X-Men: Primera generación

Aunque X-Men 3 (Brett Ratner, 206) dejaba las puertas abiertas para la continuación de la saga, la tibia aceptación por parte de la crítica y de los fans de los cómics condenaron a la franquicia a la pena de muerte. No ayudaron demasiado los spin off del personaje de Lobezno (Hugh Jackman) que, lejos de contribuir en avivar el interés por la misma, se recibieron con el mismo desinterés, en parte porque no contenían un ápice del espíritu ni del universo de los mutantes alumbrados por Stan Lee. Por eso X-Men: Primera Generación (2011) fue acogida con tanto entusiasmo: porque consiguió resucitar una serie estancada, casi en el olvido. El responsable de la hazaña fue el británico Matthew Vaughn, cineasta elegido por Bryan Singer -director de X-Men (2000) y X-Men 2 (2003)- para ponerse al frente de la mencionada X-Men 3, labor que abandonó dos semanas antes de comenzar el rodaje, siendo finalmente Brett Ratner el elegido. La labor de Vaughn es aún más merecedora de elogio al tratarse de la película más arriesgada de la franquicia, en parte por encuadrar esta historia sesentera, nostálgica y bondiana a más no poder con capítulos claves de la Historia de telón de fondo, como la Guerra Fría, el conflicto nuclear o la crisis de los misiles en Cuba. Realidad y ficción nunca habían caminado tan de la mano.

003-x-men-primera-generacion-espanax_1

El punto de partida de la película es el mismo de X-Men: ese campo de concentración de 1944 en el que el pequeño Erik Lehnsherr, el futuro Magneto, es separado de sus padres para, posteriormente, darse cuenta que puede retorcer y mover objetos de metal sin tocarlos. Poco después será testigo del asesinato de su madre, a cargo del fascista Sebastian Shaw (Kevin Bacon), un acontecimiento que le marcará de por vida. Tras forjar una profunda amistad con Charles Xavier (James McAvoy), ambos liderarán un ejército de mutantes con los intentarán evitar la 3ª Guerra Mundial que el mismo nazi que acabó con la madre de Erik intenta perpetrar. Lo primero que hay que agradecer a este reboot o renacer de la saga, es por molestarse es profundizar en sus personajes, especialmente en un capítulo prácticamente inexistente hasta ahora en las películas como la infancia de Charles Xavier y Magneto, más tarde acérrimos enemigos. A pesar de su amplio despliegue de personajes -y actorazos-, la película no los trata como meras marionetas, sino que tienen oportunidad de mostrar sus aspiraciones o superpoderes, así como las relaciones de diversa índole que mantienen entre ellos. Corrige, pues, el principal problema de X-Men 3. Asimismo, y quizá por el hecho de tener como productor y autor de la historia al propio Bryan Singer, la película reúne todo el imaginario colectivo y la filosofía de los X-Men, algo que contentará a los amantes de los cómics, a pesar de sus múltiples licencias narrativas. 

El hecho de que todos los actores tengan sus momentos de gloria, se debe a la (sabia) decisión de dejar en un segundo plano a Lobezno, hasta ahora alma máter de la saga, que eclipsaba al resto de mutantes por su indiscutible carisma. En esta ocasión, el mítico superhéroe aparece en forma de cameo y tan sólo pronuncia una frase –“anda y que os den”-, uno de los instantes más divertidos de la película y donde Jackman vuelve a demostrar que nadie como él para interpretar ese papel. Un momento perdurable como también lo son la mayoría de escenas de acción, que amplifican, más si cabe, la espectacularidad de las anteriores cintas. Dos ejemplos: cuando Erick saca el submarino del agua o la escena de los misiles del acto final, donde además de notarse la buena mano de Vaughn para el drama -impagable el instante del balazo a Charles Xavier, antesala de su enfermedad-, es patente también su capacidad de crear expectación gracias a un final abierto que nos advierte que la cosa no acaba aquí. Un epílogo que no tiene desperdicio. Otros de sus puntos fuertes es su excelente recreación de la década de los 70, especialmente notoria en el diseño de interiores y en los bares característicos de la época, así como todo su entramado político, con numerosas referencias explícitas a JFK y la Casa Blanca, evidenciando el compromiso social que siempre caracterizó a los X-Men y favoreciendo las lecturas de órdago de la obra. ¿En contra? Un final demasiado precipitado y todo el fragmento con la (dudosa) técnica de la pantalla partida.

04da2fba2c35

Pero si hay algo que destaca en X-Men: Primera Generación es por el buen rollo con el que parece que ha sido rodada: la gran armonía que existió entre los actores queda reflejada en cada una de las escenas. Al final, lo que queda es la mejor adaptación Marvel hasta la fecha -junto con Spiderman 2 (Sam Raimi, 2004)- Un excitante conglomerado de acción, aventuras y filosofía que, en un instante glorioso, nos deja la siguiente frase: “los mutantes no deberían hacer ningún esfuerzo por integrarse en la sociedad”, amén del llamamiento a la integración que recibirán con los brazos abiertos los que alguna vez se sintieron fuera de lugar en un mundo que sigue sin tener piedad en dar la espalda a las minorías. Los X-Men están con ellos. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s