Carne Trémula

Carne Trémula (1997), decimotercera película de Pedro Almodóvar, supone un título especialmente significado en la filmografía del manchego al ser su primera obra -y segunda hasta la fecha, tras La piel que habito (2010)- en la que partía de material ajeno. Muy atractiva debió resultarle la novela homónima de Ruth Rendell al cineasta para abandonar la que, hasta ese momento, fue una de sus máximas más rotundas: el construir un film en torno a su propia idea original. Una jugada arriesgada por la que Almodóvar, tomando las riendas del proyecto desde el primer momento y haciendo suya una novela que trasladó a la gran pantalla con la ayuda de los prolíficos Ray Loriga y Jorge Guerricoechevarría, no renunció a su seña cinematográfica. Carne trémula, antesala de la auténtica etapa de madurez creativa de su autor -dos años después llegaría Todo sobre mi madre (1999) y, con ella, el unánime aplauso de la crítica y el absoluto reconociendo internacional-, me gusta principalmente por su forma de entrelazar a su quinteto protagonista y por la aptitud del director para manejar el tiempo narrativo con soltura, a través de unos interludios y elipsis temporales -algunas de hasta 20 años- que aportan profundidad a la historia. 

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El relato arranca una noche en pleno corazón de Madrid, escenario que acoge el precipitado parto de un niño por parte de una prostituta (Penélope Cruz), en un autobús urbano. Dos décadas más tarde, ese niño llamado Víctor (Liberto Rabal), es alguien marginal y obsesionado con Elena Benedetti, la esposa de David (Javier Bardem), otrora policía nacional pero ahora reconvertido en un prestigio jugador paralímpico de baloncesto como consecuencia de un disparo que sufrió en pleno acto de servicio en el que estuvo involucrado el propio Víctor. Este círculo de pasiones desenfrenadas y llevadas hasta el estreno lo cierra Sancho (Pepe Sancho), el alcohólico antiguo compañero de trabajo de David que se dedica a maltratar a su esposa Clara (Ángela Molina). A partir de estos acontecimientos, se desarrolla la que quizá sea la historia más carnal de un director -de ahí su título-, con algunas de las escenas de sexo más explícitas  -y, por otro lado, necesarias- de su filmografía. Sus ejes vertebrales son el rencor, el odio, la frustración, la impotencia, la liberación sexual, la idiosincrasia del deseo, el espíritu de superación, el arrojo, la determinación  y, por último, ese amor maternal que, aunque no está muy presente explícitamente en la obra, nunca deja de latir. Los personajes son creíbles, están increíblemente bien dibujados y, lo que es todavía mejor, funcionan como una fidedigna descripción de ese heterogéneo abanico de personalidades que, aunque no nos lo parezca, pululan por nuestra sociedad. 

A pesar de ser la adaptación de la novela, Carne Trémula está ejecutada desde el albedrío de un director no sujeto a más restricciones ni condiciones que el de insuflar de arte y trasfondo un relato más rico de lo que el primer visionado puede antojar. Quizá, al final, se eleven sobre el conjunto tanto el prólogo, ambientado en época franquista, como el epílogo, acaecido en una sociedad democrática sustentada en el Estado del Derecho, dos escenas muy semejantes pero, a la vez, dispares en esencia ya que hablan, en el fondo, del que es el gran tema de la película y el emblema de todo el cine de Almodóvar: la necesidad de ser libre. Especial atención merece el tributo que rinde el manchego a Luis Buñuel con la inclusión de escenas de Ensayo de un crimen (1955), en la que se alude de manera directa al fetichismo por los pies de director aragonés, que también reflejó de forma explícita en obras como Tristana (1970). Además, sin quererlo, estableció otra futura semejanza con La piel que habito, además de la ya citada, como es la inclusión de obras, de notable carga erótica, del pintor renacentista Tiziano como “Danae y la lluvia de oro” o “La Venus de Urbino“. 

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Nominada al BAFTA a mejor película de habla no inglesa y ganadora del merecidísimo Goya al Mejor Actor de Reparto para Pepe Sancho -el único de su carrera-, Carne Trémula nos regala, en medio de un clima de paulatino interés, algunas de las escenas más intensas de cuantas se han filmado en el cine español: desde la desgarrada carta que Clara escribe a Víctor hasta la determinación con la que la valiente mujer planta cara a su esposo maltratador, rociándolo con laca, disparándole después y diciéndole aquello de: “algún día voy a dejar de tenerte miedo”. Un film excesivo, en el que ni el muy criticado en su momento Liberto Rabal me parece desentonar en un papel lleno de aristas, en el que además tuvo que desnudarse en todos los sentidos. Visceral, excesiva y terriblemente adictiva, Carne Trémula es un disfrute para los sentidos y para todo aquel que no entienda el cine como el séptimo arte, sino como el primero. 

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2 pensamientos en “Carne Trémula

  1. Leyendo tu crítica creo que debería volver a verla. La fui a ver al cine cuando era una adolescente y no entendí nada en absoluto. Recuerdo que la actuación de Liberto Rabal me pareció pésima y no la disfruté nada! Como digo: volveré a verla! Gracias por tu blog

    • Gracias a tí por leerme! Espero que vuelvas a ver la película y me dices si ha cambiado tu percepción de la misma. A mí me ocurre muchas veces con películas que ví de pequeño y vuelvo a ver ahora y, lo que antes no me gustaba ahora me encanta! Ya verás! 🙂 Un beso

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