Memories of Murder

Convertida en uno de los máximos estandartes de los thrillers policíacos de la última década, a la altura de El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) o Seven (David Fincher, 1995), la coreana Memories of Murder (Bong Joon-ho, 2003) es un notorio ejemplo de cómo se pueden romper las reglas del género para elaborar una película adulta, con enjundia, que se aferra a su máxima de tratar al espectador como un ser inteligente. Basada en unos hechos reales acaecidos en la dictadura militar de la república de Corea a finales de los años 80, el trabajo más aplaudido del director de The Host (2006) versa en torno a cómo la policía intenta capturar a un asesino en serie que tiene atemorizado al país. Y, aunque el film da comienzo un tono ligero, casi jocoso, que no le beneficia en absoluto, no tarda en coger forma. Y, una vez el director ha dado con el tono adecuado, no sólo no lo suelta, sino que lo va potenciando hasta límites insospechados. Memories of murder es capaz de mantener al espectador incómodo en su butaca al tiempo que se adentra en inesperados y lúgubres túneles  de su trama -esa policía capaz de provocarnos, a través de prácticas de dudosa legalidad, más inquietud que el propio violador- y dibuja una de las más exhaustivas exploraciones de los lados más oscuros, recónditos de la condición humana.

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Memories of Murder habla de muchas cosas, la mayoría de ellas atemporales, pero sobre todo nos recuerda cómo, en determinados casos, las altas instituciones como la Policía -pagadas por el contribuyente- no hacen gala del nivel de responsabilidad que se le presuponen. En este thriller impactante, directo a la yugular, el director prefiere no dejarse arrastrar por los derroteros de la sangre y la violencia, optando por golpear al espectador a través del retrato social de un país contaminado en sus órganos de poder, donde la falta de medios y recursos, ligado a la falta total de escrúpulos por parte de unos mal llamados profesionales que no dudan en falsificar pruebas o maltratar a los sospechosos, son un lastre para el establecimiento de la justicia, para la instauración del Estado del Bienestar que Corea parece pedir a gritos. Pocos le negarán al cineasta su valentía para retratar su país natal como un lugar exento de la tecnología necesaria para efectuar un análisis de ADN, o donde se suceden hechos tan escandalosos como que, en un momento crítico de una investigación criminal, no se pueda hacer uso de las unidades policiales porque, las que habían, han ido a…¡reprimir una manifestación! -se presupone, viniendo de Joon-ho, de carácter legal-. La exuberante brutalidad que irradia la película, en efecto, proviene del feroz retrato social que se hace del país, más que de los inquietantes instantes en los que actúa el asesino, personaje al que el director cede la mayor parte del protagonismo del film sin que apenas haga acto de presencia. Se aplica, así, una de mis máximas favoritas: sugerir, más que mostrar.

La película presenta una evolución y una progresión dramática que ya quisieran para sí muchas de sus homólogas. En esta línea, sus personajes, tremendamente vivos, se someten a uno de los cambios de roles más admirables -y complejos- de los que han dado el cine reciente y su trama, por su parte, se va tornando cada vez más compleja, más solemne.  Todo hasta desembocar en uno de esos finales ante los cuales es difícil permanecer impasible; los minutos de su epílogo, situado veinte años después de la acción principal, suponen un golpe directo al espectador, sino a la propia conciencia de un protagonista cuya vida, si aún conserva algo de dignidad, jamás volverá a ser la misma. Un desenlace entonado, un clímax apoteósico, un inmisericorde mazazo al sinsentido, por el que la película gana varios enterosy sale tremendamente reforzada. Merece la pena destacar también su brillante factura técnica, ejemplificada en lo fácil que es sumergirse en esa atmósfera opresiva y letal de la que en todo momento hace gala el film, así como el extraordinario uso metafórico que hace el director de un elemento tan recurrente en su obra como la lluvia -y todo lo que de ella se desprende-.  

