La gran belleza

Una película que comience con una fiesta en la que suenan el Far I´Amore de Raffaella Carrà & Bob Sinclar y el Mueve la colita de El Gato Dj y que el resultado final, lejos de chirriante, resulte majestuoso, es algo que, de entrada, merece todos mis respetos. Es sólo una de las arriesgadas peripecias que aglutina La gran belleza, sexto trabajo de Paolo Sorrentino, uno de los cineastas actuales más vanguardistas. Tras debutar en Hollywood con la irregular Un lugar donde quedarse (2012), el italiano retorna a su tierra natal para elaborar no sólo la más redonda obra de su carrera, sino uno de los más lapidarios retratos acerca de la decadencia y la doble moral aristocrática -con permiso de Federico Fellini y su Dolce Vita (1959), fuente de inspiración para el artista-. Como digo, La gran belleza se inicia con uno de los festejos más frenéticos y mejor rodados de la historia del cine -20 minutos arrolladores-; un jolgorio en el que te gustaría participar para, poco después, huir despavorido: justo en el instante en el que descubras que lo que pretende esta gente de la alta sociedad italiana es escapar, a ritmo de la Carrá, de la mediocridad y la hipocresía que rige sus vidas.

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La gran belleza se mueve en esta dualidad constante: nunca terminas de tener claro si te gustaría habitar en ella o no. Por un lado, captura como pocas la majestuosidad y la riqueza de una ciudad convertida, por méritos propios, en la cuna cultural de la civilización occidental . No es casual, por tanto, que muchas de estas fiestas plagadas de drogas, sexo y alcohol se desarrollen con el Coliseo Romano, máximo estandarte de esta cultura, de telón de fondo -literalmente-. La declaración de amor hacia la también conocida como Ciudad Eterna es manifiesta en los planos generales del realizador en los que se concentran muchos de sus emblemáticos monumentos. Muy distinta resulta su fauna, ese conjunto de animales salvajes que pululan por sus calles y contra los que se propina una catedralicia crítica. De la mano de Jep Gambardella (deslumbrante Toni Servillo, en su cuarta colaboración con el director), un escritor de 65 años que dejó de escribir hace cuatro décadas con la publicación de su primer libro, nos adentramos en una ciudad donde conviven, como en pocas, lo clásico y lo moderno. Con él, compartiremos el desencanto y la desilusión por un lugar poblado por unas clases adineradas frívolas que, a pesar de sus aires de superioridad, no son más que pura fachada. Gambardella apunta en una ocasión que no ha vuelto a escribir porque “no ha encontrado la inspiración”. ¿Cómo encontrarla en medio de un paraje tan moralmente decrépito, en las entrañas de ese circo cochambroso habitado por individuos que, pese a estar rodeados de gente, se encuentran solos?

Ganadora del Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa y nominada al Oscar en la misma categoría, esta coproducción entre Francia e Italia concentra, en definitiva, el esplendor de Roma con su lado más oscuro, lo que la alejaría de alguna visita turística más indulgente con esta lugar como A Roma con amor (Woody Allen, 2012). Abierta a un sinfín de interpretaciones, algunos la resumirán como un cúmulo de momentos inconexos, cuando no hay mayor cohesión que esa decadencia gravitando alrededor de un hombre que, en su condición de observador de la realidad, de turista noctámbulo, poco puede (o quiere) hacer para cambiarla -más allá de algún monólogo incendiario a una de las criaturas de esa jauría-. Sorrentino, que dota a la función de una energía increíble gracias a una cámara en constante movimiento y también de una belleza inigualable al concebir el film como un poema visual de primer orden, señala a la espiritualidad como una de las claves para salir de este agujero negro en el que parece haber caído la sociedad -la historia se ambienta en Roma, sí, pero es perfectamente extrapolable a cualquier lugar-, de ahí que los símbolos religiosos pululen sin cesar por la narración. Eso sí, el director exprime al límite su tiempo: de haber durado un minuto, un sólo minuto más, estaríamos hablando una cinta larga, incluso redundante. Todo lo contrario de otros fenómenos cinematográficos recientes como La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) o El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013) que, a pesar sus 180 minutos, podrían durar otras 3 horas sin problemas. 

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Película crepuscular en todos los sentidos de la palabra, La gran belleza es de esas películas que pueden gustar o no, pero que no dejan indiferente: te verás en la obligación de hablar de ella al salir del cine. Rúbrica de cine de autor, la obra gana varios enteros por su extraordinaria banda sonora, con algunos temas que se encargan de acentuar esa sensación de liberación, de vuelta a los orígenes, que persigue constantemente su figura central. Así queda demostrado en ese escena en la que Gamdardella se sitúa frente a un interminable muro cubierto de las fotografías que alguien se ha ido haciendo todos y cada uno de los días de su vida. El personaje llora, con una magistral composición por el cuarteto de cuerdas estadounidenses Kronos Quartet de fondo, mientras mira embelesado esas estampas que certifican no sólo el paso del tiempo, también son la ilustración más certera de la razón de ser de la película: lo que un día fue y nunca más será.

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6 pensamientos en “La gran belleza

  1. «La più grande ambizione di Flaubert era scrivere un romanzo sul niente, se ti avesse conosciuta avrebbe avuto un grande spunto».
    Con esta frase Sorrentino evidencia la decadencia de Italia, es un ataque a la cultura predominante de la izquierda italiana. La pelicula tiene el merito de no hablar solamente de la decadencia protagonizada por Berlusconi sino también de la que deriva del antiguo partido comunista italiano, sus escoria intelectuales, culturales y el peso de su ideologia que ha hecho de forma que nadie comprendiera como estaba evolucionando el pais.
    Un mundo de pijos, de snob que necesita siempre un enemigo que derrotar. Un mundo de pijos que pierde siempre y Jep Gambardella habla solo y exclusivamente a ellos. Y precisamente aqui

    • Me encanta el vídeo que has puesto de la película, creo que sintetiza muy bien esa descarnada crítica a ese mundo de snobs y falsos eruditos que tan bien refleja la película. Gracias por leerte la crítica y por comentario, Antonio! Un abrazo.

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