Perdona si te llamo amor

A menudo me preguntan qué considero una mala película y mi respuesta siempre es la misma: una mala película es aquella que no cumple con lo que promete. O, dicho de otro modo, que engaña. Con esta tesis bajo el brazo, Perdona si te llamo amor (Joaquín Llamas, 2014), un trabajo que ofrece exactamente lo que uno espera de él, está lejos del desastre en el que algunos críticos la han situado. Quizá no han sabido ver su máxima virtud: que no intenta dar gato por liebre. Máxima expresión del cine sin complejos, estamos ante una historia de amor dirigida a los fans de las historias de amor. Adaptación de la tercera novela homónima del exitoso escritor italiano Federico Moccia, Perdona si te llamo amor ya contó en 2008 con una versión en su país de origen. En esta ocasión, el novel Joaquín Llamas, director curtido en televisión gracias a su trabajo en series como Tierra de Lobos o Acusados, reemplaza las calles de Roma por las de Barcelona -con todo el acervo cultural que eso conlleva-, aunque sigue conservando el espíritu del libro original: la alegría contagiosa, las ganas de sentirse libre. De vivir un amor, en definitiva, al margen de convenciones sociales. 

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No por sencilla, la historia resulta menos atractiva: aquí se cuenta lo que sucede cuando una joven de 17 años se enamora de un hombre 20 años mayor que ella. Ella es Niki (Paloma Lloyd), una estudiante en el último año de bachillerato. Él, Álex (Daniele Liotti), un atractivo ejecutivo publicitario. La química entre ambos es patente desde el primer instante. La gran pregunta es: ¿será la diferencia de edad un obstáculo para formalizar su relación? La película, salta a la vista, no es cine de arte y ensayo, ni tampoco pretende formular ninguna tesis existencial: lo que pretende Perdona si te llamo amor es construir un romance bien edificado, con el que el espectador se entretenga -y a ser posible se emocione- durante la hora y media larga de película, algo que Joaquín Llamas, un director cuyo talento está fuera de toda duda, consigue de principio a fin. El film cumple su principal cometido: a pesar de que la relación que plantea se nos antoje improbable, termina resultando creíble gracias a la chispa que desprenden sus protagonistas; un Liotti convertido en un acierto total de casting y el gran descubrimiento de la cinta: la debutante Paloma Lloyd, famosa a raíz de su paso por el reality-show Supermodelo. Ambos, que llevan sobre sus hombros la mayor parte de peso de la trama, lejos de desentonar, terminan creando un feeling que traspasa la pantalla, algo vital para una producción de estas características. 

Su cúmulo de aciertos hacen que esta adaptación española de la novela Moccia supere a la versión italiana: a su magnífica factura técnica -se nota la mano de Telecinco Cinema detrás, productora experta en mimar cada uno de sus productos- o su notable trabajo actoral, se suma ese ambiente festivo, casi lúdico, en el que se mueve la pareja. No entiendo, pues, que algunos le reprochen el colocar a sus roles fuera de la realidad -de no hacer, por ejemplo, ninguna alusión a la crisis económica- cuando la novela original pretende exactamente eso: narrar cómo tanto Niki como Álex son capaces de crear su propio universo particular, un mundo imaginario habitado únicamente por ellos dos. A raíz de ahí, hechos como que los padres de la joven no se preocupen lo suficiente por la ausencia de su hija en plena época de selectividad no atienden tanto a un error de guión como a comulgar con esta tesis. Eso no quita con que no encontremos algún que otro momento vergonzante, como la escena del parque de atracciones, difícilmente justificable, lo caricaturescos de algunos secundarios o su cúmulo de frases manidas –“desde que te vi supe que eras el hombre de mi vida”-. Tampoco le hubiese venido mal algún estímulo narrativo extra. Sin embargo, estos defectos quedan compensados por cada uno de los momentos en los que los protagonistas hacen saltar chispas con sólo mirarse a los ojos, en cada cada uno de sus paseos por una Barcelona limpia y radiante -la ciudad condal se explora con una habilidad desarmante- o cuando se introducen en las cristalinas aguas del Mediterráneo, como si de alguna forma el mundo exterior, con sus estúpidas y rígidas normas, hubiera dejado de existir. Perdona si te llamo amor es un cuento de hadas y, como todos, la lógica conviene dejarla al margen. 

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Mucho se ha escrito también en que esta es una película dirigida única y exclusivamente al público adolescente. Nadie duda que éste es su público potencial, pero no veo ni un motivo por el que un hombre de 50 años no pueda ver la película y disfrutarla como el que más. La historia es fácilmente accesible, las localizaciones son para enmarcar y la banda sonora irradia optimismo: el envoltorio es perfecto. Lo más seguro es que no haga historia y ocupe un capítulo intrascendente en el manual de películas románticas, pero es un trabajo que no ofende a nadie y hace pasar un buen rato. Es mucho más de lo que muchas películas románticas pueden presumir.  

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