Castigo sangriento

Bailes de graduación, chicas populares de instituto, animadoras… y, en medio de todo esto, un psicho-kyller que empieza a cargarse a todo bicho viviente. La carta de presentación de Castigo sangriento (Joseph Kahn, 2011) hará saltar las alarmas a más de uno. A un servidor, sin ir más lejos. Aunque, contra todo pronóstico, he de reconocer que dilapidé mis prejuicios a sus pocos minutos, eclipsado ante el original y frenético arranque. Es probable que algunos críticos la valoren como una película al uso o, mejor dicho, que se la tomen demasiado en serio. Craso error: el atractivo de la nueva propuesta del director de ese patinazo llamado Torque, rodando al límite (2004) estriba en que es la antítesis de lo convencional. Enmarcada dentro del subgénero de la auto parodia del cine de terror -puesto de moda a raíz de la saga Scary Movie (Keenen Ivory Wayans, 2000)-, muchos la han comparado con la nueva Scream (Wes Craven, 1996) y no andan desencaminados: a un argumento que pasa por los intentos de un perturbado por emular al asesino de la película de moda –Cinderhella-, se suma la propia torpeza del propio criminal, como si en el fondo no fuese todo un espectáculo para reírse de sí mismos, del género… y de todo. 

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El espectáculo comienza con el asesinato de la adolescente Taylor (Alison Woods), una de las chicas más famosas de secundaria. A partir de dicho suceso, se extiende la voz de alarma que un asesino anda suelto. La siguiente víctima será Riley Jones (Shanley Caswell), una chica que representa todo lo contrario a Taylor: es introvertida y sufre el rechazo de sus compañeros. Para colmo de males, es castigada después de clase. Sobre ella pivota la que, aunque no lo parezca, dista mucho de ser la típica película teen vista mil veces, sino que tal y como sucedía con La cabaña en el bosque (Drew Goddard, 2011), su razón de ser estriba en que es un continuo homenaje a grandes títulos del cine, como Donnie Darko (Richard Kelly, 2011), o Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985) -de ahí sus viajes temporales-, a lo que se suma sus referencias a otras películas como Iron Man, Los Pitufos, Avatar, a actores como Jamie Lee Curtis o Steven Seagal o a símbolos de la cultura pop de los 90 como Los Simpson -en el plano televisivo- o los Backstreet boys -en el plano musical-. Toda la metralla de información a la que nos somete el film desde su apabullante escena inicial hace que se antoje imprescindible un segundo visionado en el que capturar detalles que a buen seguro pasarán inadvertidos a primera vista.

El alto grado de autoconsciencia que muestra en todo momento Castigo sangriento no la hace sólo, en buena medida, impermeable a las críticas negativas, sino que nos indica que hay que tomársela como lo que es: un simple y puro divertimento, aunque escrito con inteligencia y con más trasfondo del que puede parecer en un principio. Cierto es que algunas de sus historias son absurdas, que en algún momento traspasa lo hilarante para caer en lo ridículo o que el guión podía haber jugado algo mejor sus cartas, pero en líneas generales es uno de los híbridos más satisfactorios de los últimos años entre terror y comedia. Catalogada como película de culto en Estados Unidos y presentada en el Festival de Sitges, la cinta se ve reforzada en el plano artístico por un reparto juvenil que no sólo no desentona, sino que se revela como una agradable sorpresa -y que, por una vez, nos sorprende con adolescentes haciendo de sí mismos, no con treintañeros emulando ser alguien con quince años menos- y por la labor de Kahn tras la cámara, quien saca provecho de su experiencia como realizador de vídeos musicales haciendo más atractivo visualmente su trabajo por ese toque videoclipero y unos destellos formales francamente atractivos. Su escasez de presupuesto, por otra parte, es tomado aquí como una ventaja más que como un lastre: claro que escenas como la del incendio o en la que a un personaje le salen alas en pleno acto sexual son de auténtica serie B, pero es que ese es justo el objetivo. ¿Acaso los efectos especiales de Posesión infernal (Sam Raimi, 1983) eran excelentes? Y, sin embargo, con el tiempo ha conseguido ser todo un referente en el cine de terror. Castigo sangriento no aspira a tanto, pero te garantiza un sano y fresco entretenimiento. Puede gustar más o menos, pero difícilmente te resultará aburrida.

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Estamos, en definitiva, ante una obra para disfrutar sin calentamientos de cabeza que sabe muy bien a qué target pretende dirigirse, algo que desgraciadamente no todas las películas tienen igual de claro. Un film intachable en el plano técnico, con una fotografía brutal, despojado de cualquier pretensión, excepto la de poner de manifiesto su añoranza, su tremenda nostalgia por un pasado que sería injusto que cayera en el olvido y que, queramos o no, ha conformado la personalidad de su público potencial. 

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