Remando al viento

Tras concluir las guerras napoleónicas a comienzos del S.XIX, varios países europeos acogieron un nuevo movimiento cultural y político: el Romanticismo. La vertiente literaria fue una de las más destacadas de una corriente artística llevada a cabo por un grupo de intelectuales ansiosos por cambiar el mundo con su diferente forma de pensar y sentir, lejos de convencionalismos y de patrones preestablecidos. La española Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1988) se ambienta en las entrañas de esta época para narrar algunos de los capítulos de la vida de tres de los escritores ingleses que mejor ejemplificaron esta eclosión romántica: Lord Byron, Percy B. Shelly y, muy especialmente, Mary Shelley, autora ésta última de uno de los libros más significativos de este periodo y uno de los más grandes mitos de terror de la historia: Frankenstein. Aunque no aspira a ser una cinta histórica, la que es considerada la mejor obra de su director sí que exige de una documentación previa para poder situar y digerir los hechos narrados, en los que se entremezclan detalles de la vida de sus personajes, con su propia esencia de fábula. 

frankenstein

La historia comienza en una zona del Polo Norte, donde la novelista Mary Shelley rememora los acontecimientos que la han llevado hasta los que bien podrían ser los confines del planeta, hasta ese desolado entorno al que ha sido arrastrada por la sombra de un ser monstruoso que ella misma ha perfilado. Recuerda el vínculo que rápidamente la unió al joven poeta Percy (Valentine Peka), con el que terminaría fugándose, y cómo ambos se reunieron con Lord Byron en su casa de Suiza, la emblemática Villa Diodati, junto al secretario y médico de éste último, Polidori (José Luis Gómez) en noviembre de 1816. Una vez instalados, aceptan al desafío de Byron de escribir un relato de terror. Es así como de la imaginación de Mary Shelley -y de su propia y tortuosa experiencia personal- nació Frankensteinaunque de dicha reunión, en la vida real, también surgió El vampiro, de Polidori, el creador de las connotaciones eróticas al género del vampirismo-. Narrada en forma de flashback, el film captura el proceso de creación de este alegórico cuento de terror, un relato tan poderoso que llega incluso a interceder en el destino de todos aquellos que han estado involucrados, de alguna u otra forma, en su proceso de alumbramiento.  Suárez, cuya labor de dirección fue premiada en San Sebastián por este trabajo, refleja cómo el monstruo creado por la escritora cobra vida a través de sus perturbadoras presencias, especialmente su primera aparición reflejado en el espejo; instantes crepusculares que confieren al film un aura de misterio bien lograda.

Película de gran calado cultural e intelectual, en Remando al viento se fusionan artes tan dispares -pero tan compenetrados a la vez- como literatura y cine, sin olvidar la música, a tenor de la inclusión en la banda sonora de composiciones de Ludwing van Beethoven -figura clave en los comienzos del romanticismo musical, o W. A. Mozart, que si bien perteneció al Clasicismo, ayuda a ambientar la historia; es por ello que se hace muy recomendable para cualquier amante de estas expresiones artísticas. La película atrapa por sus imágenes, de arrebatadora belleza, fruto de una gran labor de maquillaje, ambientación, diseño de vestuario o escenografía. Aunque la recreación de sus escenarios burgueses algunas veces se deje llevar por el efectismo, el resultado estético de Remando al viento lo hacen erigirse como una de las cintas más ambiciosas del cine español reciente. Una película reforzada también por el tacto del que hace gala uno de los directores más misteriosos y, a la vez, más literatos de la industria española -como ejemplifican Epílogo (1984), Don juan de los infiernos (1991) o Mi nombre es sombra (1996), aunque las líneas de guión de la obra que hoy nos ocupa sean las más contundentes de todas-, que bordea la genialidad en escenas como la que abre el film o en cómo plasma la mímesis de fantasía y realidad, que al fin y al cabo es el tema que recorre una obra ganadora de 6 Goya.

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A pesar de que se le podría haber exigido una mayor fluidez narrativo, más nervio en determinadas escenas para acabar de ser la obra maestra que no es, Remando al viento será recordada -además de por ser la única incursión de Hugh Grant en el cine español y uno de sus primeros papeles protagónicos, aunque su resultado no sea tan satisfactorio como el resto del reparto-, por la forma en la que representó el espíritu de una corriente romántica que rompió con las reglas fijadas. Sólo así podrían entenderse escenas como la de la canoa en la que Lord Byron alza su voz al mundo; como si en vez de entonar una canción, quisiese decir al mundo que había algo más fuerte que la razón: el sentimiento. 

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