REC 4

En 2007 Jaume Balagueró y Paco Plaza consiguieron con REC algo casi impensable: dejar a un Festival tan experimentado como el de Sitges en estado de shock. Público y crítica cayeron rendidos a un ejercicio que rescataba el found footage -técnica cuyo origen se asocia a El proyecto de la Bruja de Blair (Eduardo Sánchez y Daniel Myrick, 1999)- para narrar las devastadoras consecuencias de un virus en el interior de un antiguo inmueble barcelonés. Y, lo que es más importante, que daba miedo. Mucho miedo. La fórmula funcionó tan bien que provocó un remake americano y dio pie a una exitosa franquicia que, a diferencia de muchas, ha sabido mantener un nivel de calidad más que aceptable en todas sus entregas.  Así, en REC 2 (2009), a pesar de la pérdida del factor sorpresa y de buena parte de la frescura de la original, Balagueró y Plaza volvieron a meternos el miedo en el cuerpo. El primero le cedió el testigo de la dirección en REC 3 (2012) al segundo, que nos regaló la entrega más delirante y divertida de la franquicia -que rompió con lo establecido y caminó por otros vericuetos-, testigo que recoge el propio Balagueró en la cuarta y última parte -aunque en esto del terror nunca se sabe…si no recuerden lo que pasó con Scream-. Y lo cierto es que REC 4 (2014) supone un broche de oro en una saga convertida en una pieza angular, en un auténtico referente nacional e internacional del terror moderno. 

rec4_2

REC 4 abandona la técnica de la cámara subjetiva que tan bien funcionó en las dos primeras películas pero acierta al seguir explotando una de las principales señas de identidad de la saga: el de condensar toda la acción en un espacio cerrado, provocando en el público una sensación de claustrofobia que aumenta conforme se va consumiendo el metraje. El escenario elegido en esta ocasión es un barco, donde se aloja Ángela Vidal (Manuela Velasco), después de que un equipo de intervención la rescatara tras ser la única superviviente de lo que tiempo atrás se vivió en aquel fatídico edificio catalán. Sin embargo, los oscuros métodos de dicho equipo médico unido a la resurrección del letal virus, ponen el barco en cuarentena, convirtiendo cada uno de sus pasillos en un laberinto en el Vidal deberá luchar por su supervivencia. Película inaugural del Festival de Sitges, REC 4 no es una obra redonda, pero da exactamente lo que el público pide. Cierto es que le cuesta un poco arrancar, pero cuando lo hace es un espectáculo imparable, adrenalítico por los cuatro costados. Observar el proceso por el cual poco a poco todos los tripulantes del barco se van contagiando del virus al tiempo que Velasco se va convirtiendo en una especie de teniente Ripley, objeto punzante en mano, es algo impagable para todos los que amamos las películas de terror.

REC 4, como era de presuponer, vuelve a elevarse por encima de la media por su impecable trabajo de maquillaje y caracterización y por su apabullante despliegue de producción. Balagueró, que escribe la cinta a cuatro manos con Manu Díez, amortiza cada uno de los casi 4 millones de € que ha costado la que, sin duda,  es la entrega más blockbuster de la saga. Algunos pueden pensar que esta vocación más comercial que el resto de películas de la serie actúa en detrimento de la pérdida de seña autoral, algo que nunca sucede. El director, que demuestra tener cada escena meticulosamente estudiada, sigue dotando de estilo y personalidad cada una de las escenas de ataque mutante y demostrando un dominio excepcional de la puesta en escena, y eso que se enfrentó al rodaje más duro de la franquicia al trabajar en espacios tan angostos como los de un barco -por mucho que algunos escenarios se recrearan en plató-. REC 4 funciona al final, más que como película, como una experiencia. Agotadora, física; una catarsis liberadora, un ejercicio en el que exorcizar hasta la última gota de tensión que podamos llevar acumuladas. Una gozada para los sentidos. 

REC4-01

Aunque su principal vocación es el entretenimiento, no faltan por supuesto en este último capítulo las cámaras de vídeo, rasgo inconfundible de la franquicia desde que Ángela Vidal dijese en el primer REC, que vio la luz en plena vorágine de la telerrealidad, aquello de “pase lo que pase no dejes de grabar” y quedase así inaugurado el debate de hasta qué punto estamos en una sociedad en la que la barrera entre lo que se enseña o no es cada vez más difusa, algunas veces inexistente. El final no es de matrícula de honor, de hecho algunos actores secundarios dejan bastante que desear -no así Héctor Colomé, fantástico como siempre- y el director marea en algunas ocasiones con una cámara a la que el excesivo nervio impide ver algunas veces nítidamente lo que se cuece en pantalla, pero es un trabajo que te mantiene pegado a la butaca su hora y media de duración, con escenas en las que duele incluso pestañear por si te pierdes algún detalle. Y eso, en el que muchas películas de terror intentan dar gato por liebre o en las que no pasa absolutamente nada, se agradece una barbaridad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s