Felices 140

“Poderoso caballero es Don Dinero”, rezaba Francisco de Quevedo en pleno Siglo de Oro español; una máxima en torno a la que Gracia Querejeta construye su séptimo largometraje: Felices 140 (2015). La directora de Cuando vuelvas a mi lado (1999) o Héctor (2004) explora en su nuevo trabajo lo miserable que puede llegar a ser el ser humano cuando hay dinero de por medio y cómo la codicia es un veneno capaz de pudrirlo todo. Un veneno -y esto es lo importante- del que nadie está a salvo. Ni siquiera quien presuma de ser éticamente intachable. ¿Acaso sabemos a ciencia cierta cómo reaccionaríamos si a nuestra mejor amiga o a nuestra propia hermana le tocasen 140 millones de € en la lotería? ¿Estamos seguros que no le pediríamos un poco de ese dinero para, por ejemplo, sanear nuestras deudas o vivir más cómodamente? ¿Hasta qué punto nos enfadaríamos si la agraciada no tomara la iniciativa de darnos ese dinero? Múltiples preguntas que van asaltando nuestra mente a medida que se consume en relato y que siguen golpeándonos al salir del cine. Y es que Felices 140 es una de esas películas que te obliga a tomar partido; un continuo golpe en el estómago que te hace replantearte lo que hasta ahora era un valor seguro. 

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La historia de Felices 140 es de traca: con motivo de su 40 cumpleaños, Elia (Maribel Verdú) reúne en su lujosa casa rural a familiares, amigos y su ex pareja (Ginés García Millán). El apacible clima que parece haber entre ellos se va al traste en el momento en el que Elia anuncia ante todos que le han tocado 140 millones en el Euromillón. El clima de odio y envidia que a partir de entonces florece entre los presentes dará pie a situaciones imprevistas y sorprendentes… Llama la atención el radical cambio de tono con el que la directora y coguionista del film junto a Santos Mercero, sorprende a todos a mitad de metraje, así como el tiempo que dedica en el primer bloque a presentarnos a sus personajes, cada uno con sus propias circunstancias personales (la mujer maltratada, la pareja con un negocio en quiebra…). Querejeta vuelve a dar una lección en cuanto a diseño de personajes, mostrándose alérgica al rol maníqueo y acartonado y no dejándose tentar nunca por el efectismo. En este sentido se podría decir que Felices 140 es pura psicología social: cada figura de la historia está perfectamente estudiada y cumple un determinado papel, aunque el rol de Álex O´Dogherty quede un poco descolgado. Cada una de las frases de sus personajes, perfectamente reconocibles por el espectador, no suena a ficción: suena a verdad. 

Felices 140 es de esas películas que te van envolviendo poco a poco sin que te des cuenta; de esas películas que sabes que pueden estallar en cualquier momento. Una obra cuyo punto fuerte es la imprevisiblidad, la incapacidad del espectador por saber qué va a ocurrir a continuación o cómo acabará todo. A pesar de algunos puntos débiles como el poco aprovechamiento de la majestuosa casa y una puesta en escena algo rutinaria -algo que podría explicarse por su contención presupuestaria-, Querejeta nos obsequia con instantes de pura fibra fílmica. De puro cine. Ahí está esa discusión trufada de reproches personales entre Nora Navas y Marian Álvarez o ese enfrentamiento dialéctico entre Ginés García Millán y Maribel Verdú antes de que se produzca la tragedia por la que la película pega un giro de 180º. No podemos olvidamos tampoco de ese momento convertido en toda una auténtica declaración de intenciones en el que todos los presentes interpretan al unísimo Money, Money, la que más que una canción se erige como el himno de este nido de víboras capaces de vender por un puñado de billetes a su propia madre. 

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Otra de las bazas de la película es su impresionante reparto, en el que todos brillan con luz propia. Sería injusto destacar únicamente a la inmensa Maribel Verdú -en la que es la tercera colaboración junto a la directora, tras Siete mesas de billar francés (2007) o 15 años y un día (2013)-, cuando tenemos a  una Nora Navas, un Eduard Fernández o un Antonio de la Torre que están de sobresaliente. La directora exprime el talento de todos ellos hasta la última gota. Notable alto, en fin, para este cuento moral que se digiere a las mil maravillas gracias a su hábil mezcla de humor negro y denuncia social y, especialmente, por plasmar tan bien en la pantalla lo egoísta y ruin que puede ser el hombre cuando hay dinero de por medio. Qué razón tenía Quevedo. 

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