A cambio de nada

A cambio de nada (2015) supone el deslumbrante debut en la dirección del actor Daniel Guzmán, que alcanzó su mayor éxito con Aquí no hay quien viva. Una película de fuerte carácter autobiográfico por la que el ganador del Goya al mejor cortometraje por Sueños (2004) se vacía emocionalmente, como si de una necesidad vital se tratase. Un trabajo hecho con el corazón e infinita sensibilidad con el que cualquiera puede sentirse identificado que conecta fácilmente con el público por la honestidad que hay en cada fotograma, cada palabra o cada línea de guión. Magistralmente escrita, dirigida e interpretada, estamos ante una película que desprende autenticidad por los cuatro costados y, para más inri, pone sobre la mesa, de golpe y porrazo, a la nueva hornada de talentos del cine español. Es el caso del protagonista, Miguel Herrán,  a quien el director tardó año y medio en encontrar y a quien habrá que seguir la pista muy de cerca después de sorprendernos con uno de los mejores debuts juveniles que se recuerden en la historia del cine español. No es el único: le secunda Antonio Bachiller, su mejor amigo en la ficción, con el que desprende una química brutal. Dos jóvenes que devoran cada plano a pesar de no haberse puesto nunca delante de una cámara.

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Es A cambio de nada una película que habla, entre otros temas universales, de la amistad incondicional -de ahí su título-, del amor intergeneracional, de respeto a los mayores, de cómo influyen las malas decisiones de los padres en los hijos, de lo dura que resulta la vida en un barrio obrero, etc. La película pivota entorno a Darío (Herrán), un joven arrastrado a la delincuencia juvenil y al fracaso escolar por los conflictos conyugales de sus progenitores, circunstancia pese a la cual nunca pierde ni la sonrisa ni las ganas de vivir. Lo curioso del film es que, a pesar de dedicarse a robar o a conducir sin licencia, su protagonista es la viva imagen de la honestidad. El mérito de esta paradoja reside en los estudiados matices que Guzmán le atribuye a su personaje central, brillantemente escrito. Para prueba, ahí figuran momentos tan entrañables como cuando Darío le corta las uñas a esa anciana con la que termina viviendo -Antonia Guzmán, abuela en la vida real del director- o el empeño que pone en sacar de la cárcel a alguien que ha sido como un segundo padre para él y del que, de alguna forma, siempre fue su fuente de inspiración y sabiduría. 

Al nutrido grupo de actores noveles hay que sumarles primeras figuras como Luis Tosar o Miguel Rellán que, a pesar de figurar como secundarios, se encargan de elevar el caché de la película sólo con su mera presencia. Otro de los aspectos destacables de esta producción con ecos a Barrio (Fernando León de Aranoa, 1998) en su retrato de una época tan fascinante y compleja como la adolescencia, es su excelente ambientación; la puesta en escena pulcra y directa logra que nos metamos de lleno en la vida de un barrio obrero, que reconozcamos sus gentes y lugares, que sepamos que lo que palpamos no son decorados de cartón piedra, sino el clima de una realidad que muchos conocemos. Armada con un gran sentido del humor -gracias en parte a la comicidad que desprende el amigo del protagonista-, Guzmán acierta a no dejarse llevar por el tremendismo y no regocijarse en el drama, huyendo en todo momento del sensacionalismo al que fácilmente podría haber concurrido la película si el que la pilotase no tuviera el tacto y el buen gusto de Guzmán.

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Gran triunfadora en el Festival de Málaga con 4 Biznagas -mejor película y director incluidas-, A cambio de nada es una espectáculo fresco y honesto que conquista de principio a fin: sin engaños y a golpe de verdad. Y, lo más importante, supone la revelación de un director con un don especial para contar historias del que ya esperamos ansiosos su nuevo proyecto. Un profesional que ha dedicado una década de su vida a este trabajo y que se las ha visto y deseado para conseguido los 2 millones de €  financiación de debajo de las piedras, viendo como se le cerraba una puerta tras otra. Me pregunto cómo se sentirán todos aquellos que le daban portazos al ver ahora a Guzmán, aplaudido unánimemente por la crítica con este trabajo, convertido en el nuevo Mesías del cine español. 

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