Elling

¡Qué gusto da encontrarse con una película que no disfruta haciendo leña del árbol caído! O, lo que es lo mismo, que no utiliza su drama para vender compasión ni lágrima fácil, sino respeto, comedia y, por encima del resto, humanidad. La nórdica Elling, segundo trabajo del realizador Petter Naess, es el perfecto ejemplo de cómo un documento audiovisual es capaz de esquivar el tremendismo en el que podía haber incurrido fácilmente su argumento para regalarnos un trabajo lleno de ternura y de vida. Basada en la tercera de las cuatro novelas del prestigioso escritor noruego Ingvar Ambjörnsen -todas protagonizadas por el entrañable y deficiente intelectual Elling-, la película narra el proceso por el que dos compañeros de habitación de psiquiátrico deben enfrentarse al mundo real, justo en el momento en el que los servicios sociales, tras considerar que ya son aptos para valerse por sí mismos, le concedan un apartamento en el que iniciar una nueva vida. Además de por sus perpetuos intentos de superación, ejemplificado en acciones tan cotidianas como ir a comprar, contestar al teléfono o cruzar la calle, lo que nos termina de emocionar es el lazo afectivo que se crea entre ambos. Al final, más que una historia sobre dos disminuidos, asistimos a una auténtica oda, a un sincero canto a la amistad. 

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La gran baza de la película es un guión -escrito por Axel Hellstenius, responsable de la adaptación previa al teatro del film- que parece cumplir a rajatabla cada uno de los postulados del capítulo de Creación de personajes del mejor de los manuales de escritura de guión. Algo lógico, ya que conectar con los dos protagonistas se hace en este ejercicio sobre la tolerancia y el respeto más necesario que nunca. Así, disfrutamos con dos roles que, a pesar de hermanarse en cuanto a sentirse supervivientes en medio de la jungla urbana, son más diferentes de lo que parecen: mientras Elling (Per Christian Ellefsen) es un ser refinado, culto y algo sibarita, su compañero de habitación (Sven Nordin) es más rudo, proclive a los instintos primarios y más amante del trabajo físico que al intelectual. Prácticamente desconocidos, ambos intérpretes alcanzaron cierta notoriedad internacional gracias a unos trabajos que bordan. Con sus papeles nos hacen reflexionar sobre cómo tareas inocuas para el resto de población se convierten en algo más complicado para ciertas personas, a veces hasta imposible. El llamamiento social que se desprende del film, de acoger y, por consiguiente, integrar a estas personas, está fuera de toda duda. Con todo, Elling, está lejos del discurso panfletario o lejos de abrazar cualquier enseñanza barata.

Pero lo más curioso de todo es que Elling es un film político. O, dicho de otro modo, es una película que, con suma sutileza, elogia las leyes laboristas y reformistas que se han ido adoptando en Noruega en los últimos años y que, con toda la lógica del mundo, han desembocado en el estado del bienestar nórdico actual. Aunque a veces no nos demos cuenta, la cinta funciona como una eficaz radiografía del sistema sanitario o administrativo, por citar sólo dos ámbitos, del país. Acostumbrados a ver películas en las que se ataca al poder, a los gobernantes de un pueblo o los consabidos atentados contra los derechos más elementales de las personas que éstos cometen, sorprende ver cómo una película pone en alza un país que, aún lejos de ser perfecto, siempre ha demostrado una sensibilidad especial por las clases más desfavorecidas, más especiales. A pesar de que su destino natural no fueron las multisalas, la proyección internacional de la cinta -además de proyectarse en festivales como San Sebastián, llegó a estar nominada al Oscar como mejor película de habla no inglesa, pese a que en países como España pasó desapercibida por la guerra que disputaban Amelie (Jean-Pierre Jeunet, 2001)o El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001)-, permitió que muchos ciudadanos conocieran la realidad de un país como Finlandia, sobre todo cuando se está bajo el mandato de unos partidos políticos cuyo compromiso social se diluye tras ganar las elecciones. El simple hecho de conceder una vivienda social, por ejemplo, es algo impensable en muchos países mal llamados desarrollados.

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Retrato de la superación de bajo presupuesto narrado de forma más que acertada en primera persona, algunos la tacharon de no provocar la emoción suficiente. Discrepo: su guión, lúcido e inteligente, va sumando entidad emotiva en cada uno de los obstáculos que esta entrañable pareja va superando, en cada una de las conversaciones que estos dos amigos mantienen acerca de sus fantasías viajeras, sexuales, miedos o frustraciones. Al final, la lectura es clara: no hay nadie más discapacitado que aquél que es incapaz de aceptar al diferente.

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2 pensamientos en “Elling

  1. Me ha encantado tu comentario sobre la realidad social de ese país; tienes toda la razón del mundo. A nosotros nos puede pasar desapercibido o incluso sorprender, más bien, porque no estamos acostumbrado a ello. pero, como tu muy bien dices, los cimientos de una sociedad en igualdad de derechos y verdaderamente desarrollada empiezan por ahí.

    Esto es para enseñárselo a los señores del tijeretazo que insisten en limitaciones sociales, rezarle a la virgen y enriquecer a los ricos y decirles “miren, estos señores están en cabeza de los países desarrollados por ésto, ésto y ésto y nosotros estamos en la cola……” y entonces enseñarles todas las medidas que ha ido tomando, amén y vídeos de los políticos de los distintos partidos imputados por corrupción. Pero no, sigamos discutiendo en el Congreso de los Diputados si yo soy muy bueno o tú lo haces muy mal.

    Un país es más o menos desarrollado en función del desarrollo de sus políticos. Republic Banana Town..

    Por cierto, muy buena crítica, muy buena.

    • Gracias por tu comentario Daniel! Me alegro que te haya gustado la crítica. El gran nivel de asistencia social del país de la película es una de las cosas que más me llamó la atención de la misma… y lo comparé irremediablemente con España. Aquí, en la coyuntura en la que nos encontramos ahora mismo, muchas concesiones sociales de primer nivel como las de Elling, son directamente impensables. Spain is different, ya tú sabes…

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