Combustión

Imagine una coctelera. Añada unas gotas de acción, pinceladas de violencia, grandes dosis de adrenalina, testosterona a raudales, velocidad y una pizca de sexo. Envuélvalo todo con un desfile inacabable de coches recién salidos del concesionario y una atípica historia de amor al más puro estilo hollywoodiense. Con dicho plantel de ingredientes, habrá quien piense que el resultado es la enésima película de corte populista e intrascendente que, de cuando en cuando, llega a nuestras carteleras. Sin embargo, nada más lejos de la realidadCombustión (Daniel Calparsoro, 2013) sorprende. Para bien. Ni es un trabajo para descerebrados ni se parece tanto a su máximo referente, la comercial A todo gas (Rob Cohen, 2001), como nos han querido vender. Conocido por su polivalencia en el oficio y consagrado desde su prometedora opera prima Salto al vacío (1995), Calparsoro demuestra una vez más que lo que realmente le interesa es un cine que llegue a cuanta más gente mejor, sin que ello suponga perder un ápice de calidad. En Combustión exhuma un documento destinado principalmente al público joven, aunque lo podrán disfrutar todas aquellas personas que en ocasiones han sentido la necesidad de escapar, de dar un giro radical a sus vidas o de convertirse, por qué no, en los malos de la película.

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Presentada en el Festival de Málaga, la trama de Combustión destripa la historia de Mikel (Álex González), un atractivo joven que, en vísperas de su boda con la adinerada Julia (María Castro), conoce a Ari (Adriana Ugarte). Aunque la química entre ambos queda patente desde el primer instante, lo que Mikel desconoce es que Ari no es la ingenua chica que parece ser, sino que pertenece a una red criminal que pretende atracar la joyería de la que es propietaria Julia. A partir de aquí, se van sucediendo unos vaivenes temporales que sorprenderán hasta al espectador más avispado. Por mucho que sepamos (o intuyamos) cómo acabará la función, es imposible descifrar con lo que el propio Calparsoro -coautor del guión junto a Jaime Vaca y Carlos Montero- nos sorprenderá en la próxima jugada. Sí es cierto que, en esa búsqueda incesante del entretenimiento, hay un par de escenas inverosímiles -¿por qué Álex, tras su primera cita y en plena noche, deja abandona a Ari en mitad de un polígono industrial de mala muerte?; ¿Por qué accede a hacerse amigo de alguien tan poco recomendable como el novio de Ari (Alberto Ammann)?-, pero el resultado final es tan estimulante, tan visualmente rico, que Calparsoro nos termina ganando.

Combustión es altamente adictiva. Y funciona, especialmente en una época en la que la crisis de la industria pide a gritos cine escapista. Y demuestra que, cuando quiere,  el séptimo arte español sabe sacar sus armas y atraer al gran público. No nos importa que sus arquetípicos personajes sigan unos patrones establecidos, que se caiga más veces de las permitidas en el cliché o que los diálogos no estén lo suficientemente pulidos. Nada de eso importa cuando estamos ante un espectáculo audiovisualmente impecable, con una factura técnica y estética intachable y embriagado por un vigor escénico que ya quisieran para sí muchas de sus homólogas, algo que compensa con creces el hecho de ofrecer a sus detractores todas las armas posibles para ponerlo en la guillotina exclusivamente por su carácter comercial. A ello, a la capacidad del director por desenvolverse en las escenas de acción, de manejarse en una efectiva estética de videoclip y de no renunciar jamás al espectáculo, hay que sumarle las grandes interpretaciones de su joven elenco, especialmente María Castro -automáticamente consagrada como una de las grandes de nuestro cine por la impotencia,  aflicción y desquiciamiento que exhuma en el plano secuencia del atraco, la mejor escena de Combustión, junto la del paseo en avioneta- o la femme fatale Adriana Ugarte, la sorpresa más refrescante y chispeante del film -y, cuyas kilométricas piernas, protagonistas de las escenas en la que se da el pistoletazo de salida a las carreras de coches, están predestinadas a convertirse en una estampa memorable del cine español- Remata la faena la vibrante y rejuvenecedora música de Carlos Jean, Electric Nana o Dj Nano. Sirvan de ejemplo los temas Prisoners o Someone como  prueba de cómo la música se inserta en la acción de forma magistral, ayudando a mantener el ritmo en todo momento, multiplicando en intensidad un espectáculo ya de por sí palpitante. 

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Combustión es un llamamiento a vivir el presente, una alabanza a la filosofía carpe diem, protagonizado por unos roles a veces amorales, pero otras admirables. El director no juzga ni condena: cada cuál es libre de emitir su veredicto más oportuno. Puede que Carlparsoro no haya querido contarnos nada. O puede que todo: el espíritu indomable de la juventud; la vorágine del deseo, el arrollo sexual, el ansía de libertad, la ruptura con la inercia. El retrato de unos seres indómitos que arrollan, truenan y rugen como esos motores de coches que, como ellos, también están dispuestos a comerse, a devorar, el mundo que les ha tocado vivir. 

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3 pensamientos en “Combustión

    • Cuando vengas ya me la habré comprado en DVD, así que quedamos y la vemos juntos. No es un peliculón, pero es muy entretenida y se pasa volando. Te gustará seguro, especialmente por la banda sonora. Un beso y gracias por leer el blog!! 🙂

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