Torrente 5

Recuerdo el día en el que me tocaba hablar de Torrente 5 (Santiago Segura, 2014) en la radio junto a otro crítico de cine. Mi entusiasmo por la última entrega de la saga del policía más irreverente, incorrecto y zafio del cine español, chocaba frontalmente con la opinión de mi compañero de profesión, armado con argumentos tales como “Torrente no es cine” o “Vista una, vista todas”. Todo fluía a la perfección hasta que el presentador del programa, perplejo ante tan duras acusaciones, le hizo la pregunta del millón: “¿Pero la has visto?”, a lo que mi colega no le quedó otra que tomar la negativa por respuesta. Pongo este ejemplo como paradigma de lo que se está viviendo en este país: no sólo los especialistas osan valorar una película sin ni siquiera haberla visto -¡que es lo mínimo que se le debería exigir a un crítico de cine, aunque sea para destrozar una película!-, también algunos espectadores, que ni se inmutan en ensañarse con una película porque, literalmente, “tiene pinta de ser chabacana y vulgar”. Como presupongo que este blog está orientado a personas razonables que no se dejan llevar por los prejuicios, me dirijo única y exclusivamente a los que han visto la película, los cuales, muchos coincidirán conmigo en que estamos ante la entrega más redonda de la saga desde la insuperable en comicidad Torrente 2: Misión en Marbella (2001). 

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Pero más alucinante que esta hipocresía manifiesta, lo que me parece más increíble es que algunos intenten cargar contra las películas de Torrente acusando al protagonista de casposo, carca y malhablado, sin percatarse de que, precisamente, todo ello esconde una crítica hacia este paradigma del tradicional macho ibérico español; un patrón, por otro lado, que se resiste a morir. Cuando Santiago Segura diseñó a Torrente, el último de sus deseos fue convertirlo en referente de la moralidad y la excelencia; su objetivo era más bien usarlo como arma arrojadiza contra los que todavía comparten sus gestos, lenguajes o pensamientos, aunque entiendo que exista gente que no sea capaz de ver esta doble lectura, esta crítica velada. En cualquier caso, todos los que se escandalizan por las barbaridades de Torrente, acusándole directamente de ser el responsable de todos los males que azotan a España, quizá deberían observar por una mirilla a su vecino del quinto o a su, en teoría, estimable compañero de oficina: lo mismo dejan al desecho social de Torrente en mantillas. 

Este Torrente 5, además, nace con una ventaja clara: el contexto social. Segura se beneficia de la situación de decadencia institucional, social y política que estamos viviendo y apunta en esta última película contra la independencia de Cataluña, la corrupción o la propia idea de construir un Eurovegas en Madrid, una decisión política (felizmente) abortada después de que se decidiese el título de la película. ¿Que se le podía haber exigido mayores dosis de mala baba? Sí. ¿Que el director podría haberse mojado más en según qué asuntos? Sin duda. Ya lo dijo el propio director: “La realidad es tan surrealista que es difícil superarla”. Pero todo ello queda eclipsado cuando tenemos ante nosotros una película trepidante que no da cabida a un segundo de aburrimiento. Amparada por uno de los diseños de producción más brillantes de la historia del cine español -sus 8,5 M de €, felizmente amortizados, dan para mucho-, Torrente 5 brilla en su tramo final del aeropuerto, en algunos gags hilarantes -el protagonizado por Víctor Sandoval quizá se lleve la palma- y, cómo no, la presencia de primeras figuras de nuestro cine, como Chus Lampreave, Carlos Areces o Julián López, o una gran estrella internacional como Alec Baldwin. Todos acompañados, cómo no, por personajes de la cultura popular como Jesús Janeiro, que encaja como anillo al dedo en su papel debutante, o Cañita Brava, y los cameos que se han convertido en una seña de identidad de la saga -El Gran Wyoming, Imanol Arias y Gabilondo son los más destacados-. Por otro lado, la prueba irrefutable de que detrás de la cámara hay ingenio está en sus constantes guiños cinéfilos, desde los títulos de crédito con la voz de Mónica Naranjo –Skyfall (Sam Mendes, 2012)- pasando por Los amantes pasajeros (P. Almodóvar, 2013) u Ocean´s eleven (Steven Soderbergh, 2001).

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Torrente 5 es una película rodada con elegancia. Sí, sé que decir esto donde el protagonista huele las bragas de una octogenaria, invita a sus amigos a hacerse unas pajillas -gran guiño a una de las secuencias más icónicas de la serie- o no tiene problemas en magrearse con Falete, puede parecer un disparate. Pero no: Torrente 5 está rodada con gracia, chispa, brío, frescura e inteligencia. Es una lástima que algunos de los culturetas o snobs de medio pelo que se atreven a criticarla sin verla no sepan lo increíblemente difícil que es rodar una película con la solvencia narrativa suficiente para que sus 100 minutos se consuman en un suspiro: donde el ritmo no baja un sólo segundo. Y luego está, claro, lo más importante: en una época en la que algunas cintas intentan dar gato por liebre o hacer falsas ilusiones al público, Torrente 5 no engaña a nadie: es un trabajo diseñado para entusiasmar a los seguidores de la saga y, ojo, ganar nuevos adeptos. No va más. 

 

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3 pensamientos en “Torrente 5

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