Posesión infernal (Evil Dead)

Quién iba a decirle a Sam Raimi cuando estrenó, hace más de treinta años, su obra de culto Posesión infernal (1981), que en pleno 2013 fuese a ver la luz una película que no sólo rindiese homenaje a la original, sino que incluso la superara. Es lo que consigue el debutante -como en su día también lo fue Raimi- Fede Álvarez con Evil Dead, la última gran sorpresa del cine de terror -aunque, en realidad, tenga más elementos gore- que los fans acérrimos del género estábamos esperando. Y es que, desde Insidious (James Wan, 2010), se nos ha privado el gozar en pantalla grande de un espectáculo tan terrorífico, retorcido y, dicho sea de paso, tan rabiosamente entretenido como este remake del clásico de los ochenta. Álvarez cumple con las altas expectativas depositadas en el proyecto, quizá por el hecho de haber contado con el beneplácito del propio Raimi -un lujo al alcance de muy pocos- para ofrecer a su público lo que realmente pide: una irrefrenable orgía de vísceras, sangre y amputaciones que nos dejará petrificados y contentará  tanto al incondicional de la obra original, como al que se acerque por primera vez al magnético universo de Posesión infernal.

Jane Levy

La premisa de la que parte la película es prácticamente la misma que en el film del director de la trilogía de Spiderman: un grupo de jóvenes se trasladan a una cabaña de madera abandonada en mitad del bosque donde, sin quererlo, invocan a  del más allá. La base argumental, por tanto, es (casi) idéntica a la original, a la que se rinde tributo a través de varios guiños, pero al mismo tiempo incorpora los suficientes giros de guión que la distancian de la misma y que agradecerán, especialmente, los que se sepan la cinta de Raimi de memoria.  Así, por ejemplo, en esta ocasión sí se explica el porqué de la, a  priori, extraña decisión de alojarse en dicho lugar: juntos intentarán ayudar a su amiga (Jane Levy), víctima de las drogas, en pleno proceso de rehabilitación. Los minutos que dedica Álvarez a este hecho repara uno de los principales defectos de una predecesora que, dicho sea de paso, jamás se tomó en serio a sí misma. Y esta máxima, auténtico emblema de la marca Posesión infernal, se vuelve a respetar escrupulosamente en este reboot. Y es que, a pesar de que se intenta racionalizar la situación y dotar a sus personajes de inteligencia propia -algo que el cine de terror, que se había acomodado en los roles pánfilos y alejados del sentido común, estaba pidiendo a gritos-, Posesión infernal vuelve a hacer gala de ese halo autoparódico, capaz de provocar la carcajada, que en su época diferenció a esta producción de sus homólogas. De esta forma, se acierta al intercalar pequeños -y agradecidos- interludios cómicos, auténticos balones de oxígeno entre tanta angustia, con todo ese incómodo terremoto visual que sacude al espectador y que la película va haciendo crecer hasta un clímax de lo más impactante, lluvia de sangre mediante, predestinado a ocupar una página de oro en la historia del género.

Con todo, el gran mérito de Posesión infernal radica en el haber prescindido por completo del uso de la tecnología para crear sus efectos especiales; lo que podría haber sido una película digitalizada, esto es, de sangre absolutamente impostada y artificial, se erige como un espectáculo meramente artesanal, dotado del mejor y más puro aroma de serie B. Algo que, en contra de lo que popularmente se cree, supone un coste económico más elevado, debido al mayor número de tomas efectuadas para que todo salga según lo previsto. En este sentido, se podría establecer un símil con un plato de cocina de los de toda la vida, cocinado a fuego lento, donde todos los trucos visuales y efectos gráficos de los que se hace uso bien se podrían haber aplicado en el cine de terror de los sesenta y los setenta. En relación a los actores, en esta ocasión vuelven a ser desconocidos para el gran público, pero, a diferencia de la cinta de Raimi, son tan buenos profesionales que, en no pocas escenas, son capaces de situarse en el límite de lo que la mente humana esté dispuesta a soportar. Esto provoca el efecto deseado: que el espectador se retuerza en su asiento, que grite de terror, pero también de asco, que salga del cine con ese (disfrutable) nudo en el estómago. Como en una comedia, sólo que aquí se sustituyen las risas por la sangre. 

