Karra Elejalde, Belén López o Alberto Amarilla están que se salen- y, por supuesto, de sus protagonistas, especialmente un Paco León en un registro dramático, muy diferente al que nos tiene acostumbrados. Precisamente en la antológica escena de su discusión con Alina es donde la cinta alcanza su cénit y evidencia que donde mejor funciona es cuando pulsa las teclas del drama. Precisamente por ésto se echa en falta que la película no se tome un pelín más en serio a sí misma, como en su día hizo Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013), película en la que eta obra de Macías se mira.  En el otro lado de la balanza, en el de los puntos flacos del film, está el patente desequilibrio entre ciertos gags -¿de verdad era necesaria la escena de sexo de Paco León, con consolador incluido?, ¿o el numerito de Ernesto Sevilla con la lata de refresco?- y un final que no tiene reparos en deslizarse por lo políticamente correcto, cuando hubiera sido mucho más valiente y menos convencional echar el telón con la escena de la conversación en la cafetería o, en su defecto, dejar un final abierto con el viaje de Alina en coche. 

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La dirección de Ortiz es buena, pero se echa en falta que aleje un poco más el objetivo de sus personajes, sobre todo en los primeros minutos, donde la cámara parece estar excesivamente encima de ellos, pecando de cierta alergia a los planos generales. Por lo demás, poco malo que decir de una película de estética sobresaliente, mensaje demoledor y una pareja protagonista que se adhieren a sus personajes como una segunda piel y nos ayudan a creernos que realmente son pareja desde su primera aparición por la gran química que desprenden. Si hubiera profundizado un poco más en su discurso, estaríamos hablando de una obra maestra.

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