Alacrán enamorado

“Violentos son los telediarios”. Con estas palabras respondió Carlos Bardem, autor de la novela homónima publicada en 2009 en la que se basa Alacrán enamorado (Santiago A. Zannou, 2013), cuando en una rueda de prensa fue preguntado acerca de si la última película del director de El truco del manco (2009), le parecía violenta. Y, lo cierto, es que el reconocido actor no pudo estar más acertado. Epopeya de la superación y el esfuerzo, de la capacidad de la toma de decisión del individuo a la hora de saber con quien codearse -una especie de “dime con quién andas y te diré cómo eres”-, Alacrán enamorado es, ante todo, una feroz condena al odio, ese que diariamente se asoma por los informativos en nuestros hogares. Un odio en toda su extensión, aunque focalizado en un racismo que nunca deja de latir; una pestilente e incesante plaga que esos telediarios de los que habla Bardem -los que son, o deberían ser, los medidores del estado de salud del país y del mundo, en sincronía con el espíritu claramente universal del film- recoge en sus ediciones diarias; noticiarios que ilustran agresiones xenófobas del calibre de las que nos narra una película que nos recuerda hasta qué punto se sigue prodigando el culto a la exclusión, a destruir al extranjero, a la de, en definitiva, sinrazón. 

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Relato de gran carga moral, Alacrán enamorado desgrana el proceso de evolución al que tendrá que enfrentarse Julián (Álex González) cuando decida alejarse de la lesiva y casi inexpugnable banda de ultras nazis de la que forma parte. Una loable tarea de desintoxicación  consecuencia de la madurez adquirida con la disciplina del deporte, refrendada en los sabios consejos de su entrenador (Carlos Bardem) y, sobre todo, gracias al hecho de enamorarse de una atractiva mulata (Judith Diakhate, la gran sorpresa del film, por naturalidad y frescura). El amor, en efecto, se antoja como la más eficaz tabla de salvación para escapar de esa mal llamada familia, cuyos tentáculos amenaza a la pareja a perseguirlos de por vida. Porque, en efecto, la banda liderada por Solís (Javier Bardem), y en la que también está su amigo Luis (Miguel Ángel Silvestre) no le pondrá las cosas fáciles. Un hecho que tiñe al relato de gran tensión e interés. Ya en el apartado técnico, lo primero que hay que destacar es su admirable equilibrio entre el romance y el drama social, al más puro estilo de Romeo y Julieta. Así, la cinta está milimétricamente confeccionada para satisfacer a los que busquen emocionarse con una historia de amor y, también, a los amantes de las emociones fuertes, adrenalíticas. Pero ambas visiones tienen el mismo telón de fondo: la tremebunda crisis de valores de nuestra época que la película explora con meridiana sencillez y clara voluntad regeneradora. En este sentido el film se antoja, a todas luces, necesario, al tiempo que se ve beneficiado por la época que le ha visto nacer. Quizá no exponga la solución a su conflicto -el odio, como al amor, no tiene fecha de caducidad-, pero ilustra (algunas de) las herramientas para liberarse de él.

Ya desde su revelador primer plano, esta producción de reminiscencias a Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004) o American History X (Tony Kaye, 1998) se nos desvela como un espectáculo nada complaciente, directo a la yugular, cebado de un irrefutable realismo. Tanto sus escenas de sexo -carnales y explícitas- como sus combates -tanto los callejeras como los desarrolladas en el ring-, exhalan una agradable ferocidad, un atronador grito de autenticidad, que no hacen sino refrendar a Alacrán enamorado como una de las cosechas cinematográficas más viscerales,  creíbles y fácilmente digestivas de los últimos años. Y todo a pesar de mostrarse titubeante en sus primeros compases. Sin embargo, va creciendo en intensidad, coronada por un broche de oro en el que se subraya, de forma casi poética, el valor de anteponerse a la adversidad. Además, hay que aplaudir el gesto del director por blindar los títulos de crédito con una escena sorpresa -que se perderá ese tipo de espectador apresurado, que sale del cine dando la impresión que va a apagar un fuego- que resulta clave para entender la historia. Por último, merece la pena destacar la coherencia de sus personajes, obra de un elaborado guión escrito a cuatro manos entre director y el autor de la novela: a pesar de que cada uno puede resultar extremo en su bando, los malos nunca se amilanan y, los buenos, nunca dejan de serlo.

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No cabe duda que Alacrán enamorado supone un paso de gigante en la carrera de un director galardonado con el Goya a la Mejor Dirección Novel con su primer trabajo y que, de nuevo, ejecuta la jugada con aplomo, manejándose como pocos en esos suburbios, en esa ponzoñosa periferia donde se desarrolla la acción, en esos ambientes lúgubres y de extrarradio, tan marginales y heridos como sus propios personajes. En esta línea, es admirable como, a través de un par de pinceladas, Zannou es capaz de retratar todo un drama familiar, como bien demuestra el instante en el que el director permite que accedamos a ese ambiente “insano” en el que convive Julián, y en el acierta al no recrearse-. El conjunto, no obstante, no está exento de handicaps: cierto estilo videoclipero, abuso de la cámara lenta y una dirección algo torpe, lo que no resta méritos a una película que algunos, seguro, tacharán de leve. ¿Leve? Amistad, amor, ira, xenofobia, boxeo, superación, sexo, furia, ética, pasión y denuncia. Que la tachen de lo que sea. Pero de leve, no. 

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5 pensamientos en “Alacrán enamorado

  1. Jajajajajaaj. Muy de acuerdo contigo en casi todo. Me encantan las frases que has señalado en negrita, acertadas e inspiradísimas. y creo que resumen muy bien el espíritu del film.

    Efectivamente, ese afán de superación, ese cuestionamiento de unos preceptos por los que un joven neonazi se ha ido guiando es lo que yo más destacaría del film. Sin embargo, no termina de tener la enjundia suficiente, no por estar mal contado, sino porque la interpretación de Alex González (quién tiene que soportar el peso casi entero de la peli) no resulta todo lo vehemente y creíble que debiera.

    Es una peli seria, que se toma en serio lo que cuenta y ésto me ha gustado. Hay muchos temas de fondo que merecen ser destacados pero no llega a hacerlo con la solvencia que lo han hecho otras pelis. Aquí permíteme que ponga algo canino, no por nada, sino porque he visto bastante películas de este tipo y se que con una dirección un poquitín más rabiosa (no mucho) y unos actores más convencidos de sus papeles (a Silvestre le sigo viendo que le falta un punto…..y destacar entre todos al gran Carlos Bardem) se podría haber conseguido una peli con mucha más personalidad y contundente. Pero bueno, eso ya son deseos y ambiciones mías.

    Muy bien en general y demostrando el cine español que se pueden hacer historias que interesen a todo tipo de públicos. Esta tiene un punto entre cine comercial (tirando más a éste) y cine más personal que me ha gustado.

  2. Pablo, no voy a leer tu entrada ni a ver la peli.
    ¿Por qué haces una crítica de una película llamada Alacrán enamorado y no haces la de Alguien como tú?
    Jajaja te quiero

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