Perdida

Quien la haya visto puede imaginarse lo difícil que resulta hacer una crítica sobre Perdida (David Fincher, 2014), adaptación del best seller homónimo de Gillian Flynn -responsable también del guión de la película- sin desvelar giros argumentarles ni sacar a la luz alguno de los constantes pliegues de su trama. En cualquier caso, aunque se haya vendido como un thriller al uso, conviene dejar claro desde el principio que no lo es. No podía ser de otra forma viendo quien lo firma, alguien acostumbrado a las películas no convencionales y a los retos narrativos complejos. Así, conviene no extrañarse cuando su premisa argumental -¿dónde y en qué condiciones está la mujer desaparecida?- queda resuelta a mitad de metraje. Película atípica donde las haya, quizá el mayor defecto de Perdida se produce cuando se ve obligada a dar respuestas a los múltiples interrogantes que va sembrando en el camino, principalmente en su última media hora: es cuando se desvela como una cinta tramposa, con una trama criminal que hace aguas por todos lados.

650_1000_escena-perdidaLa historia arranca con una premisa tan manida como la desaparición de la esposa de Nick (Ben Affleck), Amy Dunne (Rosamund Pike), el día de su quinto aniversario de boda. Según avanza la investigación, Nick se va perfilando como el responsable para la policía, pero también para la opinión pública. Los hechos se suceden mientras una pregunta nunca deja de latir: ¿Dónde está realmente Amy? Una pregunta que, insisto, se resuelve al final de la primera mitad de la película -culminada con una maravillosa narración en voz en off y un soberbio trabajo de montaje en el que se nos explica muchas cosas-, y que da pie a la segunda mitad, no tan férrea ni consistente como la primera. Varias preguntas en clave que conviene no leer si no se ha visto la película: ¿Alguien entiende que una persona comparta cama con alguien que sabes que es un asesino/a? ¿Es lógico que un personaje de la trama le diga a la policía que “revise los vídeos” cuando en los vídeos, realmente, no hay nada? ¿Es coherente pensar que alguien que pretende ocultarse del mundo se haga amigo/a de una joven con pintas de yonki hasta el punto de invitarle a ver la tele en su casa? La lista de preguntas sin respuesta es inacabable.

Sí me gusta, en cambio, el tratamiento que hace Fincher de los medios de comunicación, como la presión que ejercen sobre alguien sospechoso de un delito -la escena en la que los periodistas casi arrollan el coche con el acusado dentro es brutal-, el linchamiento que profesan con tal de conseguir audiencia o su influencia en la opinión pública. Plantea, así, un jugoso debate: ¿son los ciudadanos culpables por creerse todo lo que vomitan los medios o, por el contrario, son los medios los responsables de dar según qué informaciones a los ciudadanos? La presión mediática reflejada en Perdida es tan real y fidedigna que llegamos a sentir impotencia por Nick, alguien que ya ha sido condenado por el pueblo en un momento en el que el juez aún no ha dictado sentencia. El director de Seven (1995) o La red social (2010), sofisticado en las formas y amante también de la elegancia formal, consigue una extraña dicotomía: alterna momentos de gran cine con otros en los que la trama queda estirada y todo parece más una parodia de colegio que una película dirigida por quien la dirige. Se puede argumentar que el objetivo no es tanto la trama criminal como hacer una disección de la institución matrimonial, dejar claro que nunca conocemos del todo a quien tenemos a nuestro lado. Pero, ¿no podría haberse hecho lo mismo con un argumento verosímil? ¿No podía haber planteado el mismo dilema jugando limpio?

_DSC9269.NEF

Sensaciones contradictorias, en fin, con Perdida. Por un lado reconozco que no es mala película y que su juego de la víctima y el verdugo tiene su aliciente, pero por otro no me puedo creer nada de una obra que patina justo donde no tiene que patinar y que es un continuo carrusel de cosas sin sentido. Por lo demás aplaudir el trabajo de Rosamund Pike, que desprende un magnetismo y un aura de misterio que casa a la perfección con la esencia de la película, reprochar el de Affleck -cuya falta de expresividad sigue sin convencerme- y aplaudir su gran nivel de secundarios, entre los que destaca el gran Neil Patrick Harris. Con todo, es una película que recomendaría advirtiendo, eso sí, que moderen las expectativas.

Anuncios

2 pensamientos en “Perdida

  1. Totalmente de acuerdo. Me ha pasado exactamente igual que con Interstellar. Primera mitad redonda, manteniéndome pegado al sillón. Segunda mitad decepcionante, con giros inexplicables, ilógicos y que te dejan con un regusto a que has sido engañado. Se me han caído dos mitos, Fincher y Nolan. A ver ahora qué hago. 🙂

    • Me alegro estar de acuerdo contigo. “Interstellar” todavía no la he visto, pero tendré en cuenta tu crítica de que su primera mitad es superior a la segunda. Tranquilo, que además de los mitos de Fincher y Nolan, siguen quedando varios como Eastwood o Scorsese. ¡Hay esperanza! 🙂 Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s