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Memories of Murder es un film de gran peso moral, perfectamente pulido, al que se le nota el loable esfuerzo de su máximo responsable por desprenderse del férreo -y típico- corsé de otras producciones similares, dotando de profundidad y dobles lecturas la función. Pocos directores son capaces de conjugar en un mismo film aspectos universales como la amoralidad, la corrupción, el machismo,  el sentimiento de culpa o la impotencia. Pero sobre todo ese incontrolado, manifiesto y latente sentimiento de injusticia que no hace sino traspasar la pantalla. No, definitivamente no es un thriller policial al uso: es el espejo de la realidad en la que vivimos. 

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4 pensamientos en “Memories of Murder

  1. No quiero ser pelota o trepa Pablo pero me ha encantado la crítica, es más, es la que más me ha gustado hasta ahora de las que has hecho (y mira que me han gustado bastantes) y es más aún, es la primera vez que estoy de acuerdo en todas y cada una de la frases que comentas.

    Sin ánimo de enrollarme, destacar esa poderosa narrativa que invita al espectador a sumergirse con suma facilidad no sólo en una terrible ola de crímenes sino a la situación social de un país en general y el aspecto policial en particular. Estos para mi son los grandes thrillers, los que te mezclan de forma indisoluble, sin que te des cuenta varias realidades. Y eso mismo ya lo hacía la otra gran obra maestra del thriller en los últimos años: El secreto de sus ojos, de la cual coge muchos elementos tales como jugar con suma destreza con el drama, el suspense y la realidad social (haciéndolas confluir con admirable facilidad). También esa atmósfera creada y terriblemente bien definida de falsa calma.y esos personajes que de antemano parecen derrotados creo que son factores clave para efectuar paralelismos con la peli de Campanella. Primer punto fuerte de la peli.

    Ese poder de sugerir en vez de mostrar directamente (del que yo también soy fan) es también para mí la gran baza de la peli. Nada es gratuito, esta película tiene un proceso de elaboración francamente exquisito, sin tiempos muertos, todo encuentra su razón de ser ese poderosísimo e impactante final.

    Y una cosa que has mencionado y que me gustaría profundizar un poco más. los personajes. Tremebunda esa evolución que sufren a lo largo del film (y que poco más se puede contar por los que no la han visto). Unos personajes, además, realmente bien definidos y que dejan entrever dos patrones de personalidad bastantes paradigmáticos de la historia del cine policíaco. Dos actitudes, dos formas de proceder con las que cada uno se aliará para, finalmente, darte el golpe de gracia y decirte ¿y yo cómo lo habría hecho tú?

    SPOILERRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR

    ……..Y lo más doloroso de todo es que con cualquiera de las dos hubieses salido perdiendo. Brutal. Esta es una película para analizarla bien a fondo y para poner en las escuelas de cine. Para mí, sin duda, obra maestra.

    • No viviré lo suficiente para agradecerte que me hayas recomendado esta película, una gran desconocida para mí y que ahora mismo encabeza la lista de mis películas favoritas. Nada hubiese sido lo mismo sin su final, implacable y directo y que obliga a replantearte de nuevo todo el film.
      Me satisface que te haya gustado la crítica, lo reconfortarte de este trabajo no es escribir sobre algo que te apasiona (que también), sino que alguien lo lea y, encima, lo comente. Muchas gracias Dani! Estoy muy contento de haberte conocido!
      Un abrazooooooooooo

  2. Y un breve apunte sobre lo que comentas del humor. Tal vez será porque me esté acostumbrando pero cada vez lo veo menos ofensivo. Es como una seña de identidad en las pelis coreanas. Entiendo mucho que choque pues la forma y el fondo a veces se contradicen pero en ésta peli te puede asegurar que es bastante liviano si lo comparamos con otras. De hecho a mí casi ni me chirrió.

    Es más, creo que esos breves apuntes humorísticos (exageraciones en la forma de actuar y hablar más bien) pueden hacer que el trasfondo dramático se perciba con mucha más dureza. Es como las pelis de risa que utilizan situaciones de drama….si se sabe hacer parece que aquel se multiplica x2. Pero bueno, esto creo que tiene que ve más con los gustos, percepciones y personalidades de cada uno ;).

    • Lo del humor es algo muy personal, habrá quien lo encuentre apropiado como tú y habrá a quien le chirríe un poco como a mí, sobre todo en una película con esta atmósfera. En cualquier caso, un mal muy menor en una producción brillante. Gran sugerencia 😉
      Saludos! 🙂

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