Annabelle

¿Es posible hacer una película sobre una muñeca diabólica sin que la muñeca se mueva en todo el film? Sí, si se llama Annabelle (John R. Leonetti, 2014). Pilotada por el director de fotografía de la muy superior Expediente Warren: The Conjuring (James Wan, 2013), Annabelle nace como spin off de esta misma película, a lo que algunos se preguntarán: ¿realmente era necesario una película sobre esta muñeca? Una duda que también asaltaba mi mente, por lo que decidí visionarla para salir de dudas. ¿Veredicto? Ni en mis peores pesadillas hubiera imaginado tal despropósito. Cierto es que no esperaba la obra maestra definitiva del género del terror, ni siquiera una gran película, pero lo que me encontré rallaba directamente la tomadura de pelo. Dejando a un lado que viene precedida por uno de los tráilers más engañosos de la historia, Annabelle es el ejemplo de por qué el cine de terror está tan denostado por algunos críticos: es el paradigma de lo que no hay que hacer. Ni en el plano técnico -la textura visual de la película es bastante pobre-, ni en el artístico -los actores, sin rastro de expresividad, parecen no tomarse en serio su trabajo- ni por supuesto en el narrativo: pasan los minutos y no hay nada, absolutamente nada, que nos haga sentir un mínimo de inquietud. Nada que nos aterrorice.

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La película arranca cuando John Form (Ward Horton) le regala a su mujer embarazada, Mia (Anabelle Warris), una muñeca vintage de coleccionista. Sin embargo, la alegría de la pareja se desvanecerá cuando sean víctimas del ataque propinado por los integrantes de una secta satánica en su propio hogar, a partir del cual la muñeca quedará maldecida. A la falta de originalidad de su argumento, se suma la incapacidad del director por crear una atmósfera angustiosa, de tensión, que nos haga engancharnos a la película. Todo es una sucesión de clichés mil veces vistos -el consabido subrayado musical en momentos concretos, ventanas abiertas por las noches mientras el aire azota las cortinas…- y situaciones inverosímiles -¿cómo es posible que tras deshacerse de la muñeca poco después el matrimonio vuelva a recuperarla?; ¿cómo se explica que los protagonistas sólo se relacionen con un cura experto en exorcismos o la dueña de la librería, personajes, para más inri, metidos con calzador?-. Preguntas de difícil respuesta para una película que irritará a los fans del cine de terror al ver abortadas sus ganas de pasar miedo desde el minuto uno.

Soporífera y absurda, es difícil aglutinar más momentos estúpidos en una película, sea del género que sea -el final se lleva la palma-. Diría que, ante su ineficacia como película de terror, se puede disfrutar como comedia involuntaria pero, carajos, ante un documento audiovisual tan pésimo es difícil reírse. Inspirada en La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) y en el brutal asesinato de la esposa de su director un año después del estreno de esta mítica producción, Annabelle es una película sin carácter, sin personalidad, un refrito de cosas mil veces vistas con anterioridad. La única explicación por la que fue incluida en el prestigioso Festival de Sitges, imagino, es que tiene que haber películas de diferentes niveles en un certamen de cine: una buena película siempre será mucho más apreciada después de ver algo como Annabelle. A lo que no encuentro explicación es que James Wan se haya atrevido a producir una obra en las antípodas a los que no tiene acostumbrados su cine de terror -antes de que decidiese, por desgracia, abandonarlo para seguir eternizando la saga Fast & Furious-.

ANNABELLE

Annabelle es, en definitiva, una de las grandes decepciones del 2014. Más allá de un par de sustos logrados -la fugaz aparición del rostro del diablo o ese instante en el que desde la habitación de dormitorio de la pareja  principal presenciamos el asesinato de su casa vecinal-, en su conjunto no hay nada que merezca la pena. Sólo hay que darse cuenta lo pésimamente resuelta que está la escena del ataque inicial a los protagonistas, un momento que pedía a gritos el desmadre y la locura, para darse cuenta que estamos más cerca del telefilm que de una película de terror sólida y con empaque. Y un último apunte: alguien del equipo debería haberle dicho a Leonetti que hacer un primer plano de la muñeca una vez puede tener su gracia, pero cuando lo hace 27 veces la cosa cae directamente en lo ridículo. Claro que es lo único que puedes hacer cuando no hay un mínimo de talento para hacer otras cosas. Un desastre.

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