Kamikaze

En su debut en el largometraje, Alex Pina -creador y guionista de series de éxito como El barco, Los hombres de Paco o Los Serrano-, forja un trabajo tan arriesgado al que su título parece hacerle honor. Kamikaze (2014), híbrido entre comedia costumbrista, thriller, terrorismo, verborrea argentina y drama sentimental, era un proyecto, a todas luces, suicida. Sin embargo, en manos de Pina, la arriesgada y valiente peripecia no sólo aprueba, sino que se eleva por encima de la media. Armada con un reparto absolutamente entregado a sus papeles y por un competente despliegue de producción, Kamikaze está lejos de ser, desde luego, una película rendida al tópico. Sus prodigiosos diez minutos iniciales, que nos engañan creyendo que el argumento va a irse por derroteros que finalmente no son, nos introducen en la historia de forma ipso facta. Con un dominio sorprendente para crear tensión, el director y coguionista de la cinta junto a Iván Escobar se revela también como un maestro del humor cuando, tras este intrigante arranque, la película apueste por los derroteros de la comedia -ojo a la tronchante escena del trineo entre los personajes de Carmen Machi y Eduardo Blanco-.

"KAMIKAZE"

En una interpretación prodigiosa para la que tomó clases de ruso y pasó varios días viviendo en Georgia, el tinerfeño Álex García da vida a Slatan, un terrorista ruso suicida originario de Karadjistan que planea hacer volar un avión de pasajeros que sale de Moscú con destino a Madrid. Sin embargo, sus planes se irán al traste cuando una tormenta de nieve impida el despegue y la compañía se vea obligada a alojar a los pasajeros en un pequeño hotel hasta nuevo aviso. Así, el despiadado Slatan se verá obligado a convivir, durante tres días, con sus posibles víctimas, entre las que se crea una férrea relación. Película tierna y entrañable, Kamikaze sale ilesa de lo que podría parecer un argumento disparatado y nos sorprende por su forma de enfocar el drama del terrorismo, siempre desde primera persona -el recurso del flashback, muy bien utilizado, ayudan a describir las motivaciones de Slatan-. Me resulta llamativo, a la par que original, que la peor de las bestias, que hasta el más sanguinario de los asesinos, pueda verse conmovido por gente tan optimista y animosa como la que pretendía hacer saltar por los aires. Y, al igual que él, nos encariñamos con un repertorio de personajes entre los que nace una sólida telaraña emocional: una pareja de recién casados, un sabio argentino, una viuda en la que vuelve a aflorar la ilusión… Una dispar maraña de personalidades por las que nos brotan ganas de convertirnos en unos huéspedes más en ese acogedor hotel de montaña.

A pesar de todo, es una lástima que el guión no incluya más escenas -como la del bingo o la del desayuno- que ayuden a encariñarse con los personajes, que potencien ese tejido sentimental que, de alguna forma, los entrelaza. No es el único defecto de una película aquejada también por alguna laguna de guión -la incapacidad de los huéspedes de distinguir unas medicinas de un cinturón de explosivos, la facilidad con la que pulula un perro por una pista de aterrizaje- y la inevitable sensación final de que sus múltiples tramas y subtramas no cuentan con el tiempo necesario para su desarrollo: en esta línea, Kamikaze podría haber optado por dos vías: o alargar su duración o recortar tiempo de otras escenas no tan necesarias para transmitir el mensaje de positivismo que se quiere lanzar. Porque si algo nos enseña este film trufado de buenas intenciones es que hay que aprender a relativizar los problemas, a darle importancia a aquellos que realmente lo merecen. Tal y como dice el personaje de Héctor Alterio, una especie de ángel de la guarda: “siempre hay alguien que sufre más que tú. Y sólo tienes dos opciones: o pudrirte por dentro o bailar al ritmo de la vida”.

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Presentada en el Festival de Málaga, la película nos termina ganando por sus incontables proezas: por hacernos sentir fascinados por un personaje tan inaccesible y moralmente reprochable como el protagonista, por encogernos el corazón por la detonante química entre éste y Nancy (Verónica Echegui) -pareja en la vida real-, por dejarnos boquiabiertos con su gran trabajo de montaje -como bien demuestra la primera escena de karaoke- y, sobre todo, por desconcertarnos por su constante imprevisibilidad. Y es que el gran valor de Kamikaze, por encima de todos los demás, es que se hace difícil, por no decir imposible, anticiparnos a sus acontecimientos. Tal y como en la vida misma.

 

 

 

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2 pensamientos en “Kamikaze

  1. Me ha gustado mucho la película, mezcla de risas y sentimientos muy bónica. Su crítica me parece que se acerca mucho a lo que he sentido viéndola. Enhorabuena. Por cierto, la Nancy queda como la típica niñata, que piensa que sus problemas son los más grandes del mundo porque no conoce los de los demás, posiblemente sea la que más aprende en la película.

    • A mí también me pareció una película muy tierna, tiene una mezcla de géneros arriesgada, pero esa es precisamente su originalidad. Dan ganas de quedarse a vivir en la película, a pesar de que habla de algo tan serio como el terrorismo. Gracias por tu comentario!

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