Carmina y Amén

Tras poner patas arriba la industria del cine con ese experimento sociológico llamado Carmina o revienta (2012) -estrenado simultáneamente en plataformas online, televisión a la carta, dvd y cines, una medida no exenta de polémica que se saldó con un notable éxito de público-, Paco León volvió a sacudir los modelos de distribución tradicionales al habernos brindado la oportunidad de ver la segunda parte de dicho experimento de forma gratuita en más de cien cines españoles un día antes de su estreno comercial. Una revolucionaria -y controvertida- iniciativa que se saldó con más de 50.000 espectadores, lo cual sólo puede calificarse de éxito. La duda era si a partir del día siguiente, esto es, cuando el público tendría que pagar por disfrutarla, las cifras iban a ser igual de halagüeñas. Y Carmina y amén (2014) no defraudó: entró directa al 5º puesto de las más vistas en España, certificando que la gente tenía hambre de Carmina, ese mujer arrolladora, hiperbólica e increíblemente lúcida que sigue siendo la misma heroína que conocimos en la primera entrega. Dispuesta a llegar donde haga falta con tal de sacar a su casa y su familia adelante, quedo de nuevo seducido ante ella porque cuando habla parece sentar cátedra, como bien condensa la frase más característica del filme y que mejor define a su protagonista: “Yo no miento nunca: yo cuando digo algo se convierte en verdad. Y amén”.

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La trama arranca con la repentina muerte del marido de Carmina a falta de dos días de cobrar la paga extra que tenía pendiente. Consciente de la necesidad de hacerse con ese dinero para tapar agujeros, la matriarca convence a su hija María de no dar parte de defunción hasta pasados estos días, periodo de tiempo en el que Carmina deberá lidiar con los dispares personajes de su vecindario anclado en un barrio humilde de Sevilla. Muerte y vida se conjugan en una película que también deambula entre la realidad y ficción, la improvisación y lo textual y, ante todo, entre el surrealismo más extremo y el hiperrealismo más atronador. Un vertiginoso juego de contrastes poco frecuente en cine por el que León vuelve a arriesgar, a (re)inventar incluso un género tan atípico como el cine experimental… con vocación comercial. El sevillano, que demuestra un coeficiente de inteligencia altísimo, sorprende en su segundo largometraje por su madurez tanto en la labor de dirección como en la de guionista -en la que nos regala algunas frases que ya ocupan un capítulo de oro en la historia de la comedia española, como “se está muriendo gente que no se ha muerto nunca”-, y convierte a Carmina y amén en algo imposible de calificar, en algo tan extraño pero a la vez tan fascinante como la propia vida. 

Repleta de referencias -desde las literarias, como Cinco horas con Mario en cada una de las conversaciones que Carmina mantiene con su esposo, hasta las cinéfilas, como el guiño a la Julieta Serrano motorizada de Mujeres al borde de un ataque de nervios (P. Almodóvar, 1988)-, Carmina y amén no es sólo superior a la primera parte en el plano logístico -más presupuesto, más tiempo de rodaje, más duración-, también en su arrojo al confeccionar una estampa brutal de la sociedad española: desde el drama de la inmigración, hasta la subida de las tasas universitarias pasando por los problemas de la Monarquía, los desahucios o la corrupción -ojo al loro Bárcenas, humor negro en estado puro ante el cual Berlanga y Azcona aplaudirían a rabiar-: todas las patologías de nuestro tiempo aparecen condensadas a lo largo de los 100 minutos de este clásico instantáneo ganador de 2 Biznagas en el Festival de Málaga -mejor guión y mejor actriz de Reparto para la heterocuriosa y de comicidad desbordante Yolanda Ramos, cuya secuencia en el sofá con la protagonista es para enmarcar-. Auténtico alma de la película, el personaje de Carmina funciona porque parece tan indestructible como la más experimentada de las superhéroes, una especie de Catwoman o La Viuda Negra que, a diferencia de éstas, este sólido timón al que aferrarse cuando todo parece caerse a pedazos no necesita esconderse detrás de un antifaz y sus poderes se condensan en sacar fuerzas de donde no las hay para mantener a los suyos siempre a flote. 

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Pero por lo que queda engrandecida la propuesta es por su final al ritmo del My way de Nena Simone; minutos en los que este mujer fuera de la ley, este indestructible mito que parece situarse siempre por encima del bien y del mal, nos recuerda que es tan humana como cualquiera de nosotros. Enérgica, deslenguada e impulsiva, pero humana. Un desenlace que viene a subrayar el canto a la autenticidad que desprende la obra, a no dejarse amoldar para encajar en una sociedad desde la que es muy fácil criticar pero difícil, muy difícil, diagnosticar sus propias vergüenzas. Que haya quien la acuse de vulgar cuando ni ellos mismos son capaces de mirarse en el espejo, es el mejor piropo que la película -y la propia Carmina– podrían recibir. Y amén. 

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4 pensamientos en “Carmina y Amén

  1. Y amén. No es que sea ya una paradójica radiografía de la España más actual, sino del carácter del español medio. Sin herir, sin atacar con el fin de prejuzgar. Sólo enfocando con el objetivo y pulsando el botón. Y el color que sale al trasfondo por supuesto que es el que todos percibimos: negro.

    Y sí, estoy de acuerdo contigo, Carmina es la heroína de hoy en día, la que no necesita máscara para conseguir lo único que se puede conseguir en la España de hoy en día, la del postpelotazo: sobrevivir. Y lo que muchos considerarían como inmoral o ilegítimo ella lo hace moral. Aquellos barros trajeron estos lodos.

    Y sí amigo. Y amén.

    • Viva Carmina y la madre que la parió! jajaja Carmina es el timón al que aferrarse cuando todo, TODO, está cayéndose a pedazos. Y muy de acuerdo con tu frase “aquellos barros trajeron estos lodos”.
      Abrazo!! 🙂

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