De tal padre, tal hijo

¿Cómo afrontarías la delicada tesitura de descubrir que el niño al que has estado criando durante 6 años no es en realidad tu hijo? Es el implacable punto de partida de De tal padre, tal hijo (Hirokazu Koreeda, 2013), nueva criatura de uno de los más claros descendientes de la temática y el método cinematográfico de Yasujiro Ozu. El cineasta nipón vuelve, así, a uno de sus temas predilectos: el drama familiar, pivotando siempre en la figura de los más pequeños, como ya ocurriese en Nadie sabe (2004) -calificada por muchos como su obra maestra- o Kiseki (2011). Triunfadora en el Festival de Cannes y el de San Sebastián -donde logró el Premio del Jurado y el Premio del Público respectivamente-, De tal padre tal hijo no se anda por las ramas y plantea su conflicto moral a los pocos minutos para pasar a desarrollar, durante las dos horas siguientes, las patologías psíquicas y trabas legales que dicha revelación tendrá en los afectados. El director y también guionista firma una obra que, a pesar de su tremendo arranque, no presenta el más mínimo flirteo con el morbo. Al revés: la sensibilidad que demuestra Koreeda en todo momento es abrumadora, como ejemplifica la escena de la revelación en el hospital, toda una declaración de principios.

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La familia feliz y acomodada que conforman Ryota (Masaharu Fukuyama), un prestigio arquitecto, su mujer (Machiko Ono) y su hijo de seis años se viene al traste cuando reciben una llamada del hospital en el que nació el pequeño. Una vez allí, los responsables del centro les comunican a los padres que su hijo fue intercambiado por el de otro matrimonio por una enfermera desequilibrada. Ese otra pareja son los Saiki, de clase social mucho más modesta, que también verán quebrada su estabilidad con tan estremecedora noticia. A partir de este jugoso dilema moral, la película plantea cuestiones no menos puntiagudas: ¿Romperías todos los lazos afectivos que te han mantenido ligado a tu hijo si un día descubres que no es tal?, ¿es moralmente aceptable pedir derechos legales sobre alguien al que has ignorado, de forma consciente o no, durante años?, ¿el verdadero padre es aquel con el que compartes ADN o el que se hace responsable de ti desde tu nacimiento? O el dilema capital: a la hora de la verdad, ¿pesan más los lazos de sangre o los del cariño? Sin entrar nunca en valoraciones y mostrándose lo suficientemente aséptica para que sea el espectador quien tome partido, De tal padre, tal hijo cuestiona el concepto de familia tradicional o, lo que es lo mismo, nos obliga a preguntarnos qué entendemos realmente por tal. En este sentido, el film plantea que el confort, la estabilidad y el sentirse querido poco o nada tienen que ver con los vínculos genéticos, con lo que alguien puede denominar FAMILIA en mayúsculas.

Debido a la infinidad de cuestiones que expone, la cinta confía en la inteligencia del espectador para responderlas. Eso sí: no es una película común, y se ajusta lo máximo posible a los rasgos que mejor definen al cine de autor japonés: silencios, elegancia formal y un tempo narrativo más contenido que en el frenético cine estadounidense. Al tiempo que va planteando dichos dilemas, De tal padre, tal hijo ofrece una ilustrativa radiografía de la sociedad nipona; una sociedad en la que la gran mayoría de los hombres, enfrascados en la labor de ganar dinero y/o estatus laboral, descuidan sus obligaciones familiares -rol que representaría Ryota-, pero en la que también está abriéndose paso el rol del Ikumen, es decir, el hombre que va tomando más partido en dichas tareas -figura materializada en los Saiki- y que cada vez está mejor visto. Narrada con una sutileza y una contención fuera de lo común, la película abandona el terreno folletinesco y se sitúa en otras latitudes: las de mostrarse comprometida con su conflicto central sin caer en alarmismo. Estrenada en los cines japones con gran éxito -se colocó como la más vista la primera semana de su estreno-, De tal padre tal hijo no sólo no abusa de su drama, sino que deja asomar por sus rendijas la risa. La intención es acercarla lo máximo posible a la vida misma, donde todo tiene cabida.

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Uno de los puntos fuertes de esta propuesta densa que contra todo pronóstico se digiere con una facilidad aplastante, es su labor de casting: ninguna interpretación chirría en una función en la que hasta los niños ofrecen un auténtico recital interpretativo. En cuanto a su argumento, por atractivo y actual, es carne de cañón para el consabido remake americano. Pero los fans del film pueden estar tranquilos: el director que más interés ha mostrado al respecto ha sido Steven Spielberg -presidente del jurado de Cannes, donde se proyectó la película-, un valor seguro. En todo caso, difícil tarea la que tiene por delante el responsable de El diablo sobre ruedas (1971) o Lincoln (2012) para superar este espectáculo de impecable confección. 

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2 pensamientos en “De tal padre, tal hijo

  1. ¡Fenomenal! Me ha encantado tu crítica. Muchas, muchas son las preguntas que plantea sin, efectivamente, tomar partido. Y esto es un acierto.

    Y todo contado con gran sensibilidad.

    A este director ya lo tengo fichado 🙂

    • Una lástima no haber visto juntos esta película porque habría dado para un interesante post-debate en el Ficciones! 😉 Yo también tengo fichado a este director y eso que esta película es la 2ª que veo suya. Me encanta la postura que toma el cineasta, sin mojarse y dejando que el espectador decida libremente! 🙂

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