Star Trek: en la oscuridad

Quién le iba a decir a J.J. Abrams en su infancia, en el germen de su veneración por Steven Spielberg, que décadas más tarde iba a disputarse con él el título de Rey Midas de Hollywood, el líder del mainstream cinematográfico inteligente. Por si quedaba alguna duda de la genialidad y el buen hacer del creador de los que han sido, más que series, fenómenos culturales del calibre de Alias o Perdidos y director de las muy estimables Super 8 (2011) o Misión imposible 3 (2006), llega Star Trek: En la oscuridad (2013) para confirmar que estamos ante algo más que un simple director: una persona capaz de inyectar de vida una saga con medio siglo de historia y colocarla, por méritos propios, en primera línea. Si con Star Trek (2009) ya demostró su capacidad para convertir la mitología clásica de la saga en todo un acontecimiento, en puro blockbuster de entretenimiento, en esta segunda parte el neoyorkino multiplica esta realidad. A su mayor inversión presupuestaria -185 millones de dólares frente a los 150 anteriores-, se suma el uso del 3D, técnica hasta ahora justificadísima en contadas ocasiones, como Avatar (James Cameron, 2009) o La invención de Hugo (Martin Scorsese, 2011), y que esta vez se hace casi indispensable. 

imagenes-en-alta-resolucion-de-star-trek-en-la-oscuridad-original

Tras atacar la nave Enterprise y dejarla gravemente herida, el ex miembro de la Flota Estelar John Harrison (Benedict Cumberbatch) está dispuesto a seguir cometiendo fechorías a diestro y siniestro en los confines del universo, tragedia que deberán evitar el capitán Kirk (Chris Pine) -que, ahora más que nunca, deberá hacerse responsable de sus actos- y su tripulación. A raíz de esta base argumental se va desarrollando esta última entrega de esta popular serie sci-fi, un trabajo que se digiere de maravilla, disfrutable de principio a fin. Desde su portentosa escena inicial -de la que Abrams toma prestado de Spierlberg su afición a abrir sus trabajosde forma concisa y directa-, Star Trek: En la oscuridad va revitalizando una saga que había entrado en coma reversible, en el olvido popular, gracias a su buen uso de los FX -mejor empleados que en El hombre de acero (Zack Snyder, 2013)-, su gozoso sentido del humor, la responsabilidad con la que el cineasta asume la creación y puesta en marcha de todo el universo interior de la franquicia, su osadía por despeñarse sin miedo -y con éxito- en las simas de una saga con unos fans cuyo nivel de susceptibilidad están acordes con el lugar que ocupa Star Trek en la historia y, sobre todo, un ritmo que, por endiablado, no da cabida al bostezo. De hecho, son tantos los frentes narrativos que crean sus guionistas -a los que se les suma Damon Lindelof, co-creador de Perdidos junto al propio director-, que la película llega a pecar de overplotting o, lo que es lo mismo, exceso de trama. Es lo único que Abrams no corrige de su primera parte: su afán por ametrallar al espectador de giros narrativos de todo tipo, de imposibles periplos argumentales.

El director arma de pies a cabeza un blockbuster tamaño familiar de todo lo necesario para alcanzar la gloria: no sólo la banda sonora de Giacchino es más épica que en la primera parte -y el listón ya estaba alto-, también su lujosa estética y el diseño de sus escenarios, razón por la que nadie podrá negar a la película su buen gusto y su permanente compromiso con su material de partida. Al mismo tiempo en que respeta el espíritu de la saga, el director se ve enormemente beneficiado por los avances tecnológicos y los pone al servicio de una historia que destaca por las cantidades ingentes de nitroglicerina, de acción desaforada, por los permanentes vericuetos en su trama, tan laberínticos como fascinantes. Star Trek: En la Oscuridad hace gala, en resumidas cuentas, de un gran sentido del espectáculo. Su irreprochable nivel visual y su capacidad por dejarnos con la boca abierta nos tumba sin derecho a réplica. Mención aparte merece el villano -protagonista de la serie Sherlock de la BBC-, tan carismático como de inescrutable personalidad, que dota al film de esa oscuridad a la que hace referencia su título. Cumberbatch aguanta con competencia un rol tan difícil como bien resuelto, soportando como pocos el peso de los primeros planos. 

Star-Trek-oscuridad-JJ-Abrams_TINVID20130102_0010_3

Encomiable la labor de Abrams por haber sabido contentar a los trekkies al mismo tiempo que acerca  la franquicia a los que nunca se sintieron atraídos por la densa, original y particularísima cosmología de la misma. Un trabajo a la altura de la primera parte, blindado a cualquier rastro de melaza que, si bien no aporta nada nuevo al género, sí que deja patente dos de las señas de ADN de su máximo responsable: materializar una vez más su afición a lo desconocido y lo inexplicable y, en segundo lugar, el tratar al espectador como un ser inteligente. En el aire está la tercera entrega: sólo si la dirige Abrams podemos estar tranquilos. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s