El increíble Hulk

Hay dos aspectos impropios del cine de superhéroes que me gustan sobremanera de El increíble Hulk (Louis Leterrier, 2008). En primer lugar, cómo el director francés nos ahorra asistir al origen del icónico personaje de la Marvel creado por Stan Lee y Jack Kirby en 1962 -quizá porque en la versión anterior, la fallida Hulk (Ang Lee, 2003) ya se nos mostró-. En segundo lugar, sus malabarismos entre la secuela propiamente dicha y el renacimiento de la saga; no llega a ser lo primero porque el cineasta resetea de principio a fin la historia y los personajes, pero tampoco un reinicio como tal precisamente por la omisión del nacimiento del héroe. Detalles atípicos al margen, El increíble Hulk se erige como un trabajo más comercial y con más vocación de entretenimiento que el que parió el director taiwanés, que nunca terminó de dar con el tono adecuado de su personaje principal. Leterrier, en cambio, explora la dicotomía entre Bruce Banner (Edward Norton) y su Alter Ego, penetra en su tragedia interior como nadie hasta entonces lo había hecho. La mancada radiografía de Lee a Hulk queda sustituida por el retrato que aquí se hace del mismo, que se muestra -¡por fin!- tan destructivo, furioso y violento como reflejan los cómics.

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Sin exordios que valgan, la acción va directa al grano. Así, la trama empieza en las favelas de Brasil -filmadas con un realismo intachable-, donde encontramos a Banner en busca de un antídoto a esa excesiva radiación de rayos gamma que lo convirtieron en Hulk modificando su estructura celular. La tarea no será fácil: al joven lo persigue el ejército estadounidense, encabezado por el general Ross (William Hurt), y en el que también participa el militar Emil Blonsky (Tim Roth, de nuevo brillante en la piel de un villano) que, tras robar el secreto de La Masa -como se conoce en España al mítico personaje- se transformará en La Abominación, uno de los enemigos más peligrosos del protagonista –y que no hará acto de presencia hasta en el tramo final de la película, otro atípico detalle del film, que provoca la ruptura total con el canon tradicional del cine de superhéroes-. En su camino por volver a la normalidad y vencer a sus enemigos Banner sólo encontrará consuelo en los brazos de Betty Ross (Liv Tyler), la que, a su vez, es la hija del Capitán. Comprobamos, una vez más, cómo el tema de las relaciones paterno-filiales es vital en una película de la  Marvel, como más tarde sucedería en Spiderman 3 (Sam Raimi, 2009). El personaje femenino, lejos de ocupar el rol de mujer florero que desempeñan otras de las chicas de superhéroes, está bien resuelto, y su romance con el rol principal está bien llevado, a pesar de que escenas como la del beso bajo la lluvia se inspiren de forma sospechosa del primer Spiderman de Raimi o de que esta historia de amor entre bella y bestia también tenga ramalazos de King Kong (Peter Jackson, 2005). La emoción que encierra su historia, subrayada por la intimista creación musical de Craig Armstrong, disimula un guión plano y rudimentario  El resultado final es benigno y no decepciona, pero sin que atesore algún rastro de brillantez que le permita ocupar un lugar privilegiado en el cine de aventuras.

Edward Norton hace olvidar a un Eric Bana que nunca encajó en su papel, y se pone al servicio de una historia que protagonista, escribe y produce. El carisma del actor, capaz de transmitir toda la fragilidad humana de un Bruce Banner absolutamente desesperado por su azaroso destino, pero a la vez toda la rabia en el rostro de Hulk, es una de las mayores bazas del film. Otro de los detalles que más llaman la atención es su ajustado presupuesto -75 millones de €, 7 menos que la versión de Lee- cifras poco frecuentes en el cine de superhéroes, las cuales no suelen bajar de los 100 millones y, en algunos casos, traspasar la barrera de los 200. Su estrechez presupuestaria, aunque optimizada a tope, impide dotar de mayor épica y resonancia la mayoría de sus escenas de acción. La única que aprueba con nota es el combate final en las calles de Nueva York, con ese héroe y villano destrozando todo a su paso: los mejores 30 minutos de la película; no así la que tiene lugar en el Campus de la Universidad, tan ridícula como irreal-eso de que durante minutos se libre una batalla campal en hora punta en una facultad y sólo existan 2 testigos es, cuanto menos, curioso-.

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Con el cameo correspondiente de Stan Lee -marca de la casa-, El increíble Hulk suma también el de Lou Ferrigno;  el que fue el Hulk televisivo durante la década de los 80 pone aquí voz a La Masa en su versión original. Una película reforzada por un epílogo encabezado por Tony Spark (Robert Downey Jr), dando pie a la futura Los Vengadores (Joss Whedon, 2012)-aunque, realmente, fuese Iron Man 2 quien propiciara este reencuentro-, el reunión/festín marveliana donde Hulk se revelaría, además del más destructivo, como más divertido de personajes de la Marvel -con permiso de Spiderman-. Pero eso ya es otra historia.

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