Capa caída

¿Es posible hacer una película de superhéroes sin un gran presupuesto y sin apenas efectos especiales? Capa caída (2013), bautismo triunfal en el largometraje de Santiago Alvarado, demostró que no sólo es posible, sino que además el resultado puede ser igual o más digno que la más cara de las superproducciones. Escrita por el propio director al alimón con Ramón Salas y vendida bajo el tagline de “la primera película española de superhéroes”, es posible que este primer trabajo de la productora Magno Entertainment S.L -cuyo éxito le ha permitido seguir trabajando en nuevos proyectos- decepcione a los incondicionales de las películas de enmascarados, así que conviene decirlo de entrada: quien se acerque a ella buscando los elementos típicos del cine de superhéroes se equivocan: lo que aquí prima es la comedia. Y, a partir de ella, elaborar una sagaz crítica social a (casi) todos los estamentos de la sociedad, desde el político hasta todo lo que significa ese “no dejes de grabar: grábalo todo” que en su día popularizó esa reportera a la que da vida Manuela Velasco en REC (Jaume Balagueró & Paco Plaza, 2007) y que aquí resurge con fuerza. 

72620_154980511327304_1232866143_n

Narrada en clave de falso documental, Capa caída despliega la historia de Magno (Juanjo Pardo), otrora famoso superhéroe español que, tras verse implicado en un caso de abusos sexuales del que es inocente, trabaja ahora como frutero en unos grandes almacenes. Veinte años después del escándalo, un periodista (Rafa Delacroix) y su cámara deciden hacer un reportaje sobre su figura y limpiar su nombre. Será cuando Magno resurja de sus cenizas, vuelva a ponerse su capaz y se convierta en el ídolo que un día fue. Lo más admirable de Capa caída es como la etiqueta “low cost”, lejos de suponerle un handicap, le beneficia: la película demuestra que con cuatro duros puede construir un artefacto con un guión más lúcido e inteligente que muchos blockbuster: el filme tiene claro su objetivo y lo desarrolla con pulso firme. Estamos, pues, ante una de esas películas con la trastornadora capacidad de hacer algo grande con algo muy pequeño. Su generalizada austeridad visual, especialmente patente en las escenas de la lucha de Magno con el monstruo en el tramo final, es uno de sus puntos más atractivos, ya que además de transmitir cercanía confiere al resultado final un agradable aroma de serie B. Es por ello, y por su cantidad de referentes cinematográficos -desde Superman (Richard Donner, 1978), hasta ET. El extraterrestre (Steven Spielberg, 1982)- que la disfrutarán especialmente los que posean una cierta memoria cinéfila, sobre todo los curtidos en el cine de superhéroes. 

Con presencia en Sitges -donde ganó el premio Noves visions emergents-, en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián o en la III Festival de Cine Fantástico Europeo de Murcia -donde se alzó con el premio a la Mejor Película-, Capa caída sale enormemente beneficiada por su actor principal, el televisivo Juanjo Pardo. Uno no entiende cómo una bestia interpretativa, capaz de demostrar una variedad de registros tan amplia, no ha hecho más papeles importantes en cine, máxime cuando aquí saca adelante un rol protagónico tan complejo como Magno de forma admirable; un rol que lo mismo nos hace reír que nos enternece -esa escena, frente a la soga, ahogado en lágrimas, es para enmarcar-. El resto de intérpretes se mantienen a la altura, con especial mención el cameo del director y guionista Joaquim Oristrell. Tan atípica como extraña, capaz de convertir en realista lo hiperrealista y en creíble lo increíble, Capa caída hubiera sido perfecta de haber omitido algunos puntos muertos en un guión, por otra parte, saludablemente frívolo, sarcástico y gamberro, o si hubiese puesto su definitivo punto y final en la escena del discurso de Magno, realzado por la partitura de Néstor Romero Clemente, que adscribe en todo momento al protagonista en un subyugante universo bucólico. Por ello, y a pesar de su gran presencia en Festivales, es una pena que una película tan original y con una personalidad tan definida no haya gozado de un circuito comercial más o menos amplio, aunque quizá sea el precio que hay que pagar al no contar con ningún tipo de ayuda pública.

 capacaida

Estamos necesitados de héroes. E, incluso, hay momentos en la historia en los que no hubiesen venido mal -¿qué tal a la hora de detener a Hitler?-. Así, cuando en los últimos minutos de este espectáculo que reivindica lo añejo al mismo tiempo que se sitúa, por todos sus frentes, como un perfecto hijo de su tiempo, aparece un rótulo que reza que “Magno es nuestra última gran esperanza”, no puede llevar más razón. Es la tabla salvavidas a la que aferrarse cuando todo se desmorona, el bastón que tantas veces hemos echado en falta en un mundo hipersaturado de situaciones exentas de cordura. Magno es lo que la Humanidad, a pleno pulmón, está pidiendo a gritos. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s