Purgatorio

Si hay una verdad irrenunciable defendida por este cronista es que, en el mundo del cine, presupuesto y talento no tienen por qué ir cogidos de la mano -aunque el primero, en muchas ocasiones, ayude a materializar el segundo-. Son infinitos los casos en los que una película low cost, rodada con cuatro duros, aglutina mayores dosis de inteligencia y entretenimiento que la última gran superproducción de Hollywood, de ingente inversión. ¿Significa esto que todo el cine de bajo coste es bueno? En absoluto. El enésimo ejemplo lo tenemos en Purgatorio (Pau Teixidor, 2014), largometraje fruto de la iniciativa experimental Tu talento: Cine 365 Film, un festival de cortos que daba la oportunidad al ganador de rodar una película. Una iniciativa patrocinada por Orange y Atresmedia en la que Teixidor, que se presentó con su corto Leyenda, resultó ganador. Con apenas 200.000 € de presupuesto y durante un periodo de tiempo de 10 días, el director sacó adelante Purgatorio, una película que pretende deambular entre el cine de terror y el thriller psicológico pero que, en realidad, no funciona como ninguna de las dos cosas. 

Purgatorio-Película

Estrenada en el Festival de Málaga y compartiendo con el citado corto del director el tema de la infancia, el argumento de Purgatorio gira en torno a Marta (Oona Chaplin), una joven que se ve obligada de cuidar a Daniel (Sergi Méndez), el hijo de su vecina (Ana Fernández). Todo transcurre con normalidad hasta que, pasado un tiempo, nadie aparece para recoger al niño, el cual va poniéndose cada vez más violento. El colmo llega cuando Daniel advierte de la presencia de otro niño en la casa de la protagonista, el cual tan sólo él puede ver. La premisa podría haber dado lugar a una buen ejercicio de intriga capaz de hacerte saltar del sillón en varias ocasiones o, como mínimo, mantenerte enganchado. Nada de ello sucede en Purgatorio, una obra a la que le falta malicia, perversidad por los cuatro costados. En todos los sentidos de la palabra. Exenta de mala baba, su principal problema no es ya la ausencia de escenas que dejen poso, sino su total y absoluta inacción, la inexistencia de giros narrativos que hagan del resultado final algo atractivo, inquietante. Lo más grave de Purgatorio es que da la sensación que no sucede nada a lo largo de ella. De hecho, su premisa argumental no arranca hasta pasada los treinta primeros minutos, algo imperdonable para una película que no llega a la hora y media. 

Durante sus 85 minutos esperamos que la trama de la película de el do de pecho, que llegue ese golpe final que provoque que todo haya merecido la pena -ya saben: una buena resolución puede arreglar una, hasta entonces, mala película-, pero ni por esas. El desenlace sorprende por no contener ni rastro de sorpresa, ni un ápice de emoción. Teixidor juega a parecerse a impecables ejercicios de género made in Spain como Los otros (A. Amenábar, 2001) o El orfanato (J. A. Bayona, 2007), pero patina en el intento. Y es una pena porque al catalán se le nota cierta vocación de estilo, denota pasión cinéfila en algunos de sus planos -la forma de rodar el mareo de Marta– e incluso demuestra saber aplicar algunas señas de identidad del género -los golpes de sonido- pero es un talento construido sobre un guión endeble, falto de garra. Sin pulso narrativo y poseída por la monotonía, lo mejor que se puede decir de esta propuesta cuyos responsables apostaron por un original modelo de distribución basado en la exhibición simultánea en plataformas digitales, televisiones y salas de cine -algo similar a lo que hizo Paco León con Carmina o revienta (2012)- es su protagonista, gran revelación del filme. En su debut, la nieta de Charles Chaplin -conocida hasta ahora por las series Juego de Tronos, Dates o The Hourlogra creerse el desaguisado en el que se ha metido haciendo estimable el duelo dialéctico que su personaje mantiene con Daniel

Fotograma-de-la-película-Purgatorio-en-colaboración-con-Zanussi

Soy de los que considera que hay que aplaudir la ambición, el coraje de intentar sacar adelante algo con muy pocos medios y dinero -y más en tiempos de crisis económica, en los que materializar un proyecto es casi una odisea-, pero también soy de los que cree que el resultado final ha de merecer la pena. Aunque sea mínimamente. Se me hace verdaderamente difícil defender Purgatorio porque fracasa en su principal objetivo: dar miedo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s