El consejero

El consejero (Ridley Scott, 2013) es una película que me gusta, pero que tendría mucho cuidado a quién se la recomiendo. En las antípodas de lo fácil, la nueva criatura del director de Alien, el 8º pasajero (1979) o Blade Runner (1982) y la primera que escribe el aclamado novelista Cormac McCarthy podría definirse más que como una película, como una experiencia. Y, como todas, se siente o no se siente. Quien acuda a ella esperando ver la enésima película comercial, de corte intrascendente y típica a más no poder, se equivoca. Y es que este lienzo donde Scott y McCarthy plasman la inmoralidad, la bajeza humana y la miseria en cotas máximas, es un thriller de autor. Y, como tal, se aleja de los cánones preestablecidos. Pocas películas han envuelto en un aura tan sofisticada y elegante la depravación moral, la decadencia más absoluta del ser humano. El consejero, en esta línea, es un caramelo envenenado: sus lujos y su engatusador brillo formal camuflan una historia donde del primer al último de sus personajes -con la única excepción del interpretado por Penélope Cruz, el único alma inocente de la cinta, la única víctima inocente en medio de este paisaje desolador- son seres amorales, despojos de una sociedad que te brinda el lujo del libre albedrío, pero en la que la opción escogida se puede terminar pagando incluso con la sangre -ojo a los versos de Machado aquí citados-. Su moraleja bien podría ser que no importa tanto el fin al que aspires, sino el rastro que dejas a tu paso.  

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Esta radiografía del mundo actual narra el descenso a los infiernos de un personaje del que no sabemos su nombre (Michael Fassbender), pero que tampoco hace falta. Es un respetable abogado con la vida resuelta que se introduce en el mundo del narcotráfico por curiosidad, no por necesidad: lo contrario hubiese suscitado un debate moral de base absolutamente diferente. Tras contactar con el estrafalario dueño de un local nocturno (Javier Bardem), este consejero adentrado en un mundo en el que hubiese convenido quedarse al margen, se deslizará por una jaula en la que es muy fácil entrar, pero muy difícil salir; un territorio habitado por una fauna depredadora, sin corazón. Su vida empezará, así, a descomponerse a pedazos, especialmente la relación con su mujer (Penélope Cruz), cuya química queda patente con la vigorosa escena que abre la película, en la que director y guionista apenas necesitan unos escasos minutos para dejar constancia del fuerte vínculo que los une. El deseo propiamente dicho es sólo una de las señas de identidad del McCarthy del relato, pues también se da cita su característico humor negro -impagable el instante en el que el personaje de Javier Bardem narra las vicisitudes sexuales de su amante- o la propia naturaleza del ser humano, todo ello desarrollado en esos entornos hostiles que tanto le gustan al escritor -en los que la violencia puede hacer acto de presencia en cualquier momento-. La diferencia fundamental es que, en esta ocasión, no es el paisaje post-apocalíptico de La carretera (John Hillcoat, 2009), novela por la que el autor ganó el Pullitzer, sino el reconocible escenario de la vida.

Brad Pitt y Cameron Díaz son las otras primeras figuras que desfilan por esta crónica de la perversión humana en la que también destaca el gran nivel de sus secundarios: el primero, aunque desaprovechado, está correcto sin más, mientras que la segunda nos regala una de las interpretaciones más retorcidas e incendiarias  de su carrera. Su papel de femme-fatale pone de relieve la elevada cota de maldad que puede alcanzar un ejemplar humano con el fin de perseguir sus objetivos, con tal de vivir según sus (dudosas) convicciones. Y, además, protagoniza los dos momentos de oro de la película: su escena sexual con un objeto inanimado que conviene no desvelar, pura dinamita, y el fragmento de la confesión en plena Iglesia, donde McCarthy firma las mejores líneas de texto y Scott recupera con acierto la técnica plano-contraplano, capturando con éxito la potente dualidad que aquí se nos presenta: la entrega más servicial a Dios con la repulsa más mayúscula a todo lo que éste representa. O, jugando también a ser tan retorcidos como el director parece reclamar, ¿no estamos ante un genial cara a cara entre dos formas de hipocresía? 

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Rodada entre Reino Unido y España -país, este último, donde se recreó con esmero la frontera entre Texas y México-, es probable que al resultado final le falte cohesión, y que se vea lastrado por un fallido trabajo de montaje, pero me reitero en que El consejero es, ante todo, una experiencia. En ella encontramos algunas de las escenas más poderosas de toda la filmografía de Ridley Scott -y, eso, con una carrera como la suya, es mucho decir-, algunas incluso de una dimensión desconocida, a lo que contribuye su forma de filmar la violencia, dura y seca. De acuerdo que con sus mimbres de partida -guionista, director, actores- podía haberse convertido en un título llamado a ser el clásico que no será, pero el resultado no es el desastre que muchos nos han querido vender. Y todo reforzado por el lapidario mensaje que nos deja, junto con lo modorra de una sociedad incapaz de discernir qué está bien y qué está mal: ni hasta la persona más respetable, ni hasta el ser humano más admirable, está vacunado para la codicia y la inmoralidad. Y eso da muchísimo miedo. 

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2 pensamientos en “El consejero

  1. Coincido plenamente con lo expuesto. Es una película que posiblemente deje más comentarios negativos que favorables, pero que ante todo (siempre que seamos capaces de abandonar el preconcepto de película comercial) no te dejará indeferente. Si algo menos favorable que me gustaría aportar es el elenco de actores; demasiada estrella para un cine de autor; igual por ello el espectador se siento un poco defraudado al esperar algo que nunca llega a ser.

    Recomiendo ver Réquiem por un sueño; película relacionada con esta en el sentido de lo qué es capaz de hacer el ser humano por alcanzar sus sueños… Y siempre desde la base de querer más y más (la codicia).

    Enhorabuena por el blog.

    • Yo tampoco entiendo los comentarios negativos que ha dejado esta película! Creo que tienes escenas muy poderosas (y eso viniendo de la carrera de su director es mucho decir), y que su guión es soberbio. Y sí, es cine de AUTOR en mayúsculas. Una película que quizá se ha vendido como una cosa que no es.
      Gracias por tus palabras. un abrazo!

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