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Perfectamente pulida, rodada y montada, Posesión infernal logra que hasta los más inamovibles detractores del género gore o de terror caigan rendidos a sus pies. Nadie podrá negar lo bien rodada que está y lo entretenida que resulta. Una, aunque no lo parezca, sana -¿o debería decir sádica?- recomendación para quien quiera disfrutar de 90 minutos de gran cine. Pero eso no es lo mejor: el cada día más internacional Roque Baños, autor de bandas sonoras como Balada triste de trompeta (Álex de la Iglesia, 2010) o Las trece rosas (Emilio Martínez Lázaro, 2005), firma, haciendo uso del violín, una desasosegante y lúcida partitura que realza todos y cada uno de sus fotogramas. ¿Qué más se puede pedir? Bueno, una cosa, que el de Carrie (Brian de Palma, 1976), el próximo remake que la industria hollywoodiense ha puesto en marcha sea, como mínimo, la mitad de recomendable que este. 

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3 pensamientos en “Posesión infernal (Evil Dead)

  1. Coincido plenamente contigo que uno de los mayores méritos de la peli reside en ese carácter artesanal que ya de por sí le otorga cierto carácter de culto. Da gusto ver una peli sin tanto artificio que es capaz de tomarse en serio a sí misma (y así respeta al propio espectador) pese a tanto paroxismo. Pero precisamente es ese paroxismo lo que los aficionados queríais (ésto lo digo porque tu eres más fan y estás más puesto en el género que yo, jeje) y de ahí creo que nace su encanto y el profundo respeto que bajo mi punto de vista está teniendo hacia el género y, por ende, hacia sus aficionados.

    No creo que sea una peli que aporte gran cosa a la ya hecha en el 81 pero es un digno remake, es más, es un gran remake que mejora ostensiblemente aquellas deficiencias (lógicas, por otra parte) técnicas que tenía la peli de Raimi. Además, todo está tratado con sumo cuidado y mimo lo que habla de la implicación de cada una de las partes. Esta no es una película hecha exclusivamente para ganar dinero, es un tierno homenaje no sólo a uno de los títulos de culto del cine de terror de los 80 sino a esa propia forma de hacer cine artesanal y “sin engaños” de antaño. contigo que uno de los mayores méritos es ese carácter artesanal que ya de por sí la convierte en peli casi de culto. Da gusto ver una peli sin tanto artificio y que, a pesar de su paroxismo, resulte tan eficiente y convincente en su resultado.

    Podría enumerar unas cuantas de entre las muchas escenas dignas de destacar pero me quedo con ese capítulo en el baño (;P) o, sobre todo, ese hilarante e hiperbólico final digno de entrar en las antologías de las secuencias más atroces, salvajes y deliciosamente cruentas de la reciente historia del cine de terror :D. Nunca tomar veneno resultó tan placentero.

    Rescato también tu comentario de que los personajes esta vez están mejor escritos y tienen algo que aportar, algo que no hacían los del 81. En su contra, la falta de carisma de alguno de ellos, sobre todo en el hermano de Mia. Correcto, pero escasamente creíble para mi gusto.

    Bien la música de Roque Baños, explotando sus dos venas, las más dramática con ese maravilloso uso de los violines para adentrarnos en la historia (para tu información comentarte que muchos compositores utilizan este instrumento como personifación de lo demoníaco ;)) y la más percusiva para describir los momentos de mayor violencia y agitación de la peli. No es una bso especialmente inspirada (original) pero como todas las del autor, muy bien ejecutada y compatible con aquello que música.

    Poquito más que añadir. Creí que me iba a “cagar” vivo y me lo pasé como un enano. Como dicen en el acerbo popular “nunca me lo pasé tan bien pasándolo tan mal”.

    • Me alegra coincidir contigo una vez más en una película; me gusta lo objetivo que eres al valorar la película, destacando tus aspectos negativos -la falta de credibilidad del hermano de Mia- y los positivos -su gran nivel de efectos especiales, nada digitalizados-.
      La música la has descrito mejor que yo, se nota que te apasiona el tema, y te agradezco la información sobre el uso de los violines dado que no la conocía.
      Ojalá no pasen muchos años para que volvamos a disfrutar de una película de terror tan disfrutable. En breve se estrena otro remake: el de “Carrie” y estoy temblando. Pero no de miedo, sino de que destrocen la obra original. Espero, deseo que NO.
      Un abrazo!

  2. Pues nada más que tiene que ver el trailer para comprobar que parece que va a ser así. De primeras, la escena de la ducha, en la que salían todas las chicas desnudas en un acto muy natural y normal aquí salen tapaditas. En fin……

    Abrazos!

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